De La Muerte Con Dignidad

Del cese de la vida física de la Per­sona Humana

Con­si­de­ra­cio­nes sobre la mate­ria con sus­tento en los prin­ci­pios de la Ley Natural

 

La lla­mada “muerte digna”.

La lla­mada “muerte digna” es una pro­po­si­ción inco­rrec­ta­mente for­mu­lada, por cuanto el pre­di­cado, (“digno”) no corres­ponde con­cep­tual­mente al sujeto, (“muerte”). Y, esto así, en tanto la muerte no es sino un hecho que no resiste la cali­fi­ca­ción de valioso ni disvalioso.-

La muerte, por tanto, es un acon­te­ci­miento de la natu­ra­leza. Así, el DRAE la define como: “Cesa­ción o tér­mino de la vida”.-

Lo digno se corres­ponde con la vida, par­ti­cu­lar­mente la del hom­bre, y por ello ésta refiere a la del cuerpo que, en unión con­ve­niente con el espí­ritu, con­for­man la per­sona humana.-

De este modo, la defi­ni­ción de Boec­cio nos brinda una pro­fun­di­dad con­cep­tual que per­mite la aprehen­sión de la esen­cia en toda su dimen­sión. Dice el gran tra­duc­tor, autor del libro titu­lado “De la Con­so­la­ción de la Filo­so­fía”: “Per­sona es la sus­tan­cia indi­vi­dual de la natu­ra­leza racional”.-

La vida del espí­ritu par­ti­cipa de la eter­ni­dad de su Crea­dor, y no cabe refe­rir a esta reali­dad inma­te­rial la acción de morir. En tanto que aque­lla del cuerpo, solo cesará hasta la resu­rrec­ción pro­me­tida por Jesús, nues­tro Reden­tor. La que Él ase­gu­rara con el pro­pio retorno a la vida, luego de su cruenta muerte en la Cruz.-

Lo digno es, enton­ces, aque­llo que el DRAE define como “Que merece algo en sen­tido favo­ra­ble o adverso”, y “Corres­pon­diente, pro­por­cio­nado al mérito y con­di­ción de una per­sona o cosa”. El Dr. Sacheri escribe que: “Digno es lo que tiene valor en sí mismo y por sí mismo”.-

El valor de la Per­sona no puede sur­gir de su con­si­de­ra­ción como ser única­mente dotado de cuerpo, pues la mate­ria­li­dad de éste, en modo alguno define su natu­ra­leza plena. “…El reco­no­ci­miento de su con­di­ción espi­ri­tual y con­se­cuen­te­mente de su des­tino tras­cen­dente, es lo que hace sur­gir su dig­ni­dad…… De modo enton­ces que, la dig­ni­dad de la Per­sona Humana radica en lo que difiere de los otros seres, y no en lo que la iden­ti­fica con aque­llos. Es decir en su con­di­ción espi­ri­tual…… ”. (1)

En la con­cep­ción agnós­tica mate­ria­lista, el hom­bre es el con­junto de sus rela­cio­nes socia­les. Es este agru­pa­miento el que lo ori­gina y jus­ti­fica. Con­glo­me­rado que no puede expli­car su exis­ten­cia pues las “cosas”, que es la con­di­ción a la queda redu­cida la Per­sona, no tie­nen vida –y algu­nas solo vege­ta­tiva (la de los ani­ma­les irra­cio­na­les que única­mente poseen alma vital)- y al care­cer de la vida voli­tiva e inte­lec­tiva, que es pro­pia del hom­bre, es impo­si­ble cual­quier acto que con­duzca a la for­ma­ción de una socie­dad. El hom­bre cons­ti­tuye la socie­dad y no a la inversa y el fac­tor cohe­sio­nante de quie­nes la inte­gran, es el amor, que implica una entrega per­fec­tiva hacia el pró­jimo, lo que hace nece­sa­ria la capa­ci­dad para conocer.-

La socie­dad polí­tica o mayor, enton­ces, per­si­gue el logro del bien común, que implica la mutua per­fec­ción del hom­bre por la comu­ni­dad y de la comu­ni­dad por el hom­bre. En este último caso juega pri­ma­ria­mente, el cum­pli­miento del impe­ra­tivo deon­to­ló­gico que define la jus­ti­cia legal, con cuyo cum­pli­miento, por parte de cada una de las per­so­nas huma­nas, se con­forma el con­junto de bie­nes que hará posi­ble la jus­ti­cia distributiva.-

La vida del hom­bre es crea­ción de Dios, y por tanto no per­te­nece a él mismo ni a la socie­dad la facul­tad de dis­po­ner de ella, pres­cin­diendo del orden natu­ral en el que ha sido creada y de su último fin tem­po­ral y sobre­na­tu­ral. Este último pro­cla­mado por la liber­tad del hom­bre, que dice de la exis­ten­cia del espí­ritu y con éste de lo inma­te­rial, lla­mado a par­ti­ci­par de la visión sin tiempo del Ser Necesario.-

“La Per­sona Humana es la des­ti­na­ta­ria final de los bene­fi­cios del orden social. La socie­dad no es sujeto de la his­to­ria, ella existe por los hom­bres y para la per­sona”. (2)

En la medida en que se sos­tenga una con­cep­ción mate­ria­lista, la que no resiste en abso­luto el menor jui­cio cien­tí­fico, el hom­bre cree ser titu­lar de todo dere­cho sobre su cuerpo. Ello implica un acto de sober­bia que pre­tende des­co­no­cer la exis­ten­cia de su Crea­dor y el Orden en el que el mismo lo ha inser­tado. Orden éste que, en tanto armó­nica dis­po­si­ción de lo que lo com­pone, ase­gura su uni­dad y por tanto su vida.-

En cuanto el hom­bre se afe­rra solo a la mate­ria y se encuen­tra con la reali­dad de la muerte, com­prueba, desde este pre­su­puesto, que su exis­ten­cia deviene absurda. Y ello así, en tanto ésta no reco­noce los fines tras­cen­den­tes que son con­se­cuen­cia de la inma­nen­cia lla­mada a reci­bir pro­gre­si­vas per­fec­cio­nes en el curso de su vida en el tiempo y hacer posi­ble, mediante la plena com­pren­sión inte­lec­tual, la vida fuera de aquel límite.-

Es por ello que se rebela con­tra su exis­ten­cia física, a la que no le encuen­tra sen­tido cuando ha per­dido la vita­li­dad o ple­ni­tud del cuerpo, que lo aleja o le impide el mero goce de la mate­ria. Pro­pone, enton­ces, el medio más rápido para faci­li­tar la muerte. De todos modos, solo se trata de desechar una cosa.-

Es la forma de librarse de la angus­tia que le pro­voca la exis­ten­cia de un fin que per­cibe a poco que realice un exa­men de su exis­ten­cia en el marco de la reali­dad plu­ral, pero que se empeña en no ver.-

Existe enton­ces, aún cuando en forma encu­bierta, pues la legis­la­ción, en tanto rela­ti­vista, se mani­fiesta en tér­mi­nos hipó­cri­tas, una ver­da­dera orien­ta­ción hacia el suicidio.-

Por lo demás, esto es cohe­rente con quien entiende a la socie­dad como aque­llo que debe ser ser­vido por el hom­bre y a la que debe tri­bu­tar. Jue­gan acá, con­si­de­ra­cio­nes de tipo uti­li­ta­ris­tas y cre­ma­tís­ti­cas, pro­pias de este tiempo, y el hedo­nismo ins­ta­lado por una socie­dad que pro­pone el pla­cer como un fin que, a cada paso, se burla de quien dice vivirlo, y se tra­duce en el vacío existencial.-

Esto implica acep­tar que quien ha per­dido las ener­gías que debe brin­dar a la comu­ni­dad, se con­vierte en una carga para ella y por lo tanto debe ser eli­mi­nado. Se trata de una ver­sión moderna del prin­ci­pio espar­tano que jus­ti­fi­caba eli­mi­nar a los niños que nacían con dis­ca­pa­ci­da­des, por­que éstas le impo­si­bi­li­ta­ban inter­ve­nir en las gue­rras que se libra­ran en defensa de la socie­dad. Asi­mismo, en la Roma Impe­rial, “la exal­ta­ción de la fuerza de la juven­tud y del vigor físico (que hacían con­ce­bir una ver­da­dera repug­nan­cia por la vejez y la enfer­me­dad)……”. (3)

Elio Sgrec­cia señala ade­más que: “En la actua­li­dad se viene esbo­zando otra acep­ción de euta­na­sia lla­mada ‘social’, la cual se pre­senta no como opción de un indi­vi­duo en par­ti­cu­lar, sino de la socie­dad, como con­se­cuen­cia del hecho de que las eco­no­mías en mate­ria de gas­tos sani­ta­rios no podrían sopor­tar ya la carga finan­ciera que supone asis­tir a enfer­mos con pade­ci­mien­tos muy pro­lon­ga­dos en cuanto al pro­nós­tico, y muy cos­toso en cuanto a los gas­tos. De esta manera, los recur­sos eco­nó­mi­cos se reser­va­rían para aque­llos enfer­mos capa­ces de reanu­dar, una vez cura­dos, la vida pro­duc­tiva y labo­ral. Es esta una de las ame­na­zas de una eco­no­mía que qui­siera obe­de­cer solo al cri­te­rio de costes-beneficio”. (4)

Estos son los pos­tu­la­dos que apor­tan las ideo­lo­gías que pro­cla­man el pro­gre­sismo como el medio de asu­mir los recla­mos de una moder­ni­dad que, al rela­ti­vi­zarlo todo, niega al hom­bre al no que­rer asu­mir que el mismo, en tanto ima­gen y seme­janza del Ser Nece­sa­rio, es el des­ti­na­ta­rio de todo el orden creado.-

Expone Elio Sgrec­cia: “La euta­na­sia –al igual que el sui­ci­dio– son sig­nos de una reivin­di­ca­ción del hom­bre de dis­po­ner ple­na­mente de sí, de su pro­pia vida y de su pro­pia muerte. La secu­la­ri­za­ción se ve refor­zada tam­bién en la era indus­trial por la bús­queda del uti­li­ta­rismo pro­duc­ti­vista y, con­si­guien­te­mente, por la ética del hedo­nismo, para la cual la muerte y el dolor son ele­men­tos de máxima per­tur­ba­ción. Para este tipo de cul­tura, el dolor y el sufri­miento com­porta sobre todo una carga des­va­lo­ri­za­dora y sus­ci­tan su rechazo……La euta­na­sia, como huída del dolor y de la ago­nía, se efec­túa pri­mero en el espí­ritu y, luego en la socie­dad y en el dere­cho”. (5)

Se impone sal­var al hom­bre, para lo cual debe afir­marse y defen­derse la Per­sona Humana, la que se nos arre­bata, en este pro­ceso pro­gre­sivo que lo somete a una sutil escla­vi­tud, aun­que, no por tal carác­ter – que deviene mera­mente for­mal y por ello ins­tru­men­tal — real y perversa.-

La Per­sona Humana es por­ta­dora de dere­chos que le son exclu­si­vos y que, por tanto son inalie­na­bles. Sin embargo, la acción dele­té­rea de las ideo­lo­gías pre­do­mi­nan­tes, ha per­mi­tido la san­ción de leyes que nie­gan el carác­ter de tales regu­la­cio­nes y dejan expuesto al hom­bre –Per­sona Humana– al tra­ta­miento que se daría a una cosa. Y, así, des­mem­brarla, usar sus par­tes o, sen­ci­lla­mente, arro­jarla al reci­piente des­ti­nado a los desechos.-

Por tanto, es correcto tra­tar el tema del fin –aun­que no defi­ni­tivo– de la vida del cuerpo, desig­nán­dolo como “muerte con dig­ni­dad”, lo que per­mite asig­nar el valor que ella implica, al sujeto que puede reci­birla, que es el hom­bre, Per­sona Humana. Siem­pre sobre la base de este con­cepto, puede men­cio­narse tam­bién, “muerte aten­diendo y con­ser­vando la dig­ni­dad de la Per­sona Humana”.-

Es por lo expre­sado que solo enun­ciar la nece­si­dad de un “con­sen­ti­miento infor­mado”, dado ya por la pro­pia per­sona o por sus parien­tes, implica afir­mar un camino que por su impre­ci­sión resulta apto para per­mi­tir que pueda tran­si­tar el mismo ya la euta­na­sia directa ya el sui­ci­dio asistido.-

El médico no puede hacer más que lo que el paciente o sus repre­sen­tan­tes lega­les le auto­ri­cen, pero, por su parte, el paciente, ni quie­nes se expre­sen por el mismo, pue­den con­ce­der dere­chos de los que no dis­po­nen. Por ello es que sos­te­ner que el hom­bre es dueño de su pro­pio cuerpo, es falso. El se debe a su pró­jimo, con una inten­si­dad en el amor –que, como ya he sos­te­nido, es entrega per­fec­tiva– que varía con­forme la con­di­ción y cali­dad del vínculo. Él recibe del pró­jimo y esto genera un deber para con éste. Y así como él no se da su pro­pia exis­ten­cia, tam­poco puede darle tér­mino con­forme su voluntad.-

En tanto por euta­na­sia se entiende “……una acción o una omi­sión que por su natu­ra­leza, o en la inten­ción, causa la muerte, con el fin de eli­mi­nar cual­quier dolor” (Decla­ra­ción sobre la euta­na­sia del 5 de Mayo de 1980 de la Sagrada Con­gre­ga­ción para la Doc­trina de la Fe); corres­ponde dis­tin­guir esta acción de aque­lla “……inter­ven­ción de la medi­cina diri­gida a ali­viar los dolo­res de la enfer­me­dad y de la ago­nía, a veces incluso con el riesgo de anti­ci­par la muerte”. Por ello corres­ponde opo­ner a la euta­na­sia, que es sen­ci­lla­mente un homi­ci­dio, aque­llas accio­nes des­ti­na­das a la aten­ción del enfermo con el objeto de obrar en él, “el cui­dado del dolor”.-

Es impor­tante tam­bién tener pre­sente para deter­mi­nar el uso de anal­gé­si­cos, y en la medida en que éstos pue­dan ace­le­rar la muerte, el carác­ter ter­mi­nal o irre­ver­si­ble de una enfer­me­dad, res­pecto del cual pocos o nadie pue­den pro­nun­ciarse con cer­teza. Esto nos lleva, nece­sa­ria­mente al estu­dio de la lla­mada “causa de doble efecto”.-

Dice el Dr. Her­bert Hen­din: (su obra “Sedu­ci­dos por la Muerte. Médi­cos, Pacien­tes y Sui­ci­dio Asis­tido”). “La aplas­tante mayo­ría de los enfer­mos ter­mi­na­les no quie­ren ace­le­rar su muerte. Casi nunca se plan­tea­rían tal cosa si su sufri­miento fuese tra­tado ade­cua­da­mente”. El Dr. Hen­din es con­se­jero dele­gado y direc­tor médico de Sui­cide Pre­ven­tion Inter­na­tio­nal y Cate­drá­tico de Psi­quia­tría en el New York Medi­cal College.-

Cons­ti­tuye euta­na­sia y por tanto homi­ci­dio, el pri­var al enfermo de hidra­ta­ción y nutri­ción. Los seres huma­nos nece­si­ta­mos ser ali­men­ta­dos por ter­ce­ros, no sola­mente en el caso de que nos encon­tre­mos enfer­mos e impo­si­bi­li­ta­dos de hacer­los por noso­tros mis­mos, sino cuando peque­ños (recién naci­dos, etc.), reque­ri­mos de la ali­men­ta­ción que nos brin­den otros. Recor­dar que una de las for­mas de euta­na­sia neo­na­tal es, pre­ci­sa­mente, aban­do­nar al recién nacido deján­dolo sin ali­men­tar, para que muera.-

Tales prác­ti­cas, hoy admi­ti­das por varias legis­la­cio­nes, recuer­dan lo afir­mado por el Dr. Frie­drich Men­ne­cke, Direc­tor Médico del Hos­pi­tal Psi­quiá­trico de Eich­berg a par­tir de 1938, que ale­gaba: “Quien no puede ali­men­tarse solo tam­poco nece­sita vivir”. (6)

Dice Elio Sgrec­cia: “Deben enten­derse por cui­da­dos nor­ma­les la ali­men­ta­ción e hidra­ta­ción (arti­fi­cia­les o no), la aspi­ra­ción de las secre­cio­nes bron­quia­les y la deter­sión de las úlce­ras de decú­bito. En este sen­tido se ha expre­sado, por ejem­plo, en la citada Carta de los Agen­tes Sani­ta­rios: ‘La ali­men­ta­ción e hidra­ta­ción, aún arti­fi­cial­mente admi­nis­trada, son parte de los tra­ta­mien­tos nor­ma­les que siem­pre se le han de pro­por­cio­nar al enfermo cuando no resul­tan gra­vo­sos para él: Su inde­bida sus­pen­sión sig­ni­fica una ver­da­dera y pro­pia euta­na­sia’”. (7)

Al res­pecto debe ser recor­dado el caso de la joven ita­liana lla­mada Eluana Englaro (1971–2009) que estuvo 17 años en coma, y se la mató cuando su padre deci­dió que se la dejara de ali­men­tar. Es ele­men­tal con­cluir que “… La pro­vi­sión de nutrien­tes y líqui­dos no es sim­ple ni estric­ta­mente ‘tra­ta­miento médico’, pues supone el cui­dado mínimo que debe ser sumi­nis­trado al enfermo, sea la que sea su situa­ción. Todos nece­si­ta­mos comida y bebida para vivir, pero la nutri­ción no cura la enfer­me­dad. Supri­mir su admi­nis­tra­ción no es sim­ple­mente per­mi­tir que el paciente muera. Lo que se hace no es cesar un tra­ta­miento sino negar lo que es esen­cial para sos­te­ner la vida de todo ser humano, sano o enfermo. La muerte no se pro­du­cirá por la enfer­me­dad, sino por la omi­sión de pro­veer nutri­ción ade­cuada e hidra­ta­ción”. (8)

Es impor­tante des­ta­car que en la aten­ción de la Per­sona Humana enferma, con el cui­dado que su dig­ni­dad impone, se hace nece­sa­rio res­pe­tar la deci­sión de ella de per­ma­ne­cer en el sufri­miento, como forma de dar cum­pli­miento a debe­res reli­gio­sos y mora­les para con­sigo mismo, que los entienda nece­sa­rios para adqui­rir los méri­tos exi­gi­dos para gozar de la Visión Beatífica.-

En lo ati­nente al tema vin­cu­lado con el lla­mado ensa­ña­miento tera­péu­tico, se ha sos­te­nido que el mismo se encon­tra­ría con­fi­gu­rado solo en dos casos: a) Cuando se uti­li­zan los medios téc­ni­cos en quien está prác­ti­ca­mente muerto –por tanto, des­pués de la muerte clí­nica– y b) cuando se inter­viene con las tera­pias médi­cas o qui­rúr­gi­cas (excepto las ordi­na­rias) en sen­tido des­pro­por­cio­nado res­pecto de los efec­tos pre­vi­si­bles. (9)

En la aten­ción de una Per­sona Humana enferma, res­pe­tando su dig­ni­dad, debe con­tem­plarse tam­bién lo que el Padre Tadeussz Pachol­czyc, Sacer­dote y Doc­tor en Neu­ro­cien­cia de la Uni­ver­si­dad de Yale acon­seja: “Nor­mal­mente, una buena muerte reúne varios ele­men­tos: Morir rodeado de las per­so­nas a las que que­re­mos, pre­fe­ri­ble­mente en casa o en una resi­den­cia; ali­viar el dolor con los tra­ta­mien­tos ade­cua­dos (y evi­tar el ensa­ña­miento); hacer las paces con fami­lia­res y ami­gos; hacer las paces con Dios (y reci­bir los últi­mos Sacra­men­tos); y unirse a Cristo en sus horas de sufri­miento en la cruz”, y agrega con res­pecto a la com­pa­ñía y el con­tacto humano del enfermo: “Este esfuerzo por hacer­nos pre­sen­tes ante quie­nes se están muriendo ali­menta nues­tra soli­da­ri­dad con ellos, reafirma su dig­ni­dad, es una mues­tra de bene­vo­len­cia, y for­ta­lece la comu­ni­ca­ción. De esta manera, los ayu­da­mos a superar el miedo a sen­tirse solos y aban­do­na­dos”. (10)

Se lee en la obra citada de Elio Sgrec­cia: “El fun­da­mento de la ética es el res­peto de la ver­dad del hom­bre, el res­peto de la per­sona tal como ella es: Otro fun­da­mento ver­da­dero no se le puede dar a la ética; la ética guía al hom­bre desde el ‘ser’ al ‘deber ser’. Los demás cri­te­rios están cons­ti­tui­dos por la uti­li­dad de alguien en detri­mento de otro, por el poder de unos sobre otros; por la efi­ca­cia de este poder, cada vez mas amplio para algu­nos, cada vez mas opre­sor para otros.- Res­pe­tar la ver­dad de la per­sona en el momento de la vida naciente quiere decir res­pe­tar a Dios que crea y a la per­sona humana tal como Él la crea. Y res­pe­tar al hom­bre en su fase final, quiere decir res­pe­tar el encuen­tro del hom­bre con Dios, su vuelta al Crea­dor, exclu­yendo cual­quier poder por parte del hom­bre, tanto el de anti­ci­par esta muerte (euta­na­sia), como el poder de impe­dir este encuen­tro con una forma de tira­nía bio­ló­gica (ensa­ña­miento tera­péu­tico). Desde este punto de vista es como se traza el con­fín entre ‘euta­na­sia’ y ‘muerte con dig­ni­dad’”.(11)

Estra­te­gia para impo­ner la eutanasia.

Los Pro­fe­so­res Dres. Miguel A. Mar­tí­nez Gon­zá­lez y Jokin de Irala, en su obra “Rece­ta­rio para una cam­paña pro-eutanasia”, escriben:

“Hace mucho tiempo que se des­cri­bie­ron cua­les deben ser los pasos –cui­da­do­sa­mente cro­no­me­tra­dos– que hay que dar para lograr una estra­te­gia de mar­ke­ting social que con­siga que muchos inge­nuos se tra­guen la acep­ta­bi­li­dad de la euta­na­sia. Estos pasos suce­si­vos para enga­ñar a can­do­ro­sos son: 1.- Bús­quese un caso lacri­mó­geno. 2.- Désele toda la publi­ci­dad posi­ble a ese caso. 3.- Cuando todos conoz­can el caso lacri­mó­geno, hágase una trans­gre­sión abierta de la ley. 4.- Désele toda la publi­ci­dad posi­ble a esa trans­gre­sión. 5.- Bús­quese a un enemigo para demo­ni­zarlo y ridi­cu­li­zarlo de modo cari­ca­tu­resco y cruel. 6.- Difún­dase que la euta­na­sia es una reali­dad social y que el legis­la­dor debe regu­larla. 7.- Defién­dase una ley que tenga –solo en su letra– un carác­ter alta­mente res­tric­tivo. 8.- Una vez con­se­guida la apro­ba­ción de la ley, basta con ir inter­pre­tán­dola cada vez más laxa­mente para lle­gar a un uso gene­ra­li­zado de la euta­na­sia”. Algu­nos datos esta­dís­ti­cos que brin­dan estos pro­fe­so­res: En Holanda, en donde son pio­ne­ros en prác­ti­cas euta­ná­si­cas, el 40% de todas las muer­tes que se pro­du­cen en ese país están pre­ce­di­das de actua­ción médica para ace­le­rar­las. Unas mil euta­na­sias al año se rea­li­zan sin que el paciente las haya pedido nunca…. Nada tiene de extraño que: “Muchos ancia­nos de los Paí­ses Bajos teme­ro­sos de que este tipo de actua­cio­nes les afec­ten, están via­jando a otros paí­ses para vivir allí sus últi­mos días. En la ciu­dad ale­manda de Bol­cholt, fron­te­riza con Holanda, ha lla­mado la aten­ción la cre­ciente lle­gada de adul­tos mayo­res holan­de­ses. Una inmi­gra­ción poco usual que ha obli­gado a las auto­ri­da­des ger­ma­nas a cons­truir un asilo espe­cial para alber­gar­los, dado el con­si­de­ra­ble aumento de la demanda en los últi­mos tres años. Los que les hace exi­liarse volun­ta­ria­mente a esas altu­ras de sus vidas en un país donde se habla otro idioma es el temor a la eutanasia”.(12)

Del lla­mado Tes­ta­mento Vital.

El prin­ci­pio rec­tor que debe regir la redac­ción de estos ins­tru­men­tos es aquel, al que ya he refe­rido, que esta­blece que nadie puede dis­po­ner de dere­chos que no tiene. Tales, por ejem­plo, la renun­cia a la con­ser­va­ción de la inte­gri­dad física o de la pro­pia vida.-

Este tipo de ins­tru­men­tos sue­len ser desig­na­dos, asi­mismo, como Tes­ta­mento de Vida, Tes­ta­mento Bio­ló­gico, Ins­truc­cio­nes Anti­ci­pa­das, Volun­ta­des Pre­via de Tra­ta­miento, etc..-

Se los ha defi­nido como la decla­ra­ción de una per­sona que, dotada de plena capa­ci­dad, expresa su volun­tad acerca de los tra­ta­mien­tos a que desea­ría o no desea­ría ser some­tida en caso de que en el trans­curso de una enfer­me­dad o a causa de trau­mas impre­vis­tos, dejara de ser capaz de expre­sar su pro­pio asen­ti­miento o incon­for­mi­dad informada.-

El Comité Nacio­nal de Bio­ética Ita­liano, ha seña­lado: “El CNB con­si­dera esencial……reafirmar que el dere­cho que se quiere reco­no­cer al paciente a orien­tar los tra­ta­mien­tos a que podría ser some­tido, si fuera inca­paz de enten­der y que­rer, no es un dere­cho a la euta­na­sia ni un dere­cho sub­je­tivo a morir, ……sino exclu­si­va­mente el dere­cho a soli­ci­tar a los médi­cos la sus­pen­sión o no acti­va­ción de prác­ti­cas tera­péu­ti­cas”. (13)

En la medida en que estas mani­fes­ta­cio­nes de volun­tad anti­ci­pa­das res­pecto de tra­ta­mien­tos no pue­den intro­du­cir la euta­na­sia, se ha plan­teado, con razón, “…….por qué este obje­tivo ha de rea­li­zarse según elec­ción, por soli­ci­tud explí­cita, y no pueda plan­tearse como norma de com­por­ta­miento médico”. (14) Lo que per­mite sos­te­ner que nin­gún tipo de decla­ra­ción de volun­tad puede des­co­no­cer los prin­ci­pios de la ética gene­ral refe­ri­dos al fin de la vida del cuerpo.-

La Con­fe­ren­cia Epis­co­pal Espa­ñola tiene un modelo de “tes­ta­mento vital”, cuyo texto con­signa: “Pido que por si mi enfer­me­dad lle­gara a estar en situa­ción crí­tica irre­cu­pe­ra­ble, no se me man­tenga en vida por medio de tra­ta­mien­tos des­pro­por­cio­na­dos o extra­or­di­na­rios; que no se me apli­que la euta­na­sia activa, ni que se me pro­lon­gue abu­siva e irra­cio­nal­mente mi pro­ceso de muerte; que se me admi­nis­tren los tra­ta­mien­tos ade­cua­dos para paliar los sufri­mien­tos. Pido igual­mente ayuda para asu­mir cris­tiana y huma­na­mente mi pro­pia muerte. Deseo poder pre­pa­rarme para este acon­te­ci­miento final de mi exis­ten­cia, en paz, con la com­pa­ñía de mis seres que­ri­dos y el con­suelo de mi fe cris­tiana”. (15)

Este tes­ta­mento o man­dato refiere a libe­rar al paciente de lo que se conoce como el “encar­ni­za­miento tera­péu­tico”, res­pecto del cual supra se han prac­ti­cado consideraciones.-

Con­clu­sión.

El tra­ta­miento del tema que se ha desa­rro­llado supra, sin que ello impli­que en modo alguno ago­tar la riqueza con­cep­tual que surge del mismo, exige una espe­cial for­ma­ción que exce­diendo lo téc­nico espe­cí­fico de la cien­cia par­ti­cu­lar, per­mita cono­cer a la Per­sona Humana, y con esta aprehen­sión inte­lec­tual, com­pren­der su gran­deza, y en ella, con­te­ni­das las razo­nes de su res­peto, el que implica con­si­de­rar la valo­ra­ción que merece. Decía Pío XI, en la Encí­clica Divini Redem­pto­ris: “El hom­bre tiene un alma espi­ri­tual e inmor­tal; es una per­sona ador­nada admi­ra­ble­mente por el Crea­dor con dones de cuerpo y de espí­ritu, un ver­da­dero ‘micro­cos­mos’, como decían los anti­guos, es decir, un pequeño mundo, que excede en valor con mucho a todo el inmenso mundo inani­mado……”.-

Lamen­ta­ble­mente hoy se legisla sin cono­cer la fina­li­dad de aque­llo que se regula, esto es la pre­ser­va­ción de la dig­ni­dad de la Per­sona Humana. O, sen­ci­lla­mente, con expresa adhe­sión al per­verso pro­ceso des­ti­nado a la reduc­ción del hom­bre a la con­di­ción de cosa o de sim­ple sujeto, para hacer posi­blela Con­jura con­tra la Vida, a la que tene­mos que enfren­tar cum­pli­men­tando así un deber que nos impone nues­tra dignidad.-

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