La siembra del miedo

 

“Cuando se teme a alguien es por­que a ese alguien le hemos con­ce­dido poder sobre nosotros.”

Her­mann Hesse (1877–1962) Escri­tor suizo, de ori­gen alemán.

Empe­ñada en su hobby de cam­pa­ñas de des­pres­ti­gios, insul­tos y burla, la señora, dio una vez más mues­tras de su mala entraña. Con un dis­curso des­afo­rado insto a todos y a todas a cul­ti­var el miedo a ella

“Sólo hay que tenerle miedo a Dios y a mi un poquito”, alertó, en ese antro col­mado ser­vi­les aplau­di­do­res y de medio­cres obse­cuen­tes, que fes­te­ja­ron con toda pompa la inci­ta­ción al miedo de su bece­rra dorada.

Siem­pre, mono­lo­gando, des­po­tricó con­tra los fan­tas­mas que aco­san su vida y según su medida ata­can a su per­sona por medio de cri­ti­cas y opi­nio­nes refe­ri­das a sus fre­cuen­tes desa­cier­tos, así, como a” las men­ti­ras en cadena” que tra­tan de ocul­tar las reali­da­des, detrás del ridículo dis­curso mechado con cifras mági­cas y des­pro­li­jos boce­tos que no coin­ci­den con la eco­no­mía real, ni con la liber­tad y la demo­cra­cia que la señora pre­gona, pero que en la prác­tica se encuen­tran maniatadas.

Ves­tida de furia, la señora, acre­centó los ata­ques ver­ba­les diri­gi­dos a la prensa, a empre­sa­rios y a esa parte de la socie­dad arrai­gada en las bue­nas cos­tum­bres,  dis­cri­mi­nán­dola por el sólo hecho de no com­par­tir su ideo­lo­gía, ni su estilo gua­rango, ni las medi­das opre­so­ras que coar­tan las liber­ta­des individuales,

Sin arre­pen­ti­miento de su inmo­ra­li­dad, de su mate­ria­lismo, de su sober­bia, la viuda atacó, aún cuando todo la lleve a su pro­pia auto­des­truc­ción, como suce­dió con Sodoma y Gomo­rra… “Sin embargo…es ella la que arre­mete con­tra todos los que se ani­man a des­men­tir o a cri­ti­car sus pre­di­cas per­ver­sas, sus actos dema­gó­gi­cos, su relato a con­tra­mano de la reali­dad y apela a su pacien­cia– para sopor­tarlo– ase­ve­rando –” Si yo me hubiera dete­nido a escu­char todas las cosas que decían, cuando uno se detiene a escu­char las cosas que dicen puede que­dar como la mujer de Set — aque­lla de “La Biblia” — que por mirar Sodoma y Gomo­rra quedó con­ver­tida en esta­tua de sal. Bueno, uno no tiene que escu­char tanto estos de Sodoma y Gomo­rra por­que tam­bién nos pode­mos que­dar con­ver­ti­dos en esta­tuas de sal y yo tengo que seguir trabajando.”

No sola­mente demos­tró su igno­ran­cia bíblica al con­fun­dir a Lot, con Set, sino, tam­bién olvidó, que Dios salvó a los arre­pen­ti­dos, de la llu­via de fuego y azu­fre que des­truyó las dos ciu­da­des. Algo impo­si­ble para la sal­va­ción de esa señora, que lejos de arre­pen­tirse se ha colo­cado en el lugar de los bece­rros de oro y pro­cura se levan­ten alta­res para su ido­la­tría, mien­tras desa­fía a Dios uti­li­zan­doló para fines mal­va­dos, que apues­tan a ins­ta­lar el miedo a ella en la socie­dad, menos­pre­ciando la fe cris­tiana, con sus incon­sis­ten­cias paganas

Apos­tando desde su óptica tota­li­ta­ria al fac­tor del miedo, para domi­nar a la socie­dad y crear el ciu­da­dano per­fecto, un ciu­da­dano que per­ma­nezca callado, que crea todos los argu­men­tos que ha dia­rio actua­liza la tira­nía, que no cues­tione, ni con­tra­diga, que aplauda los gran­dio­sos hechos de corrup­ción, el enri­que­ci­miento ilí­cito, los anun­cios enga­ño­sos, las repe­ti­das re-re– inau­gu­ra­cio­nes, los inter­lo­cu­to­res fal­sos agra­cia­dos por las faraó­ni­cas obras esta­ta­les, los tre­nes catas­tró­fi­cos, la ges­tión tur­bu­lenta de la hués­ped de la Rosada, el adoc­tri­na­miento de La Cám­pora en las escuela, el culto a los terro­ris­tas, el mito del héroe colec­tivo, las proezas del Vata­yón Mili­tante y la farsa de reso­cia­li­za­ción de los pre­sos, las medi­das ile­ga­les de la AFIP, las embes­ti­das des­ti­na­das a eli­mi­nar la liber­tad de expre­sión, la sovie­ti­za­ción del país etc— etc… y sobre­todo que no se le ocu­rra tener la osa­dia de pen­sar dife­rente a ella.

Esta mujer que se cree diosa pagana, de un país que ha cam­biado su forma por la del dinero mal habido, en el cual se cree que se puede com­prar con­cien­cia, per­so­nas, vida y muerte de las mis­mas, es horrendo resal­tar como se per­mite y cons­ciente todo con el silen­cio cóm­plice de demasiados.

Mien­tras muchos callan y con­sien­ten el actuar de gru­pos finan­cia­dos por el régi­men con el único pro­pó­sito de sub­ver­tir el orden, man­te­ner el sub­de­sa­rro­llo e impul­sar el clima de des­con­fianza que pro­mue­ven con su poli­ti­zada visión ideo­ló­gica para des­ar­ti­cu­lar el tejido social, hoy sal­pi­cado por acción u omi­sión,  sumer­gido en una sim­bio­sis de terror, cada vez más patente en esta socie­dad civil y polí­tica, dor­mida, acos­tum­brada y pasiva.

Antes que el régi­men los con­vierta en una manada de ove­jas mani­pu­la­das de los vivi­do­res de este corrupto, frau­du­lento, licen­ciado y tole­rado sis­tema que para­lizó a muchos hace tiempo y los hizo mirar cobar­de­mente hacia otro lado, como si fuera res­pon­sa­bi­li­dad de otro solucionarlas.

Urge ese tiempo de mirar al frente, com­pro­me­terse con esa la reali­dad que nos está pisando los talo­nes , es tiempo de actuar de agru­parse de par­ti­ci­par, de unirse a la mar­cha del 13 de sep­tiem­bre, demos­trar que no se le tiene miedo a Cris­tina, el futuro de nues­tros hijos y nie­tos está en juego y la patria nos pide a gri­tos que la libe­re­mos de la turba terro­rista que la man­tiene secues­trada y pre­tende asesinarla.

 

Los tími­dos tie­nen miedo antes del peli­gro; los cobar­des, durante el mismo; los valien­tes, después.

Jean Paul (1763–1825) Escri­tor y humo­rista alemán

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