Militancia todo terreno: Sacan a presos de la cárcel para actos del kirchnerismo

Pre­sos famo­sos y tam­bién des­co­no­ci­dos. Pro­ce­sa­dos y con­de­na­dos por deli­tos gra­ves. Hom­bres y muje­res. Todos tie­nen algo en común: salen de la cár­cel para par­ti­ci­par de even­tos polí­ti­cos dis­fra­za­dos de acti­vi­da­des “cul­tu­ra­les”. Ocu­rre a plena luz del día y tam­bién de noche, con el riesgo de fuga latente. La res­pon­sa­ble es una agru­pa­ción kir­ch­ne­rista lla­mada “Vata­yón Mili­tante”, pro­mo­cio­nada y alen­tada por el hom­bre que maneja todas las cár­ce­les fede­ra­les del país desde abril de 2011, Víc­tor Hortel.

Esta sor­pren­dente his­to­ria tiene un caso tes­tigo, el de Eduardo Váz­quez, el ex bate­rista de Calle­je­ros que fue con­de­nado por matar con fuego a su mujer, Wanda Tad­dei. Tras una inves­ti­ga­ción que llevó varias sema­nas, Cla­rín pudo com­pro­bar que Váz­quez fue sacado de la cár­cel al menos dos veces en los últi­mos ocho meses, casi a escon­di­das, a espal­das de la opi­nión pública y, al pare­cer, tam­bién de la Jus­ti­cia. La pri­mera vez fue en noviem­bre del año pasado, cuando par­ti­cipó en un local de Cha­ca­rita de un acto polí­tico, pre­sen­tado como un evento “cul­tu­ral” pero con toda la litur­gia de la mili­tan­cia kir­ch­ne­rista. Y ape­nas diez días des­pués de ser con­de­nado, el 24 de junio pasado, repi­tió la expe­rien­cia. Esa vez tocó los tim­ba­les al aire libre en pleno San Telmo, junto con dece­nas de otros pre­sos que pudie­ron salir de pri­sión con la misma excusa. Un bene­fi­cio para pocos, de la mano de la varita mágica del “Vata­yón Mili­tante”, en el nom­bre de la acción polí­tica oficial.

La pri­mera salida de Váz­quez fue el 25 de noviem­bre del año pasado, cuando ya lle­vaba un año preso, en el pabe­llón 1 de la cár­cel de Ezeiza.

El músico fue tras­la­dado junto a otros pre­sos a un local ubi­cado en Corrien­tes 6257, una suerte de bún­ker de la agru­pa­ción K, según con­fió una fuente del Ser­vi­cio Peni­ten­cia­rio. Váz­quez llevó puesta una remera negra con letras blan­cas. Un video casero al que acce­dió Cla­rín (Ver Un acto… ) lo mues­tra son­riente, junto a otro interno de Ezeiza –la misma cár­cel de Vázquez-, pero que está alo­jado en otro pabe­llón. De fondo se escu­chan los cán­ti­cos eufó­ri­cos de los par­ti­da­rios del gobierno: “Borom­bom­bom, borom­bom­bom, esos tam­bo­res … son de Perón”. La escena se com­pleta con una ima­gen del esce­na­rio, donde un pro­yec­tor des­taca algu­nas con­sig­nas en la pared: “Fan­ta­sía, Super­avit y Memo­ria”, dice un slo­gan. Al lado, la ima­gen del Nes­tor­nauta, el sím­bolo pre­di­lecto de La Cám­pora que expone la cara de Nés­tor Kir­ch­ner enfun­dado en el traje del clá­sico per­so­naje del cómic El Eter­nauta, de Oesterheld.

El Nes­tor­nauta es tam­bién parte del coti­llón habi­tual del “Vata­yón Mili­tante”, la agru­pa­ción kir­ch­ne­rista donde cum­ple un rol de lide­razgo Víc­tor Hor­tel, el jefe del Ser­vi­cio Peni­ten­cia­rio Fede­ral, cargo al que llegó de la mano de uno de sus padri­nos, el minis­tro de la Corte Euge­nio Zaf­fa­roni. Hor­tel no esconde su vínculo con el “Vata­yón”: hace tres meses, en la Cámara de Casa­ción penal, donde tra­bajó durante años, explicó ante dece­nas de jue­ces la fun­ción y los obje­ti­vos de esa agrupación.

Los agen­tes que tras­la­da­ron a Váz­quez a la peña polí­tica de Cha­ca­rita, supie­ron esa misma noche que no era un paseo fugaz. Tuvie­ron que espe­rarlo en la puerta del local hasta las 2 de la madru­gada. Según las fuen­tes, cuando regresó a Ezeiza el músico estaba borra­cho. El alcohol sería una de las licen­cias para los pre­sos que colaboran.

¿Esa salida fue auto­ri­zada por la Jus­ti­cia? Todo indica que no. Tam­poco, claro, se le con­sultó a la fami­lia de Wanda Tad­dei, que­re­llante en la causa que toda­vía estaba en pleno pro­ceso. El abo­gado de los Tad­dei, Leo­nardo Rom­bola, fue al juz­gado de Ins­truc­ción 36 de la Capi­tal, a cargo de la causa, para veri­fi­car si había en el expe­diente algún per­miso de salida tran­si­to­ria en favor de Váz­quez. “En el expe­diente no figura nin­gún pedido de auto­ri­za­ción, al menos en el ante­úl­timo cuerpo, el que corres­ponde al 2011”, con­firmó Rom­bola a Cla­rín, por lo que infiere que Váz­quez jamás tuvo per­miso legalpara salir de la cár­cel. La pri­mera salida del bate­rista fue en noviem­bre de 2011. Por eso, de haber tenido algún aval judi­cial, ten­dría que haber que­dado asen­tado en el expe­diente que ana­lizó el abogado.

Las sali­das de los pre­sos están pre­vis­tas y regla­men­ta­das en la ley 24.660. Allí se esta­blece que, salvo en casos de extrema urgen­cia, siem­pre deben estar auto­ri­za­das por la Jus­ti­cia. De acuerdo al estado del pro­ceso, inter­vie­nen en los per­mi­sos los jue­ces de ins­truc­ción, los de los tri­bu­na­les ora­les o, tras la con­dena, los jue­ces de eje­cu­ción. “Las auto­ri­za­cio­nes las pide el Ser­vi­cio Peni­ten­cia­rio, por escrito o por fax, que­dan asen­ta­das y cuando se auto­ri­zan es por­que son para even­tos cul­tu­ra­les”, explicó a Cla­rín el juez Ser­gio Paduc­zak, del Tri­bu­nal Oral en lo Cri­mi­nal Nº 22.

Al pare­cer, en los últi­mos meses muchos de esos pedi­dos fue­ron hechos para even­tos “cul­tu­ra­les” de la agru­pa­ción “Vata­yón Mili­tante”. Incluso, para even­tos que dura­ron más de un día. La trampa esta­ría en la redac­ción de los pedi­dos, en argu­men­tar un evento cul­tu­ral cuando en reali­dad es un acon­te­ci­miento polí­tico, con cán­ti­cos, ban­de­ras y con­sig­nas ofi­cia­lis­tas. “Yo otor­gué muchos per­mi­sos pero siem­pre para even­tos cul­tu­ra­les”, res­pon­dió Paduczak.

Cla­rín con­sultó ano­che a Eduardo Guarna, abo­gado de Váz­quez, para saber los argu­men­tos que jus­ti­fi­ca­ron las sali­das.“ Me estoy ente­rando por uste­des, no tenía ni idea ”, dijo. El defen­sor sos­tiene que Váz­quez suele hacer música junto a un con­junto de pre­sos que tocan cum­bia. “Pero por lo que yo sé, hacen reci­ta­les en otras cár­ce­les. Fue­ron a la cár­cel de Muje­res y a la cár­cel de Devoto. No tengo noti­cias de que hayan salido fuera del sis­tema peni­ten­cia­rio y yo per­so­nal­mente no hice nin­gún pedido”. Guarna jura que ni siquiera escu­chó hablar del “Vata­yón” kirchnerista.

Fuen­tes peni­ten­cia­rias expli­ca­ron que a par­tir de la pri­mera salida, Váz­quez logró pri­vi­le­gios en la cár­cel. De hecho, rechazó la posi­bi­li­dad de ser tras­la­dado a otras cár­ce­les y par­ti­cipó de reci­ta­les orga­ni­za­dos por “Vata­yón” den­tro del penal de Ezeiza, siem­pre junto a su banda per­so­nal (la de los pre­sos cum­bie­ros) y con él a cargo de la per­cu­sión. Sus manos alter­na­ron entre los tim­ba­les, un bongó e incluso un cajón peruano.

El 14 de junio pasado, Váz­quez dejó de ser un preso en cali­dad de pro­ce­sado, para pasar a la cate­go­ría de con­de­nado y nada menos que por un delito de vio­len­cia de género. Un Tri­bu­nal oral lo con­denó a 18 años de pri­sión por el homi­ci­dio de su mujer, muerta tras las gra­ves que­ma­du­ras que le pro­vocó en 2010 (Ver A Váz­quez… ). El músico no estuvo en la sala de audien­cias el día de la sen­ten­cia: se enteró den­tro del pabe­llón 1 de Ezeiza, su lugar de resi­den­cia desde noviem­bre de 2010.

Pero esa con­dena no cam­bió en nada su rela­ción con el uni­verso kir­ch­ne­rista en las cár­ce­les. Diez días más tarde, el 24 de junio pasado, Váz­quez vol­vió a salir del penal junto a otros pre­sos. Pasó todo el día en otro evento del “Vata­yón Mili­tante”, en el Museo Peni­ten­cia­rio, en el barrio de San Telmo, a donde asis­tie­ron más de 100 dete­ni­dos de Devoto, Mar­cos Paz y Ezeiza, ade­más de unos 800 invi­ta­dos. “No esta­mos ente­ra­dos de nada”, ase­guró el abo­gado de la fami­lia Tad­dei. Según un tes­tigo, esa tarde, entre los reos, tam­bién se encon­traba Este­ban Marín, dete­nido por el robo de boque­te­ros en el Banco Pro­vin­cia del barrio de Bel­grano, en enero de 2011.

Para su segunda salida, Váz­quez se vis­tió con jean, zapa­ti­llas marro­nes y una cam­pera negra. Otra vez tocó junto a su banda, como se puede ver en la ima­gen a la que acce­dió Cla­rín en exclu­siva y que abre esta inves­ti­ga­ción. No fue el único músico libe­rado para la oca­sión. En total par­ti­ci­pa­ron más de diez ban­das, incluso una for­mada por ex poli­cías y ex peni­ten­cia­rios, mien­tras fami­lia­res y ami­gos bai­la­ban al aire libre, en el enorme patio que tiene ese anti­guo edi­fi­cio. Alre­de­dor se colo­ca­ron stands para que los pre­sos pue­dan ven­der sus arte­sa­nías, manua­li­da­des e incluso comida. La orga­ni­za­ción quedó en manos de los mili­tan­tes de “Vata­yón”, que lucían sus reme­ras habi­tua­les, pin­ta­das con la V de la vic­to­ria sos­te­niendo la K del kir­ch­ne­rismo. Otra vez, la mili­tan­cia se fil­tró en el acto cul­tu­ral para mani­pu­lar su sentido.

En esos even­tos, los dete­ni­dos gozan de cier­tas liber­ta­des y se dan algu­nas curio­si­da­des. Un tes­tigo escu­chó aque­lla tarde cuando un recluso encar­gaba por telé­fono una ham­bur­guesa a un local de McDo­nald. Váz­quez, mien­tras tanto, se sacaba una foto junto a una joven faná­tica de Calle­je­ros, la banda que lo hizo famoso, como si el pasado de glo­ria no hubiera terminado.

Ese evento fue publi­ci­tado por el Ser­vi­cio Peni­ten­cia­rio Fede­ral en su espa­cio en Face­book. Días des­pués, los peni­ten­cia­rios debie­ron pedir dis­cul­pas por la expo­si­ción de algu­nos pre­sos, cuyas risas habían moles­tado a algu­nas de sus víc­ti­mas. La par­ti­ci­pa­ción de Váz­quez, sin embargo, deli­be­ra­da­mente, no fue exhibida .

La serie de imá­ge­nes publi­ca­das en la red social prue­ban que en la puerta del lugar, ubi­cado en Hum­berto Primo al 300, no había cus­to­dia y no esta­ban las camio­ne­tas del tras­lado de los pre­sos. ¿Por qué? Muy sen­ci­llo. Allí los domin­gos fun­ciona una feria y la calle se hace pea­to­nal. Miles de per­so­nas tran­si­ta­ron por la puerta del edi­fi­cio a lo largo de esa tarde. Nadie sabía lo que ocu­rría aden­tro. Si bien se trata, en prin­ci­pio, de pre­sos “de buena con­ducta”, la segu­ri­dad del evento se limitó a un puñado de agen­tes de civil.

Los ries­gos de estas acti­vi­da­des son obvias. ¿Por qué las hacen? ¿Por qué un pro­yecto de inser­ción de pre­sos se trans­forma en uno de mili­tan­cia? “Acá no hay liber­tad de par­tido. A las cár­ce­les sólo entran mili­tan­tes de un par­tido polí­tico”, se queja una de las fuen­tes peni­ten­cia­rias. Es que no hay fron­te­ras, ya no, a la hora de la cons­truc­ción del relato. Tam­bién se hace entre rejas, de espal­das a la socie­dad, diri­gida a los pre­sos y en el nom­bre del fer­vor mili­tante de los que deben controlarlos.

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