El Nuevo Código Civil No Es Igualitario (Conclusión)

os grie­gos, como ya quedó dicho, se pen­sa­ron todo. El amor, la inmor­ta­li­dad del alma, la Jus­ti­cia, la Liber­tad, el Logos y tam­bién la Igual­dad. Al mito griego se debe la crea­ción del cam­peón indis­cu­tido de la igual­dad: Procusto.

El vago tenía una cama de hie­rro en la que acos­taba a sus hués­pe­des, a quie­nes enga­ñaba para robar­les. Si la víc­tima exce­día el largo de la cama, serru­chaba el sobrante. Si era más corta que el lecho, lo esti­raba hasta matarlo. Y de paso, les robaba a todos.

Como dice acer­ta­da­mente Eduardo Rosa en su artículo “Sar­miento y el lecho de Pro­custo”, el griego –que que­ría impo­ner la igual­dad a todo trance-, “…era una espe­cie de comu­nista utó­pico de la época”[1].

El maes­tro ita­liano Fran­cesco Car­ne­lutti [2] enseña que los juris­tas son los obre­ros del dere­cho. “El paran­gón del dere­cho con una manu­fac­tura es cómodo y nada tiene de casual: los juris­tas son los que fabri­can el dere­cho. Obre­ros, bien está: pero obre­ros cali­fi­ca­dos”. “Basta, sin embargo –agrega-, una mínima expe­rien­cia para demos­trar que al fabri­car el dere­cho con­cu­rren tam­bién obre­ros no cali­fi­ca­dos; en efecto, las leyes se hacen en los par­la­men­tos, y hoy los par­la­men­tos, más toda­vía con el sufra­gio uni­ver­sal, no se com­po­nen única­mente de juris­tas… Ocu­rre incluso en este pro­ce­di­miento lo con­tra­rio de los que vemos en las fábri­cas, en las cua­les los peo­nes eje­cu­tan las órde­nes de los alba­ñi­les; en el par­la­mento son los peo­nes los que pre­do­mi­nan o pue­den pre­do­mi­nar, por lo menos. Las leyes pues, están hechas, si no pre­ci­sa­mente sólo, por lo menos tam­bién por hom­bres que no han apren­dido a hacerlas”.[3]

El pro­yecto del nuevo Código Civil fue redac­tado por una comi­sión de juristas.

El pro­yecto de ley de iden­ti­dad de género –que cuenta con media san­ción en diputados-, no.

La Pri­mera Man­da­ta­ria se ha mani­fes­tado alguna vez como kel­se­niana, pos­tura jurí­dica que com­parto. Mi aná­li­sis es, pues, des­car­na­da­mente posi­ti­vista y des­po­jado de cual­quier con­si­de­ra­ción axio­ló­gica, sea moral, reli­giosa, polí­tica o de cual­quier otro orden.

Pasando ahora sí a la hipó­te­sis plan­teada en el título de este artículo, inten­taré demos­trar que, si se con­vier­ten en ley ambos pro­yec­tos, el resul­tado será una grave dis­cri­mi­na­ción con­tra los hom­bres con cro­mo­so­mas XX.

Antes de que algún oscu­ran­tista de esos que nunca fal­tan salga a decir que soy más bruto que los roma­nos por­que los cro­mo­so­mas XX son siem­pre feme­ni­nos, es con­ve­niente recor­dar el texto del artículo 2º del ante­pro­yecto de ley de Iden­ti­dad de Género: “Defi­ni­ción. Se entiende por iden­ti­dad de género a la viven­cia interna e indi­vi­dual del género tal como cada per­sona la siente, la cual puede corres­pon­der o no con el sexo asig­nado al momento del naci­miento, inclu­yendo la viven­cia per­so­nal del cuerpo. Esto puede invo­lu­crar la modi­fi­ca­ción de la apa­rien­cia o la fun­ción cor­po­ral a tra­vés de medios far­ma­co­ló­gi­cos, qui­rúr­gi­cos o de otra índole, siem­pre que ello sea libre­mente esco­gido. Tam­bién incluye otras expre­sio­nes de género, como la ves­ti­menta, el modo de hablar y los moda­les.” Y el artículo 3º dis­pone “Ejer­ci­cio. Toda per­sona podrá soli­ci­tar la rec­ti­fi­ca­ción regis­tral del sexo, y el cam­bio de nom­bre de pila e ima­gen, cuando no coin­ci­dan con su iden­ti­dad de género auto percibida.”

Pero, al refe­rirse al comienzo de la exis­ten­cia de la per­sona humana, el artículo 19 del pro­yecto de nuevo Código Civil esta­blece: “ARTÍCULO 19.- Comienzo de la exis­ten­cia. La exis­ten­cia de la per­sona humana comienza con la con­cep­ción en la mujer, o con la implan­ta­ción del embrión en ella en los casos de téc­ni­cas de repro­duc­ción humana asistida.”

Este artículo demues­tra que a pesar de las bue­nas inten­cio­nes de la Pre­si­denta y del Dr. Loren­zetti, el código no es pro­gre­sista. El con­cepto de mujer que uti­liza parte de la obser­va­ción de la natu­ra­leza, es un con­cepto romano.

Deje­mos de lado el debate bio­ético que genera el hecho de que los embrio­nes fecun­da­dos por medio de téc­ni­cas de repro­duc­ción asis­tida no son per­so­nas, y deten­gá­mo­nos con algún deta­lle en la pala­bra “mujer”.

¿Qué es una mujer para la comi­sión redac­tora del Código? Pues lo mismo que para los alba­ñi­les de una obra en cons­truc­ción. Muy poco pro­gre­sista, por cierto.

No se crea que se trata de un juego de pala­bras o un sim­ple diver­ti­mento. La norma es cla­ra­mente dis­cri­mi­na­to­ria con­tra alguna clase de hom­bres y ade­más deja sin pro­tec­ción jurí­dica a algu­nos seres huma­nos que no serán nunca per­so­nas: los ges­ta­dos y pari­dos por hom­bres, cuya situa­ción es olím­pi­ca­mente igno­rada por el nuevo y pro­gre­sista código.

Antes de que lla­men a la ambu­lan­cia para lle­varme a Romero (o al Borda, acla­ra­ción para por­te­ños), afirmo sin temor a equi­vo­carme que en la Argen­tina Pro­cus­tiana, algu­nos hom­bres son capa­ces de ges­tar y parir.

Para ello claro está, habrá que dejar de lado la atá­vica y medie­val opi­nión de que los cro­mo­so­mas XX son de nena y los XY de nene.

Por­que la iden­ti­dad de género habrá nenas XY y nenes XX. Es decir, muje­res que debe­rán pre­ve­nirse del cán­cer de prós­tata y hom­bres que debe­rán hacerlo del de ovarios.

En otra parte [4] y haciendo el aná­li­sis del pro­yecto con media san­ción de la ley de Iden­ti­dad de Género hemos visto que en caso de duda acerca del sexo de una per­sona, deberá estarse a lo que en tal sen­tido con­signe su D. N.I.

Ahora bien, María, nacida mujer se auto­per­cibe hom­bre, cam­bia su docu­mento y minis­te­rio legis es hom­bre. Un hom­bre nuevo, moderno, pro­gre, pero un hom­bre. Un hom­bre capaz de ges­tar y parir. Y no sólo por fecun­da­ción asis­tida. Esta­mos en pre­sen­cia de un hom­bre sus­cep­ti­ble de ser pene­trado vagi­nal­mente por otro hom­bre –o por una mujer XY– y con­ce­bir natu­ral­mente, con per­dón de la palabra.

Pues bien, nues­tro hom­bre XX con­ci­bió, gestó y parió un hijo. Ese hijo no es per­sona, cate­go­ría reser­vada por el nuevo Código Civil a los hijos con­ce­bi­dos o implan­ta­dos en el seno de una mujer.

Alguien le ten­dría que haber avi­sado a la Comi­sión de Juris­tas que antes de uti­li­zar la pala­bra “mujer”, había que pedirle el documento.

No es nece­sa­rio dema­siado aná­li­sis para visua­li­zar (visua­li­zar queda más pro­gre que “ver”) que de san­cio­narse ambos pro­yec­tos, se esta­ría dis­cri­mi­nando arbi­tra­ria­mente a los seres huma­nos pari­dos por hom­bres XX, que nunca alcan­za­rían el sta­tus de persona.

Que es lo que que­ría­mos demostrar.

¿Cómo se solu­ciona este pequeño incon­ve­niente en el que la natu­ra­leza se obs­tina en obs­ta­cu­li­zar al progresismo?

¡Qué se yo!

Habría que pre­gun­tarle a Procusto…

[1] El texto puede verse en http: //www. pen­sa­mien­to­na­cio­nal. com. ar/contenedor. php?idpg=edu18_sarmientoprocusto. html Falle­cido Sar­miento en Para­guay y dadas las con­di­cio­nes en que había que­dado el país des­pués de la gue­rra, intro­du­cen el cadá­ver en un ataúd de madera barata. Al emba­ja­dor argen­tino el fére­tro le pare­ció indigno de un ex pre­si­dente, y con­si­guió uno más lujoso, pero más pequeño. Con­ti­núa Rosa: “Como era más impor­tante la apa­rien­cia que el res­peto (una deri­va­ción de la idea que es más impor­tante la ley que el sen­tido común), para hacerlo caber hay que cor­tarle las pier­nas.” Es así que el Gran San­jua­nino, fue a su muerte un poquito menos grande.

[2] Cuyo pen­sa­miento, intro­du­cido en la Asam­blea Cons­ti­tu­yente por el Dr. Arturo Sam­pay, es fuente de la Cons­ti­tu­ción de 1949. El “emi­nente jurista ita­liano” al que se refiere Sam­pay en su inter­ven­ción del 8 de marzo de 1949 es, pre­ci­sa­mente, Car­ne­lutti. Como coin­ci­den­cia curiosa, Car­ne­lutti falle­cerá un 8 de marzo, el de 1965.

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