Cada vez, más pasado y menos futuro

 

“En el gobierno, como en el cuerpo humano, las enfer­me­da­des más gra­ves pro­ce­den de la cabeza”

Pli­nio el Joven

Como tan­tas veces en esta ges­tión pre­si­den­cial ini­ciada en 2003, los coti­dia­nos escán­da­los están haciendo que los ver­da­de­ros y gra­ves pro­ble­mas que­den ocul­tos a la mirada de la ciu­da­da­nía en general.

No voy a abun­dar sobre el affaire Cic­cone, pues mucha tinta ha corrido ya sobre el tema que, sobre todo des­pués de la pseudo con­fe­ren­cia de prensa de Guita-rrita Bou­dou, no para de cre­cer. Me limi­taré a reite­rar, al res­pecto, una pre­gunta que me for­mulé hace sema­nas: ¿resulta ima­gi­na­ble que en este régi­men, en el que los fun­cio­na­rios no con­tes­tan siquiera un saludo sin pedir per­miso, el actual Vice­pre­si­dente haya inven­tado este nego­ciado solo? En la res­puesta que cada uno dé estará el pro­nós­tico acerca de cuál será la acti­tud de doña Cris­tina cuando regrese de su mere­cido des­canso en Calafate.

Ahora bien; una cosa es que don Nés­tor (q. e.p. d.) haya auto­ri­zado el invento y otra, muy dis­tinta, es haberlo con­fiado a este señor, que apa­rece como un imbé­cil, capaz de cual­quier des­a­gui­sado. El tema es que, como la señora de Kir­ch­ner lo inventó, hoy deberá pagar la cuenta, sea deján­dolo caer como un piano (un costo polí­tico enorme) o sal­ván­dolo del desas­tre (un costo aún mayor).

Lamen­ta­ble­mente, este hecho –de inusi­tada gra­ve­dad ins­ti­tu­cio­nal, debido a la irres­pon­sa­ble elec­ción, a con­tra­pelo de los deseos gene­ra­les, de su com­pa­ñero de fór­mula por la señora Pre­si­dente– está ocul­tando otros aspec­tos de la reali­dad que, desde los cenácu­los de La Cám­pora se impon­drán, a paso de ven­ce­do­res, sobre el futuro de la Repú­blica y de las liber­ta­des individuales.

En la última nota me referí a la limi­ta­ción a los jue­ces en el dic­tado de medi­das cau­te­la­res que pro­te­jan a los ciu­da­da­nos de los abu­sos del poder. Ahora, parece exis­tir un pro­yecto legis­la­tivo que inter­ven­drá fuer­te­mente en el tema de los alqui­le­res, comer­cia­les y habi­ta­cio­na­les, ter­mi­nando, en la prác­tica, con la pro­pie­dad pri­vada en mate­ria de inmuebles.

Si esta ver­sión se con­fir­mara, vol­ve­ría la Argen­tina a come­ter otro error del pri­mer pero­nismo, cuando con­geló los pre­cios de las loca­cio­nes urba­nas y, natu­ral­mente, afectó de manera casi ter­mi­nal a la indus­tria de la cons­truc­ción de vivien­das. Pero, de la mano de Pato­tín y de Kici­loff, este Gobierno parece no apren­der de la his­to­ria, y estar dis­puesto a sacri­fi­car cual­quier futuro a un pre­sente cada vez más complicado.

Hoy, con la ban­dera de un pseudo nacio­na­lismo –emu­lando a Evo Mora­les, a Hugo Chá­vez y a Rafael Correa– y mien­tras agita las ban­de­ras de Mal­vi­nas, el cristi-kirchnerismo mágico avanza sobre la pro­duc­ción de petró­leo y gas en la Argentina.

No nece­sito expli­car a mis sufri­dos lec­to­res cuál es mi posi­ción frente a YPF y a la fami­lia Eske­nazi, pues han tenido que sopor­tar innu­me­ra­bles notas al res­pecto. Sin embargo, cabe recor­dar que la acti­vi­dad hidro-carburífera depende de enor­mes inver­sio­nes, de las cua­les Argen­tina carece y que segui­rán bri­llando por su ausen­cia mien­tras no con­siga trans­mi­tir al mundo entero que aquí ha comen­zado a impe­rar la segu­ri­dad jurídica.

Esta­mos hablando de mon­tos que exce­den, por mucho, las posi­bi­li­da­des de las cajas a las cua­les los Kir­ch­ner se han acos­tum­brado a recu­rrir para sol­ven­tar sus locu­ras popu­lis­tas. Para recu­pe­rar las reser­vas de gas y de petró­leo que la polí­tica lle­vada ade­lante por Kich­ner, doña Cris­tina y don De Vido han lle­vado ade­lante, no exis­ten en el país dine­ros sufi­cien­tes; según Alieto Gua­dagni, esta­mos hablando de tres­cien­tos cin­cuenta mil millo­nes de dóla­res, es decir, dos ter­cios del total recau­dado por el Gobierno desde 2003.

Ahora, cuando el mundo entero observa con estu­por a nues­tro país, cada vez más ais­lado, no sólo se están qui­tando con­ce­sio­nes a YPF sino tam­bién a Petro­bras y a empre­sas nor­te­ame­ri­ca­nas, chi­nas y chi­le­nas. ¿Dónde, enton­ces, bus­cará la Argen­tina capi­ta­les dis­pues­tos a inver­tir aquí?

Con los pre­cios actua­les, con el barril por encima de los US$ 100, todos los juga­do­res del mer­cado glo­bal bus­can dónde apli­car fon­dos. Eso incluye, por supuesto, a la pla­ta­forma con­ti­nen­tal de Bra­sil, donde se han pro­du­cido los des­cu­bri­mien­tos más impor­tan­tes desde fines del siglo XX, y las explo­ra­cio­nes en las aguas de Mal­vi­nas. Sin embargo, huyen de la Argen­tina como de la peste.

El “capi­ta­lismo de ami­gos”, ese que logró que casi todos los yaci­mien­tos de Santa Cruz fue­ran entre­ga­dos a don Cris­tó­bal López y a don Lázaro Báez, no sirve en un esce­na­rio que, día tras día, cam­bia de reglas y donde las empre­sas, las de ver­dad, se ente­ran por los dia­rios del día siguiente si sus nego­cios van bien o mal en el país. Así, nadie ven­drá –en nin­guna acti­vi­dad, petro­lera o no– a inver­tir un dólar en la Argentina.

Y sin esas inver­sio­nes, impres­cin­di­bles ahora que el Estado se ha que­dado sin recur­sos, es impo­si­ble el desa­rro­llo. El mundo entero se ha glo­ba­li­zado, y las com­pa­ñías inter­na­cio­na­les fabri­can una parte de sus pro­duc­tos ter­mi­na­dos en cada país; aquí sucede lo mismo: el com­po­nente nacio­nal en mate­ria de auto­mó­vi­les, por ejem­plo, rara vez supera el 30%.

Enton­ces, al cerrar las fron­te­ras a la impor­ta­ción y com­pli­car enor­me­mente las cade­nas de pro­duc­ción de nues­tros bie­nes indus­tria­les expor­ta­bles, el Gobierno está lle­vando al país a un pasado que ya vivi­mos, y que aún no hemos dejado de pagar, inclu­sive en educación.

Argen­tina, nos guste o no, tiene un mer­cado interno suma­mente redu­cido. Somos cua­renta millo­nes de habi­tan­tes, de los cua­les con­su­men, real­mente, diez o quince millo­nes; el resto, los que reci­ben pla­nes socia­les o se desem­pe­ñan en el mer­cado infor­mal, se limi­tan a gas­tar todo lo que ganan en alimentarse.

Es ridículo, enton­ces, pre­ten­der que nues­tro país tenga una indus­tria capaz de desa­rro­llar pro­duc­tos cada vez más sofis­ti­ca­dos, que requie­ren una mons­truosa inver­sión en inves­ti­ga­ción y desa­rro­llo, para tan pocos con­su­mi­do­res. La única solu­ción es inte­grar­nos fuer­te­mente al mundo, expor­tando cali­dad, diseño y pre­cio, y com­pe­tir con el resto de los paí­ses en los mer­ca­dos más exi­gen­tes; en una nota

ya expuse mi teo­ría al res­pecto, por lo cual no me expla­yaré más aquí.

Pero, ¿quién –argen­tino o extran­jero– estará dis­puesto a poner un peso en un país donde impera el absurdo y lo irra­cio­nal, donde nada es como debiera, donde un solo fun­cio­na­rio decide qué empresa vive o muere? Durante muchos años, cri­ti­qué con rigor al empre­sa­riado argen­tino, por su voca­ción por la pro­tec­ción y las pre­ben­das; dije, como muchos, que todos pare­cen tener un cadá­ver en el pla­card y que el temor a la Afip era el mejor igua­la­dor. Sin embargo, hoy la situa­ción es dis­tinta, ya que don Pato­tín, a su solo arbi­trio, puede deci­dir quién importa y quién no, deter­mi­nando el pre­sente y el futuro de cada empresa.

En fin; las pró­xi­mas sema­nas dirán cuán rapaz será el Gobierno y cuán dis­puesto a con­ti­nuar depre­dando el futuro está. Muchos de sus pre­ten­di­dos logros –la masiva jubi­la­ción de quie­nes no apor­ta­ron o la asig­na­ción pseudo uni­ver­sal por hijo, por ejem­plo– depen­de­rán, para per­pe­tuarse, de los nue­vos saqueos que, para rea­li­zar manio­bras aún más popu­lis­tas, per­pe­trará con­tra la Anses, el Bcra, el Pami y las esca­sas y men­gua­das cajas disponibles.

La forma en que evo­lu­cione la actual cri­sis polí­tica que, por falta de fusi­bles, reper­cute direc­ta­mente en la Pre­si­dente, tam­bién será un ter­mó­me­tro para medir la tem­pe­ra­tura social. Doña Cris­tina agra­dece, sin dudas, la inexis­ten­cia de opo­si­to­res que pue­dan con­ver­tirse en alter­na­ti­vas váli­das para este nefasto pre­sente, ya que nadie está plan­teando, con serie­dad, cami­nos alter­na­ti­vos para el futuro.

En estas Pas­cuas, obvia­mente, la casa no está en orden.

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