Una difícil, pero posible tarea

 

Enra­re­cido clima envuelve a la Argentina.

Una vez sober­bia, admi­rada y deseada por muchos hom­bres que enal­te­cie­ron sus vani­da­des y su orgu­llosa pres­tan­cia, quie­nes con deno­da­das fuer­zas lucha­ron, inter­po­niendo sus capa­ci­da­des para con­quis­tarla, y con sus logros lle­ga­ron a ubi­carla en un pedes­tal, para la admi­ra­ción del mundo.

Hoy defe­nes­trada, por otros inde­cen­tes, que no demues­tran su mas­cu­li­ni­dad con sus actos bár­ba­ros y vio­len­tos, fue ultra­jada, ape­dreada, des­po­jada de sus rique­zas, man­ci­llado su orgu­llo y man­chado su honor.

Tras­ta­bi­lla, sus emo­cio­nes se alte­ran, por la preo­cu­pa­ción y la duda, con su apa­rien­cia des­lu­cida, es un des­pojo de su ante­rior belleza.

Su vida pende de un hilo y en su ago­nía por medio de un grito, clama con deses­pe­ra­ción exi­giendo jus­ti­cia, deman­dando la pre­sen­cia de hom­bres y muje­res capa­ces de lograr su salvación.

Sin embargo, la socie­dad actual inmersa en un sordo deli­rio de peli­groso con­for­mismo que no per­mite con­ci­liar sus ambi­cio­nes y ansias de futuro se encuen­tra sumer­gida en un caldo de cul­tivo, ela­bo­rado por quie­nes se dicen los ele­gi­dos para gober­nar, esos mis­mos que se empe­ñan en con­du­cirla a la des­truc­ción final.

Hor­das de vio­len­cia des­me­dida inte­rrum­pen per­ma­nen­te­mente la coti­dia­nei­dad, irrum­piendo con revan­chas y ren­co­res, impo­nen vio­la­cio­nes que soca­van la paz social.

Reina la supre­ma­cía de un poder indis­cri­mi­nado, ejer­cido por medio de argu­cias y des­pó­ti­cas medi­das que pue­den pro­du­cir la muerte defi­ni­tiva de la Repú­blica, mien­tras esta insiste con sus lamen­ta­cio­nes y entre llan­tos pro­fu­sos llama a reca­pa­ci­tar a los argen­ti­nos, para que con­si­gan por medio de la unión de los pen­sa­mien­tos sanos, la fuerza nece­sa­ria para exi­gir les sean res­pe­ta­dos sus dere­chos, hoy pro­fa­na­dos por la trai­ción de sus representantes.

La reali­dad impone un com­pro­miso, es impe­ra­tivo sal­var la Nación, saliendo del letargo de sumi­sión y expre­sando dis­con­for­mi­dad a las tor­tu­ra­das y men­da­ces pala­bras dic­ta­to­ria­les, con las que arre­mete el régi­men actual.

Ante tan renuen­tes arbi­tra­rie­da­des se debe refle­xio­nar para tomar con­cien­cia, así se encon­tra­rán las solu­cio­nes defi­ni­ti­vas que crea­ran las defen­sas nece­sa­rias, las que impe­di­rán la con­ti­nui­dad de los males que la aquejan.

Escu­chando las leta­nías dra­má­ti­cas de nues­tra sufrida Patria, debe­mos abo­car­nos a la difí­cil tarea de soco­rrerla en esta trá­gica ago­nía, solo aunando volun­ta­des, vol­cando todas nues­tras capa­ci­da­des, con pro­pues­tas cla­ras y demo­crá­ti­cas. Hom­bres y muje­res res­pon­sa­bles sere­mos capa­ces de rever­tir este pro­ceso des­truc­tivo, logrando así el reme­dio efi­caz para colo­car a la Repú­blica Argen­tina, nue­va­mente en el sitial que le corresponde.

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