Testamento político del General Jorge Videla

 

Ante el reciente falle­ci­miento del ex Teniente Gene­ral y Pre­si­dente de la Repú­blica Argen­tina, Jorge Rafael Videla, res­ca­ta­mos del olvido un docu­mento de gran rele­van­cia histórica.

Se trata de la decla­ra­ción que el gene­ral leyó en la ciu­dad de Cór­doba el 16 de sep­tiem­bre de 2010 en un tri­bu­nal kirchner-montonero. Asi­mismo, las pala­bras del coro­nel Nico­lás Rodri­guez Peña que el acu­sado citó, cons­ti­tu­yen el más pre­ciso Epi­ta­fio que pudiera escri­birse para resu­mir la tarea o misión que la his­to­ria asignó a las Fuer­zas Arma­das, y al gene­ral Videla en par­ti­cu­lar, en la com­pleja y trá­gica década setenta del siglo XX.

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Señor Pre­si­dente:

Con el debido res­peto a su inves­ti­dura, me dirijo a Ud. como Pre­si­dente de este Tri­bu­nal, pero con el deseo de lle­gar a mis con­ciu­da­da­nos y, en par­ti­cu­lar, a mis jóve­nes cama­ra­das del Ejér­cito, que no han vivido lo que es mate­ria de este jui­cio y resul­tan víc­ti­mas pro­pi­cias para ser con­fun­di­dos y engañados.

No soy yo quién debe decirle a Ud. que la inda­ga­to­ria, así como su amplia­to­ria de la que estoy haciendo uso, son ins­tru­men­tos jurí­di­cos en bene­fi­cio del ejer­ci­cio de la legí­tima defensa en juicio.

Pues bien, no he venido hoy a defen­derme ante un Tri­bu­nal al que ni la Cons­ti­tu­ción Nacio­nal, ni las Leyes nacio­na­les ni inter­na­cio­na­les incor­po­ra­das a ella le reco­no­cen com­pe­ten­cia para juz­garme; menos aún para juz­garme por hechos ya juz­ga­dos en la Causa 13/84, lla­mada de los Coman­dan­tes, por la que cum­plo injusta con­dena a reclu­sión per­pe­tua, desde el mes de diciem­bre de 1985, con la acce­so­ria de des­ti­tu­ción e inha­bi­li­ta­ción abso­luta y perpetua.

Tam­poco he venido hoy a defen­der a quie­nes fue­ron mis subor­di­na­dos durante la Gue­rra interna librada por la Nación Argen­tina con­tra el terro­rismo sub­ver­sivo; para ello están la valen­tía y el coraje con que lo hacen los pro­pios intere­sa­dos, acom­pa­ña­dos por la bri­llante defensa téc­nica que rea­li­zan sus abo­ga­dos defen­so­res casi a dia­rio, dando ejem­plo de espí­ritu de ser­vi­cio para con sus asis­ti­dos y de soli­da­ri­dad para con sus cole­gas; ello quedó pal­ma­ria­mente demos­trado en el tra­ta­miento de la Recu­sa­ción al Vocal de este Tri­bu­nal Dr. Pérez Villalobos.

He venido sí, a hon­rar mis res­pon­sa­bi­li­da­des cas­tren­ses asu­mi­das en ple­ni­tud, res­pecto de lo actuado por el Ejér­cito en la gue­rra ya citada, orde­nada por un Gobierno cons­ti­tu­cio­nal en pleno ejer­ci­cio de sus facul­ta­des, único caso en la región, que cul­mi­nara con una vic­to­ria posi­bi­li­tada por el apoyo mayo­ri­ta­rio del pue­blo argentino.

Sr. Pre­si­dente: hace ya dos meses que, en forma insis­tente y reite­rada, veni­mos escu­chando tes­ti­mo­nios poco espon­tá­neos y hasta tea­tra­li­za­dos que, a tra­vés de una repe­ti­ción sis­te­má­tica de acu­sa­cio­nes fala­ces, cen­tra­das en dos de los acu­sa­dos a los cua­les se pre­tende ridi­cu­li­zar con apo­dos y extra­va­gan­cia en el ves­tir, apun­tan en el fondo al des­pres­ti­gio del Ejér­cito, usando meto­do­lo­gías gramscianas.

Todos los tes­ti­gos a su vez, se pre­sen­tan como víc­ti­mas, cuando el común deno­mi­na­dor que los une es haber per­te­ne­cido al terro­rismo, tal como está debi­da­mente com­pro­bado por los ante­ce­den­tes pena­les que se han agre­gado a la causa.

Final­mente, el agra­vio a la ins­ti­tu­ción Ejér­cito Argen­tino ha lle­gado a tal grado de insen­sa­tez, que no ha fal­tado quién la cali­fi­cara de “aso­cia­ción ilícita”.

Me opongo ter­mi­nan­te­mente a tal cali­fi­ca­tivo, que pre­su­pone que la aso­cia­ción ilí­cita pueda ser la nor­mal rela­ción entre el que manda y el que obe­dece, cuando en reali­dad dicha rela­ción no puede ser otra que la subordinación.

Subor­di­na­ción no es obe­dien­cia ciega al capri­cho del que manda. Subor­di­na­ción es obe­dien­cia cons­ciente a la volun­tad del supe­rior, en fun­ción de un obje­tivo que está por encima del que manda y del que obe­dece –en nues­tro caso la legí­tima defensa de la nación agre­dida– en vir­tud del cual el mando deja de ser arbi­tra­rio y la obe­dien­cia se ennoblece.

No, Sr. Pre­si­dente, no pode­mos equi­vo­car­nos en andar bus­cando un Ejér­cito bueno y un Ejér­cito malo. Ejér­cito hay uno solo: el de las Gue­rras por la Inde­pen­den­cia; el de la Reor­ga­ni­za­ción Nacio­nal; el de los Héroes y Már­ti­res con­tem­po­rá­neos; el que contó entre sus filas a mi padre y a tres de mis hijos y cuenta hoy con uno de mis nie­tos; el que tuve el honor de coman­dar; el de ayer, el de hoy y el de siem­pre, con sus vir­tu­des y defec­tos, per­ma­nen­te­mente al ser­vi­cio de la Nación, como ins­ti­tu­ción fun­da­men­tal de la República.

Es a ese Ejér­cito, al que repre­sento en estas cir­cuns­tan­cias, al que quiero des­agra­viar, denun­ciando una cam­paña sis­te­má­tica de des­pres­ti­gio, con vis­tas a su des­truc­ción como Ins­ti­tu­ción de la Repú­blica, obje­tivo inter­me­dio para sub­ver­tir la Nación, al mejor estilo de Gramsci.

Tal vez Sr. Pre­si­dente, valga recor­dar una famosa frase de Nico­lás Rodrí­guez Peña que decía:

“Que fui­mos crue­les ¡vaya con el cargo! Mien­tras tanto, ahí tie­nen Uds. una Patria que no está en el com­pro­miso de serlo. La sal­va­mos como creía­mos que debía­mos hacerlo. ¿Hubo otros medios? Noso­tros no los vimos, ni creía­mos que con otros medios fué­ra­mos capa­ces de hacer lo que hici­mos. Arró­jen­nos la culpa al ros­tro, y gocen de los resul­ta­dos. ¡Noso­tros sere­mos los ver­du­gos, sean Uds. los hom­bres libres!”.*

Sr. Pre­si­dente: En tal sen­tido, que fui­mos crue­les nadie lo dude; sí, lo hici­mos en el marco de cruel­dad que impone toda gue­rra por su pro­pia natu­ra­leza; pero no fui­mos sádi­cos ni inte­gra­mos una aso­cia­ción ilícita.

Sr. Pre­si­dente: He ter­mi­nado mi expo­si­ción, gra­cias por escucharme.

*
En res­puesta a quie­nes con­de­na­ron el fusi­la­miento en 1810 del virrey Liniers y varios con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rios orde­nado por Mariano Moreno.

Fuente: Termidorianos

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