La desfachatez de un funcionario

Al leer las notas de los perio­dis­tas espe­cia­li­za­dos sobre el patri­mo­nio y la par­ti­ci­pa­ción en empre­sas del pro­te­gido de la pre­si­dente Cris­tina Fer­nán­dez, Amado Bou­dou, (iba a escri­bir vice­pre­si­dente pero ese sólo hecho me aver­güenza, pero ajena, por­que no soy res­pon­sa­ble de que haya sido ele­gido), siento que el estu­dio de la his­to­ria, y la inves­ti­ga­ción de los hom­bres en fun­ción polí­tica o no ha ser­vido para enri­que­cer­nos en nues­tra sabi­du­ría o debe­mos creer que nues­tra repú­blica tran­sita cami­nos barro­sos cuya meta está muy dis­tante de con­se­guir los obje­ti­vos, que allá por los años 83, cuando el con­junto de la socie­dad con­si­guió la con­ti­nui­dad ins­ti­tu­cio­nal, nos hacía­mos espe­ran­zas de obte­ner los bene­fi­cios de una polí­tica honesta regida por la letra de la Cons­ti­tu­ción Nacional.

Cómo es posi­ble tamaña hipo­cre­sía en la polí­tica argen­tina; cómo es posi­ble que se saque de la galera a tamaño far­sante para lle­varlo a ejer­cer tan alta magis­tra­tura, que ocupó Car­los Pelle­grini y Elpi­dio Gon­zá­lez, como meros ejem­plos, el pri­mero, con enorme capa­ci­dad para nego­ciar en los más altos estra­dos del con­cierto de las nacio­nes, y el segundo, con una hones­ti­dad per­so­nal que con­si­deró al cargo público como un apos­to­lado de la polí­tica, que rechazó su jubi­la­ción de vice­pre­si­dente, y su con­cepto repu­bli­cano del ejer­ci­cio del man­dato sig­ni­fi­caba una carga que debía sobre­lle­var como si fuera un pre­des­ti­nado por la ciu­da­da­nía que debía cum­plir como una hon­rosa misión, cuya creen­cia lo con­dujo a la pobreza, que para man­te­nerse, en los últi­mos días de su vida, debía a ven­der poma­das y anili­nas en la vía pública.

Cómo es posi­ble que este per­so­naje no conozca éstos, sus pre­de­ce­so­res, y se aver­güence de estar sen­tado en el mismo sillón. Cómo es posi­ble que la pre­si­dente no se arre­pienta de haber ele­gido, auto­ri­ta­ria­mente, a este des­fa­cha­tado para ocu­par un cargo que, al decir de Marie-France Toi­net, en “El sis­tema polí­tico de los Esta­dos Uni­dos”, página 129, “con fre­cuen­cia un vice­pre­si­dente es más impor­tante por moti­vos estra­té­gi­cos que por sus cua­li­da­des per­so­na­les”, cuya mues­tra fue su ante­ce­sor. Segu­ra­mente lo eli­gió, uti­li­zando el dedo omni­po­tente, el dedo que pone a raya a quien quiera dis­cu­tirle sus deci­sio­nes, por­que son asti­llas de un mismo palo.
Qué ejem­plo se les puede dar a tan­tos polí­ti­cos jóve­nes, si en la Argen­tina hay fun­cio­na­rios que son ele­gi­dos capri­cho­sa­mente. Cuá­les habrán sido las moti­va­cio­nes de la pre­si­dente: ¿su facha de play boy? ¿su des­fa­cha­tez para enri­que­cerse? ¿o sus con­di­cio­nes para con­se­guir tes­ta­fe­rros y él poder eri­girse en un simi­lar de otros más pode­ro­sos? Segu­ra­mente por­que son asti­llas del mismo palo.

En ver­dad, este caso escapa a nues­tra visión ana­lí­tica de la polí­tica. Estos casos iné­di­tos en la his­to­ria polí­tica son para que los ana­li­cen los espe­cia­lis­tas del crimen.

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