¡JUICIO POLITICO YA!

 

Hay un asunto que la supuesta “prensa opo­si­tora”, de la que tanto y tan sos­pe­cho­sa­mente se queja la usur­pa­dora pre­si­den­cial, jamás men­ciona. Ni siquiera ser­vi­ría que lo men­cio­nara ape­nas una que otra vez, como por estu­dio, sino que debe­ría hacerlo objeto de una cam­paña, de esas cam­pa­ñas que la prensa sabe hacer con insis­ten­cia demo­le­dora cuando quiere difa­mar a alguna per­sona “non grata” para el “cuarto poder”.

Sin embargo es un asunto de vida o muerte, de liber­tad o tira­nía, de bie­nes­tar gene­ral o de mise­ria gene­ra­li­zada, de pri­ma­cía de la jus­ti­cia o de domi­nio de la iniqui­dad. ¿Cual es el asunto? Nada más y nada menos que el jui­cio polí­tico a la supuesta pre­si­dente de la Nación, única manera de for­zar legal­mente su salida del poder que usurpa y desde el cual, ella, sus men­to­res y cóm­pli­ces estan des­tru­yendo el país.

Todos los demás asun­tos en los cua­les abunda la “prensa opo­si­tora” son pró­lo­gos del jui­cio polí­tico, con­clu­sión nece­sa­ria de las pre­mi­sas que esa misma prensa esta expo­niendo dia­ria­mente. Sin esa con­clu­sión, las pre­mi­sas no son más que ensa­yos ener­van­tes de apa­rien­cia opo­si­tora. ¿Cual sería la crí­tica lite­ra­ria que mere­ce­ría un autor cuyo libro se com­pu­siera exclu­si­va­mente de suce­si­vos e inter­mi­na­bles pró­lo­gos sin entrar jamás en materia?

El art. 53 de la Cons­ti­tu­ción (ver­sión 1994), en el Capí­tulo refe­rente a las facul­ta­des de la Cámara de Dipu­tados, dice así:

“Sólo ella ejerce el dere­cho de acu­sar ante el Senado al pre­si­dente, vice­pre­si­dente, al jefe de gabi­nete de minis­tros, a los minis­tros y a los miem­bros de la Corte Suprema, en las cau­sas de res­pon­sa­bi­li­dad que se inten­ten con­tra ellos, por mal desem­peño o por delito en el ejer­ci­cio de sus fun­cio­nes; o por crí­me­nes comu­nes, des­pués de haber cono­cido de ellos y decla­rado haber lugar a la for­ma­ción e causa por la mayo­ría de dos ter­ce­ras par­tes de sus miem­bros presentes.”

Hay varias cau­sas gra­ves desde hace tiempo como para ini­ciarle jui­cio polí­tico a la Sra. de Kir­ch­ner. Ya el 17 de Febrero 2010 he dado una lista de algu­nas de ellas en el nro. 955 de este perió­dico, al cual me remito “bre­vi­ta­tis causa” (www. labo­te­llaal­mar. com). Ade­más, allí he expli­cado por qué su acceso al cargo pre­si­den­cial ha sido una clara usur­pa­ción mediante un acto de fuerza en abierta vio­la­ción del art. 36 de la Cons­ti­tu­ción, por lo cual es nulo de nuli­dad abso­luta como lo son tam­bién, con­se­cuen­te­mente, todos los decre­tos que ha dic­tado y los nom­bra­mien­tos que ha hecho.

Desde enton­ces se han agre­gado nue­vas cau­sa­les para su des­ti­tu­ción de las cua­les se ocupa dia­ria­mente la prensa aun­que, lamen­ta­ble­mente, sin sacar nunca la con­se­cuen­cia lógica y nece­sa­ria de que es urgente ini­ciarle jui­cio polí­tico. Entre esas cau­sa­les está la de difi­cul­tar la salida del país, usar el poder fis­cal para per­se­guir opo­si­to­res y fomen­tar leyes repul­si­va­mente inmo­ra­les como el “homo­no­mio”, sin olvi­dar que en mate­ria de corrup­ción admi­nis­tra­tiva la Sra. Kir­ch­ner y sus fun­cio­na­rios están batiendo todos los días todos los records.

Es tal la incohe­ren­cia que hay entre las acu­sa­cio­nes y la pasi­vi­dad frente a la per­ma­nen­cia en el cargo que usurpa la Sra. de Kir­ch­ner que no se puede menos que sos­pe­char que esos ata­ques de la prensa no son hones­tos ni cons­ti­tu­yen el ejer­ci­cio sin­cero del deber de infor­mar del que tanto se ufanan.

Es cierto que gra­cias al gigan­tesco fraude de Octu­bre del 2011 los “kir­ch­ne­ris­tas” tie­nen una mayo­ría (nula por frau­du­lenta) en el Con­greso. Es cierto, peor aún, que los par­ti­dos de “opo­si­ción” tuvie­ron mayo­ría desde el 2009 hasta el 2011 pero ni siquiera inten­ta­ron cum­plir su deber de acu­sar a la pseudo-presidente con­forme lo esta­blece el artículo 53 de la Cons­ti­tu­ción. Es cierto, para colmo, que tanto el “kir­ch­ne­rismo” como la “opo­si­ción” han insi­nuado un alza­miento con­tra nues­tra Cons­ti­tu­ción al repu­diar en forma arbi­tra­ria la des­ti­tu­ción del ex-Presidente para­guayo, por jui­cio polí­tico ini­ciado y sen­ten­ciado por el Con­greso para­guayo con­forme lo esta­blece la Cons­ti­tu­ción de ese país. Si repu­dia­ron el legí­timo ejer­ci­cio del poder cons­ti­tu­cio­nal del Con­greso del país vecino de des­ti­tuir a un pre­si­dente indigno, es claro que los polí­ti­cos de aquí están dando enten­der que no tie­nen la menor inten­ción de defen­der el dere­cho de los argen­ti­nos a verse libe­ra­dos de un gobierno que desde hace rato está fuera de la ley.

Pero aún así, si la prensa supues­ta­mente crí­tica fuera leal a la Cons­ti­tu­ción, debe­ría haber empe­zado hace rato a exi­gir el jui­cio polí­tico de la Sra. Kir­ch­ner y antes, del difunto Kir­ch­ner que era cul­pa­ble de análo­gas ile­ga­li­da­des. Ni siquiera el tan admi­rado Lanata hace eso.

Se dice que la prensa es el “cuarto poder”. Es ver­dad, para bien o para mal, gene­ral­mente para mal. Este “cuarto poder” es impor­tante en este momento por­que los otros tres pode­res están usur­pa­dos por el “kir­che­rismo” de una manera más o menos clara y total. Si es ver­dad que la prensa es inde­pen­diente, debe­ría suplir ese vacia­miento de la Cons­ti­tu­ción que deja a la pobla­ción inerme frente a los atro­pe­llos del poder y debe­ría usar su poder para defen­der el Dere­cho y recla­mar a la Cámara de Dipu­tados que cum­pla con su deber.

La prensa podría expli­car cómo fun­ciona el sis­tema repu­bli­cano cuando un pre­si­dente viola la ley, des­atiende dolo­sa­mente sus obli­ga­cio­nes dejando que el país caiga en el caos social con un espan­toso aumento de la delin­cuen­cia cri­mi­nal, oprime al pue­blo y, peor aún, ame­naza “ir por todo”, es decir, aca­bar con las ins­ti­tu­cio­nes y, dadas su ideo­lo­gía y sus alian­zas con tira­nías comu­nis­tas como la de Cuba y de Vene­zuela, con la inten­ción de implan­tar un Estado marxista-leninista en el que habrán des­a­pa­re­cido los dere­chos indi­vi­dua­les, entre ellos el de pro­pie­dad pri­vada y las liber­ta­des más elementales.

Ade­más de expli­car todo esto, la prensa debe­ría con­cien­ti­zar a la pobla­ción sobre el dere­cho que le asiste a ser libe­rada del fla­gelo de un gobierno cuyas carac­te­rís­ti­cas tirá­ni­cas van en un “cres­cendo” ominoso.

Esa tarea es esen­cial para que la gente se dé cuenta de su dere­cho a pro­tes­tar mediante “cace­ro­la­zos” y mar­chas, como lo ha hecho hasta ahora en forma espo­rá­dica y desorganizada.

Esas mani­fes­ta­cio­nes serían mucho mayo­res y más efi­ca­ces si la prensa cola­bo­rara anun­ciando los días, horas y luga­res y si les diera cabida a quie­nes orga­ni­zan esos actos.

Dar la noti­cia “a pos­te­riori” cuando no se tiene más reme­dio por la enor­mi­dad de una mar­cha como la del 13 de Sep­tiem­bre es mejor que nada, pero no es sufi­ciente por­que la tira­nía ha cerrado filas y tiene toda­vía todo el poder en la mano.

Lo temi­ble para la tira­nía sería darse cuenta que la prensa está dis­puesta a difun­dir las nue­vas con­vo­ca­to­rias y los nom­bres y pala­bras de sus orga­ni­za­do­res. Eso sí haría tem­blar las bases del poder ile­gí­timo que nos oprime por­que las mar­chas serían mayo­res, mejor orga­ni­za­das y cen­tra­rían sus recla­mos en el jui­cio polí­tico que cor­tara de raíz todos los abu­sos de que hoy se que­jan con jus­ti­cia los manifestantes.

El país está en un enorme peli­gro de aca­bar como Cuba. No hay quien pueda negar que la Cons­ti­tu­ción está siendo vio­lada todos los días de una manera fla­grante, que el poder se con­cen­tra cada vez más en manos del Eje­cu­tivo, que los otros dos pode­res son sus sir­vien­tes, que la “opo­si­ción” no es con­fia­ble ya sea por­que com­parte la ideo­lo­gía de izquierda del “kir­ch­ne­rismo” y lo apoya en su deriva hacia el Estado socia­lista o por­que son opor­tu­nis­tas sin prin­ci­pios. Entre estos últi­mos están los “pero­nis­tas disi­den­tes” y el “cen­trismo” tipo “pro” o tipo “Carrió”.

Y lo peor es que la tarea no acaba con la legí­tima des­ti­tu­ción de la Sra. de Kir­ch­ner y de sus minis­tros por­que la suce­de­ría Bou­dou o, peor aún, la sena­dora Alpe­ro­vich, que es un per­so­naje nefasto. La tarea debe­ría seguir hasta que el requi­sito de ido­nei­dad moral e inte­lec­tual del art. 16 de la CN se cum­pla en todos los car­gos de los tres pode­res. Tarea cicló­pea, pero indis­pen­sa­ble. Hay gente buena de sobra en el país para ocu­par esos car­gos, pero la “diri­gen­cia” corrupta e inepta no la deja ni acercarse.

Ante la falen­cia de todas las ins­ti­tu­cio­nes y de todos los polí­ti­cos, si la prensa no asume el gra­ví­simo deber que le cabe en esta hora cre­pus­cu­lar de la Patria, debe­re­mos reco­no­cer que esta­mos libra­dos a nues­tras pro­pias fuer­zas y que de aquí en ade­lante debe­re­mos defen­der­nos y defen­der la Jus­ti­cia como poda­mos, siem­pre den­tro de las nor­mas para casos excep­cio­na­les que hay en la pro­pia Constitución.

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