Baja inversión: se crean pocos empleos y aumenta el temor a perder los actuales.

El obje­tivo pri­ma­rio de una inver­sión de capital

La acu­mu­la­ción de capi­tal por parte de empre­sas o par­ti­cu­la­res tiene por obje­tivo prin­ci­pal la obten­ción de divi­den­dos o ren­tas, ya que la gene­ra­ción de pues­tos de tra­bajo no es una meta prio­ri­ta­ria de dicha acu­mu­la­ción, sino una con­se­cuen­cia, que es  sin duda bene­fi­ciosa desde un punto de vista social. Si ese capi­tal o esa renta, no se vuel­can a la inver­sión y, por el con­tra­rio, se man­tie­nen ate­so­ra­dos, no habrá crea­ción de empleo en núme­ros sig­ni­fi­ca­ti­vos. Resu­miendo, si las orga­ni­za­cio­nes eco­nó­mi­cas o los indi­vi­duos que dis­po­nen de capi­tal –o sea, de aho­rro acumulado-, no pro­du­cen uti­li­da­des o bien, pro­du­cién­do­las, sólo se limi­tan a ate­so­rar­las sin inver­tir­las en acti­vi­da­des pro­duc­ti­vas o sin vol­car­las al cir­cuito eco­nó­mico a tra­vés de los ban­cos, la eco­no­mía no cre­cerá o lo hará raquí­ti­ca­mente y, por lo tanto, no se gene­ra­rán nue­vos empleos.

Desde el año 2004 hasta prin­ci­pios de 2009, nues­tro país cre­ció a tasas harto sig­ni­fi­ca­ti­vas en su PBI, no sola­mente por los altos pre­cios inter­na­cio­na­les de sus pro­duc­tos pri­ma­rios, sino debido a otra causa impor­tan­tí­sima: la inver­sión externa e interna de capi­ta­les (sea que estu­vie­ran aho­rra­dos afuera o ate­so­ra­dos en “los col­cho­nes”); lo que dio lugar a tres con­se­cuen­cias alta­mente pro­ve­cho­sas para la eco­no­mía: a)  la recu­pe­ra­ción de pues­tos de tra­bajo, b) la repa­ra­ción del poder adqui­si­tivo del sala­rio y c) la reapa­ri­ción del cré­dito para con­sumo, sea para adqui­rir bie­nes indus­tria­les o domésticos.

Los gra­ves desa­cier­tos de la admi­nis­tra­ción kir­ch­ne­rista, agra­va­ron local­mente la cri­sis que en Europa se desatara a fines de 2008, y de la que toda­vía la mayor parte de sus miem­bros no se han recu­pe­rado. La vigente y poco ami­ga­ble polí­ticahacia los capi­ta­les extran­je­ros, la inten­si­fi­ca­ción de una fuerte pre­sión impo­si­tiva, y un osten­si­ble atraso cam­bia­rio, cons­ti­tu­yen tres fac­to­res que se con­ju­ga­ron para trans­for­mar un ciclo vir­tuoso en otro nocivo, si no en per­verso. Por­que por una razón u otra, en los últi­mos años los capi­ta­les han emi­grado, a la par que la codi­cia impo­si­tiva del gobierno res­trin­gió la remi­sión las uti­li­da­des y, ade­más aun­que no de menor impor­tan­cia, los dóla­res ate­so­ra­dos “en los col­cho­nes” con­tri­bu­ye­ron para agra­var la anemia del cir­cuito económico.

Con este pano­rama incierto, tanto la crea­ción de nue­vos pues­tos de tra­bajo, los reem­pla­zos de las vacan­tes que natu­ral­mente se pro­du­cen, como la uti­li­za­ción de las horas extras, se trans­for­ma­ron en una qui­mera. Y pro­du­cen algo muy grave en tér­mi­nos de psi­co­lo­gía social: la apren­sión hacia la poten­cial pér­dida del empleo y a su con­se­cuente temor a nue­vos endeu­da­mien­tos. Estos fac­to­res aten­tan con­tra un razo­na­ble grado de satis­fac­ción o feli­ci­dad social. Y es del caso con­sig­nar que, según estu­dios rea­li­za­dos en toda Lati­noa­mé­rica por Kan­tar Group, para una mayo­ría de la pobla­ción el “máximo grado de infe­li­ci­dad” se pro­duce cuando se está des­em­pleado[1].

 Dudas con las esta­dís­ti­cas ofi­cia­les sobre empleo

Tal como ocu­rre con la medi­ción de la infla­ción o con el cálculo del PBI, en mate­ria de tra­bajo y des­em­pleo sur­gen fun­da­das dudas con los núme­ros ofi­cia­les pro­du­ci­dos por el Indec. Se deno­mina Tasa de Empleo[2] a la cal­cu­lada como un “por­cen­taje entre la pobla­ción ocu­pada y la pobla­ción total”. Es decir, que sus datos no están supe­di­ta­dos a la inten­ción de los encues­ta­dos –que, a veces, ocul­tan su ver­da­dera situa­ción labo­ral– ni tam­poco al sesgo indu­cido de los encues­ta­do­res o de quie­nes dise­ña­ron el cues­tio­na­rio. Vea­mos cómo se com­por­ta­ron las cifras de empleo y des­em­pleo en los últi­mos 11 años (para los meses de mayo, en el 2° tri­mes­tre de cada año):

       Año           Acti­vi­dad         Empleo    Desocu­pa­ción  Subocu­pa­ción         

           2003                45,6                 37,4                 17,8 17,8

                        2004                46.2                 39,4                 10,7 15,2

                        2005                45,6                 40,1                 12,1 12,7

                        2006                46,7                 41,8                 10,4 12,0

                        2007                46,3                 42,2                   8,5 7,1

                        2008                45,9                 42,2                   8,0 8,5

                        2009                45,9                 41,8                   8,8 10,6

                        2010                46,1                 42,5                   7,9 9,8

                        2011                46,6                 43,2                   7,3 8,4

                        2012                46,2                 42,8                   7,2 9,4

                        2013                46,4                 43,1                   7,2 9,7

Es decir, desde 2003 a 2013, entre pun­tas, la tasa de empleocre­ció un 15% –o sea, un 1,4% por año– mien­tras que la tasa de desocu­pa­ción cayó en ese mismo lapso un 60% (desde el 17,8% al 7,2%), es decir, a razón de un 5,45% anual, lo que pare­ciera un poco incon­gruente. Si bien es cierto que la tasa de empleo se mide en fun­ción de la pobla­ción total mien­tras que la tasa de desocu­pa­ción se cal­cula en fun­ción de la pobla­ción eco­nó­mi­ca­mente activa[3], cree­mos que es serio, pro­fe­sio­nal­mente hablando, des­con­fiar de los datos del Indec, dado que la cuan­tía de la “pobla­ción eco­nó­mi­ca­mente activa” surge de una inter­pre­ta­ción del encues­ta­dor (o sea que, si se sube arbi­tra­ria­mente su tamaño, enton­ces se redu­cirá el por­cen­taje de la tasa de desocu­pa­ción), mien­tras que las cifras de “pobla­ción total” obvia­mente no pue­den ser alte­ra­das. Por otro lado, los valo­res de des­em­pleo están tam­bién dilui­dos por el cómputo de  diver­sos pla­nes de sub­si­dios, ya que se con­si­dera que sus bene­fi­cia­rios son “emplea­dos” a pesar de no estarlo, por lo que –según Cla­rín[4]– la cifra  de 7,2% de la última medi­ción subiría –si se los exclu­yera– al 16,8%. Asi­mismo, la cifra tam­bién está des­di­bu­jada por la crea­ción de empleo público nacio­nal, pro­vin­cial o muni­ci­pal, lo que genera un espe­jismo ocu­pa­cio­nal, pues en gran medida esos empleos son de bají­sima productividad.

Un tema que merece des­ta­carse como fac­tor agra­vante de la desocu­pa­ción, es el del enve­je­ci­miento de la pobla­ción. El tema de la jubi­la­ción y la lon­ge­vi­dad no es menor, sobre todo si quien se jubila con­ti­núa tra­ba­jando, dado que le resta vacan­tes dis­po­ni­bles a las nue­vas gene­ra­cio­nes que se incor­po­ran al mer­cado de tra­bajo. Obsér­vese el ejem­plo de EE.UU., que tuvo un incre­mento expo­nen­cial de jubi­la­dos desde 1920 a la fecha, cuando la expec­ta­tiva de vida pro­me­dio de los nor­te­ame­ri­ca­nos era entre 55 y 60 años, y que en la actua­li­dad es entre 70 a 74 años[5]. Y en nues­tro país, tene­mos los casos de las muje­res que se jubi­lan a los 60 años en lugar de hacerlo a los 65, pese a su mayor longevidad.

Cam­bio tec­no­ló­gico, riqueza eco­nó­mica y gene­ra­ción de empleos

Como es sabido, el cam­bio tec­no­ló­gico pro­duce alte­ra­cio­nes impor­tan­tes en la estruc­tura de la mano de obra. En nues­tro país, en la década del 40, los tra­ba­ja­do­res mejor pagos eran los ferro­via­rios, segui­dos por los emplea­dos de comer­cio y, luego, por emplea­dos de algu­nas empre­sas de ser­vi­cios. Hoy, los emplea­dos mejor retri­bui­dos son aque­llos espe­cia­li­za­dos en las nue­vas tec­no­lo­gías (ope­ra­do­res de grúas o con­duc­to­res de camio­nes, por ejem­plo). Fun­da­men­tal­mente, por­que se les requie­ren mejo­res des­tre­zas para mane­jar­las y, en segundo tér­mino, por­que la inci­den­cia de la mano de obra en las indus­trias o ser­vi­cios de alta tec­no­lo­gía es mucho más baja que en los sec­to­res tra­di­cio­na­les (por eso, un meta­lúr­gico de una ace­ría, por ejem­plo, puede ganar mucho más que otro que tra­baje en un pequeño taller de ese mismo sec­tor meta­lúr­gico). Si Hugo Moyano, en lugar del gre­mio de camio­ne­ros fuera un diri­gente del sin­di­cato de made­re­ros, por ejem­plo –y por muy com­ba­tivo que fuere en su ges­tión sindical-, jamás podría con­se­guir nive­les de remu­ne­ra­cio­nes cer­ca­nos a los alcan­za­dos por su gre­mio, bene­fi­cia­rio directo de la sus­ti­tu­ción del ferro­ca­rril por los camiones.

Cuando incor­po­ra­mos tec­no­lo­gía, algu­nas veces logra­mos ganar tiempo, o alcan­za­mos a aumen­tar la can­ti­dad pro­du­cida o bien, a mejo­rar cali­dad de los pro­duc­tos y ser­vi­cios, pero en otros casos, la tec­no­lo­gía sí per­mite reem­pla­zar al tra­bajo humano. Por lo tanto, no puede afir­marse que aque­lla siem­pre mejora la pro­duc­ti­vi­dad labo­ral, por­que lo que muchas veces se mejora con la apli­ca­ción de esas nue­vas tec­no­lo­gías, es la pro­duc­ti­vi­dad de la orga­ni­za­ción en su con­junto, y no la de su mano de obra. O sea, este pro­ceso de incor­po­rar bie­nes de capi­tal o de una más moderna tec­no­lo­gía –cuyas con­se­cuen­cias no siem­pre son fáci­les de per­ci­bir o de ais­lar contablemente-, muchas veces, puede incre­men­tar la ren­ta­bi­li­dad total de la empresa, aun­que no nece­sa­ria­mente mejo­rar la pro­duc­ti­vi­dad de la mano de obra que ella ocupa. Por eso, opo­nerse a las inno­va­cio­nes tec­no­ló­gi­cas para poder garan­ti­zar la con­ti­nui­dad de los empleos es un error insos­te­ni­ble en el tiempo, tal como se demos­tró con la resis­tida intro­duc­ción de los tela­res mecá­ni­cos en Man­ches­ter, hace casi un siglo y medio.

La legis­la­ción para la “pro­tec­ción” del empleo y otras regla­men­ta­cio­nes estatales

De todos los paí­ses per­te­ne­cien­tes a la OCDE, España, Fran­cia, Gre­cia y Por­tu­gal, en ese orden, son los que más “pro­te­gen” legal­mente la esta­bi­li­dad en el empleo. Claro, ello fue posi­ble desde la adop­ción del € hasta que la situa­ción explotó en el año ante­rior. Y, como todos sabe­mos, la mayo­ría de los empleos son gene­ra­dos en todo el mundo por las Pyme, que son pre­ci­sa­mente las que sufren con mayor inten­si­dad los incre­men­tos lega­les de cos­tos labo­ra­les, ya que ellas care­cen de los bene­fi­cios que se obtiene por la apli­ca­ción de una tec­no­lo­gía más cos­tosa que no está a su alcance, o bien, no se bene­fi­cian con los aho­rros pro­du­ci­dos por la eco­no­mía de escala.

No es tan cierto que una eco­no­mía prós­pera alcance sufi­cien­te­mente como para man­te­ner la popu­la­ri­dad de un gobierno eco­nó­mi­ca­mente exi­toso, si ella –al mismo tiempo– no per­mite crear nue­vos empleos en can­ti­dad sufi­ciente para todos los que los están bus­cando tra­bajo, o para los jóve­nes que se incor­po­ran al mer­cado labo­ral. Lo saben de sobra las pobla­cio­nes cer­ca­nas a donde se desa­rro­lla una intensa acti­vi­dad minera o petro­lera, o a aque­llos luga­res en donde se tra­baja úni­ca­mente durante una zafra anual. Crear riqueza, no es sufi­ciente para la gene­ra­ción de pues­tos tra­bajo. Es una con­di­ción nece­sa­ria, aun­que insu­fi­ciente. Plante usted un monte de euca­lip­tos y, des­pués de dos o tres déca­das, habrá valo­ri­zado feno­me­nal­mente su capi­tal ini­cial pero, ¿cuán­tos pues­tos de tra­bajo se habrán gene­rado en todo ese tiempo? Una sim­ple pana­de­ría los habrá creado en mayor medida.

Por otra parte, cuando las auto­ri­da­des intro­du­cen regla­men­ta­cio­nes que incre­men­tan los cos­tos labo­ra­les, muchas veces no razo­nan equi­li­bra­da­mente sobre las con­se­cuen­cias que esas dis­po­si­cio­nes gene­ra­rán en el mediano plazo. Ello cons­ti­tuye un fuerte aci­cate para que los empre­sa­rios que habrán de enfren­tarse a esos mayo­res cos­tos, bus­quen mejo­rar su ecua­ción eco­nó­mica a tra­vés de mejo­ras en la pro­duc­ti­vi­dad no labo­ral de la empresa, de manera tal que com­pense la nece­sa­ria pér­dida de pro­duc­ti­vi­dad de la mano de obra, que se pro­du­cirá debido a la inci­den­cia de aque­llos mayo­res cos­tos. Vaya el ejem­plo de los pro­yec­tos legis­la­ti­vos de exten­der las licen­cias por mater­ni­dad –o aún ampliar­las al caso del cónyuge-, lo que redun­dará en menos opor­tu­ni­da­des empleo para muje­res en edad o con deseos de engen­drar hijos.

La inci­den­cia del fac­tor tra­bajo y la deca­den­cia de los sindicatos

Las esta­dís­ti­cas del Depar­ta­mento de Tra­bajo de EE.UU. demues­tran que el sala­rio pro­me­dio se man­tiene esta­ble en las últi­mas déca­das. Es muy cierto que, cuando el mismo se ajusta por la infla­ción usando el Índice de Pre­cios al Con­su­mi­dor, el sala­rio pro­me­dio por hora de los tra­ba­ja­do­res no super­vi­so­res –en ese país– ha man­te­nido más o menos el mismo valor. Pero no sólo durante tres déca­das. El sala­rio por hora pro­me­dio en dóla­res reales, se ha man­te­nido prác­ti­ca­mente sin cam­bios desde, al menos, el año 1964 –hace casi medio siglo-, cuando la Ofi­cina de Esta­dís­ti­cas Labo­ra­les (BLS) comenzó reportarlo.

La com­pe­ten­cia inter­na­cio­nal –tanto de China como de otros paí­ses– ha inci­dido sig­ni­fi­ca­ti­va­mente para ello. Otro fac­tor es –como diji­mos– la incor­po­ra­ción de tec­no­lo­gía. Por lo que, al decaer pau­la­ti­na­mente la inci­den­cia del tamaño y del costo de la fuerza labo­ral en todo tipo de empre­sas, se va tam­bién debi­li­tando la impor­tan­cia de la mano de obra como fac­tor de pre­sión. Esto pro­duce efec­tos tanto polí­ti­cos –dado que pau­la­ti­na­mente se reduce la gra­vi­ta­ción ins­ti­tu­cio­nal de los sin­di­ca­tos gre­mia­les, por más viru­len­cia que apliquen-, como eco­nó­mi­cos, dado que al dis­mi­nuir cada vez más la can­ti­dad de tra­ba­ja­do­res –que son, pre­ci­sa­mente, los con­tri­bu­yen­tes que sos­tie­nen a los sindicatos-, tam­bién cae la mag­ni­tud de las can­ti­da­des aportadas.

Asi­mismo, esto explica por­que el mito del fifty y fifty  no se cum­ple (si es ver­dad que alguna vez se cum­plió). Cuando vemos los altos índi­ces de des­em­pleo que esta­mos regis­trando los argen­ti­nos en los últi­mos 10 años, sole­mos atri­buir­los fun­da­men­tal­mente a erro­res come­ti­dos en las polí­ti­cas macro­eco­nó­mi­cas. Sin embargo, mucho más grave –en su inci­den­cia– que las erra­das polí­ti­cas macro­eco­nó­mi­cas imple­men­ta­das, pue­den resul­tar las regla­men­ta­cio­nes guber­na­men­ta­les que afec­tan la vida micro­eco­nó­mica, es decir, la mar­cha y el desa­rro­llo de las empre­sas y de sus tra­ba­ja­do­res. Por­que bus­cando pro­te­ger a estos últi­mos, se ter­mina por des­cui­dar­los, o bien, se acaba per­ju­di­cando a los nue­vos tra­ba­ja­do­res que se ten­drían que incor­po­rar a los cua­dros labo­ra­les que bus­can tra­bajo[6].

Según infor­mara en La Nación, Sil­via Stang, los últi­mos cálcu­los de la par­ti­ci­pa­ción de la masa sala­rial en el pro­ducto bruto mar­can una dis­tan­cia, des­fa­vo­ra­ble para los tra­ba­ja­do­res, de entre 7 y 12 pun­tos por­cen­tua­les –según sea la fuente que se con­sulte– a la pre­ten­dida dis­tri­bu­ción en par­tes igua­les de la renta. En las esti­ma­cio­nes del Indec, la última tasa  publi­cada fue del 43,6% de par­ti­ci­pa­ción, y corres­ponde al año 2008. Quie­nes estu­dian el mer­cado labo­ral coin­ci­den en que, desde enton­ces, no hubo cam­bios tales que sugie­ran que se amplió dicho por­cen­taje. Así, el  fifty-fifty actual, se iden­ti­fica más con una decla­ma­ción que con la lle­gada a una meta, que parece esquiva en la his­to­ria nacional.

Algo sig­ni­fi­ca­tivo anda mal en mate­ria de crea­ción de empleo. Como vimos, parte de esa caren­cia es fruto de una ten­den­cia mun­dial a una mayor pro­duc­ti­vi­dad, sea manual o tec­no­ló­gica. Pero, otra parte no menor se debe a la per­sis­ten­cia en polí­ti­cas y regla­men­ta­cio­nes anti­ca­pi­ta­lis­tas, que se basan en argu­men­tos loa­ble­mente soli­da­rios. Mien­tras tanto, vale la pena des­ta­car un párrafo de un reciente artículo de Luis Alberto Romero, en La Nación: “La pobreza se ha con­ver­tido en algo natu­ral. Lo que asom­bró en 2001, hoy forma parte del pai­saje coti­diano. Los mun­dos no están sepa­ra­dos. No sólo son frá­gi­les los lími­tes que unos quie­ren poner, con rejas o ser­vi­cios de vigi­lan­cia. Tam­bién han sur­gido quie­nes sacan su bene­fi­cio, haciendo nego­cios o polí­ti­cas. El pues­tero de La Salada o el pun­tero barrial, al igual que el dea­ler, son esla­bo­nes de cade­nas que lle­van muy lejos, y unen, a su manera, los mun­dos escin­di­dos. Un aná­li­sis cui­da­doso des­ta­ca­ría los múl­ti­ples con­tac­tos entre ambas Argen­ti­nas. Pero una buena foto­gra­fía basta para con­ven­cer­nos de que la bre­cha existe. Hoy, efec­ti­va­mente, hay dos Argen­ti­nas”[7]⌂.

[1] Rea­li­zado por Kan­tar Latam Group,  diri­gido por la soció­loga Marita Carvallo.

[2] Es cal­cu­lada como un por­cen­taje entre pobla­ción ocu­pada y la pobla­ción total. http://​indec​.com​.ar/​i​n​d​e​c​.​g​o​v​.​a​r​.​htm

[3] Aque­llos que tie­nen una ocu­pa­ción o que, sin tenerla, la están bus­cando acti­va­mente. Su tamaño puede verse alte­rado por dife­ren­tes cau­sas que la redu­cen, por ejem­plo can­ti­dad de per­so­nas que estu­dian, o bien, que la incre­men­tan (como una mayor longevidad).

[4] Cla­rín, 17-09-2013.

[5] “La era del enve­je­ci­miento”, por George Mag­nus, Edi­to­rial Océano, 2011.

[6] Informe Labo­ral N° 19, Grupo Ser­vi­ce­men, agosto 2005.

[7] “La otra gran fac­tura que divide al país: ricos y pobres”, por Luis Alberto Romero, La Nación, 04.02.2013.

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