La dictadura K

 

“DICTADURA.*Se entiende común­mente por dic­ta­dura la forma de gobierno en que una o varias per­so­nas lle­gan a ejer­cer el poder polí­tico de modo abso­luto e irres­tricto, sin con­trol ni res­pon­sa­bi­li­dad de nin­guna espe­cie”.[1]

Para Osso­rio la dic­ta­dura “es el gobierno que, invo­cando el inte­rés público, se ejerce fuera de las leyes cons­ti­tu­ti­vas de un país.” Y agrega que: “Los Esta­dos moder­nos some­ti­dos a un régi­men de dic­ta­dura son lla­ma­dos tota­li­ta­rios, pues el dic­ta­dor (ya sea uni­per­so­nal, ya plu­ri­per­so­nal) asume todos los pode­res, que­bran­tando la arma­zón cons­ti­tu­cio­nal de la nación y eli­mi­nando todos los dere­chos polí­ti­cos, así como todas las garan­tías y liber­ta­des indi­vi­dua­les, espe­cial­mente las de opi­nión, expre­sión, reunión, sin­di­ca­ción (como no sea diri­gida), de con­cien­cia, etc. Asi­mismo suprime el hábeas cor­pus y la acción de amparo o, por lo menos, los coarta. Suprime todos los par­ti­dos o sólo admite uno, que es, natu­ral­mente, el del pro­pio dic­ta­dor. Crea figu­ras delic­ti­vas, por lo gene­ral de orden polí­tico, muchas veces dán­do­les efecto retro­ac­tivo”[2]

El mismo autor, cuando define la tira­nía nos dice: “Según afirma Hora­cio San­gui­netti, “se dice del régi­men donde el mando se ejerce arbi­tra­ria­mente, sin razón, dere­cho o jus­ti­cia. La tira­nía tiene siem­pre un sen­tido abo­mi­na­ble, y desde Pla­tón y Aris­tó­te­les ha mere­cido gene­ral exe­cra­ción. Para este último, hay tira­nía cuando el poder es des­pó­tico y la sola volun­tad del gober­nante es ley, o bien cuando la monar­quía se corrompe y el monarca manda sin res­pon­sa­bi­li­dad a hom­bres mejo­res que él y reina no en pro­ve­cho del pue­blo, sino en el suyo pro­pio”. Y mas ade­lante: “En gene­ral puede decirse que todas las dic­ta­du­ras moder­nas tie­nen bas­tante de tirá­ni­cas y des­pó­ti­cas, pero ha sido en los regí­me­nes tota­li­ta­rios donde dichas mani­fes­ta­cio­nes han adqui­rido mayor volu­men, ya que el poder esté deten­tado por un solo hom­bre, ya lo esté por un par­tido polí­tico, por un grupo mili­tar o por cua­les­quiera otras orga­ni­za­cio­nes”.[3]

Vis­tas estas clá­si­cas defi­ni­cio­nes de muy pres­ti­gio­sos juris­tas, cabe que ensa­ye­mos nues­tros pro­pios con­cep­tos y que ana­li­ce­mos hasta qué punto los mis­mos son apli­ca­bles a la Argen­tina gober­nada por el lla­mado Frente para la Vic­to­ria (FPV) bajo cuyas siglas lle­vara al poder al matri­mo­nio Kir­ch­ner. Recor­de­mos que el FPV se pre­senta como una rama del pero­nismo o par­tido Jus­ti­cia­lista (PJ). Este par­tido –con­forme la his­to­ria lo demues­tra– siem­pre ha tenido una mar­cada voca­ción tota­li­ta­ria. El FPV ins­ta­lado en el poder desde el año 2003 mer­ced a un arti­lu­gio elec­to­ral por pocos adver­tido y (de los que lo advir­tie­ron) por muchos ya olvi­dado, tuvo desde sus inicios como meta lle­gar “a ejer­cer el poder polí­tico de modo abso­luto e irres­tricto, sin con­trol ni res­pon­sa­bi­li­dad de nin­guna espe­cie” tal como nos enseña el Dr. Kaplan con su ya clá­sica defi­ni­ción de dic­ta­dura. Y lo han logrado a tra­vés de dife­ren­tes vías entre las cua­les se destacan:

Con­trol de los dos pode­res res­tan­tes: si bien la Argen­tina es for­mal­mente una “repú­blica”, en los hechos pocas veces fun­cionó como tal. Razo­nes de índole his­tó­rica y de tra­di­ción polí­tica deter­mi­na­ron que el país se rigiera por lo que la doc­trina en la mate­ria deno­mina “pre­si­den­cia­lismo” y que –en resu­mi­das cuen­tas– deri­vara en el actual “híper-presidencialismo”. De allí a la dic­ta­dura –como se comprenderá- hay un paso. Paso que los Kir­ch­ner se han esme­rado en dar. Para este con­trol de los otros dos pode­res, pro­ce­die­ron de la siguiente manera:

Des­ca­be­za­miento de la Corte Suprema de Jus­ti­cia remo­viendo a la mayo­ría de sus miem­bros y cam­bián­do­los por otros proclives.

Con­trol del Con­greso: para lo cual recu­rrie­ron a diver­sos méto­dos de cap­ta­ción y coop­ta­ción, faci­li­ta­dos por la dilu­ción y debi­li­dad de los res­tan­tes par­ti­dos polí­ti­cos (ya ato­mi­za­dos y pro­fun­da­mente divi­di­dos) lo que tornó a los legis­la­do­res –mal lla­ma­dos de la “opo­si­ción”- en cola­bo­ra­cio­nis­tas del régi­men o direc­ta­mente en cóm­pli­ces abier­tos del mismo. “Coc­tel” que en los hechos, da como resul­tado un sis­tema de par­tido único, típico de las tira­nías como ilus­tran las defi­ni­cio­nes que hemos dado al comienzo.

En lo que resulta ser un ver­da­dero “ope­ra­tivo tenaza”, como toda dic­ta­dura, no sólo se buscó el con­trol y la domi­na­ción de la rama polí­tica de la socie­dad, sino tam­bién de la socie­dad civil, para lo cual los K recu­rrie­ron a las siguien­tes “téc­ni­cas”:
Enfren­ta­miento social: prác­tica divi­so­ria de anti­gua data uti­li­zada por la mayo­ría (sino todos) los dic­ta­do­res de la his­to­ria. En Argen­tina pro­pul­sada por J. D. Perón cuando divi­dió anto­ja­di­za­mente la socie­dad entre pero­nis­tas y anti­pe­ro­nis­tas (estos últi­mos lla­ma­dos “gori­las” por los pri­me­ros, tér­mino reflo­tado por los adic­tos al FPV).

Clien­te­lismo polí­tico: método (tam­poco nove­doso) ejer­cido con el sec­tor afín de la socie­dad, con­sis­tente en el reparto de pre­ben­das y pri­vi­le­gios a gra­nel bajo dife­ren­tes nom­bres según quie­nes fue­ren los des­ti­na­ta­rios: pla­nes “socia­les” si se tra­ta­ban de “caren­cia­dos”, o sub­si­dios en el mismo caso o en el de empre­sa­rios adic­tos al régi­men que, por supuesto, no fal­tan en nin­guna dic­ta­dura. Este método es –sin duda– una resul­tante del ante­rior, habida cuenta que el sec­tor clien­te­lar surge de la divi­sión antes expli­cada y repre­senta al sec­tor segui­dor al régimen.

Inti­mi­da­ción: en reali­dad, es la téc­nica mediante la cual el sis­tema man­tiene no sola­mente divi­dida la socie­dad sino –y fun­da­men­tal­mente– some­tido al sec­tor disi­dente. Y más que some­tido auto-sometido. Cuando el pro­fe­sor Osso­rio nos decía en la cita ante­rior que “Suprime todos los par­ti­dos o sólo admite uno, que es, natu­ral­mente, el del pro­pio dic­ta­dor” alude, de alguna manera –que­rién­dolo o no– a este fenó­meno. El caso de la Argen­tina de los Kir­ch­ner es para­dig­má­tico por cuanto, si bien se man­tiene la estruc­tura for­mal de los par­ti­dos polí­ti­cos, estos –en la prác­tica– son com­ple­ta­mente inope­ran­tes como opo­si­ción, lo que –a su turno– con­tri­buye a un régi­men de par­tido único (el gober­nante) ele­mento típico, como sabe­mos, de toda tiranía.

[1] Dr. Mar­cos T. Kaplan, voz “Dic­ta­dura” en Enci­clo­pe­dia Jurí­dica OMEBA, Tomo 8, Letra D

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