Cristina intentará una maniobra de incierto final

 

En polí­tica, la lógica y el sen­tido común no siem­pre mar­chan de la mano. En el caso de Cris­tina Kir­ch­ner, esta falen­cia es más que noto­ria y forma parte del actual estado de cosas en el país. Si le agre­ga­mos el tem­pe­ra­mento fogoso y agre­sivo del que hace gala la viuda y su par­ti­cu­lar visión de la reali­dad, ten­dre­mos una receta per­fecta para enten­der lo que sucede y, tal vez, de lo que suce­derá.

Ahora, a esca­sas sema­nas de las elec­cio­nes par­cia­les, cuando todos los pre­sa­gios ade­lan­ta­dos con las PASO indi­can que el kir­ch­ne­rismo sufrirá una derrota de pro­por­cio­nes hasta tal punto que podría sig­ni­fi­car su vir­tual desa­pa­ri­ción de la escena, la pre­si­dente de la ex Repú­blica piensa seria­mente en su futuro polí­tico. Más aún, una de las alter­na­ti­vas que se eva­lúa en Oli­vos es de carác­ter ins­ti­tu­cio­nal y se podría poner en mar­cha ape­nas con­clu­yan los comi­cios. Para ello, el cris­ti­nismo aspira a que la dife­ren­cia de Insau­rralde con Ser­gio Massa en la pro­vin­cia de Bue­nos Aires no supere el 30 por ciento y que la derrota sea lo más digna posi­ble. Es decir, que el Frente para la Vic­to­ria pueda alcan­zar ese por­cen­taje de votos. El acento de la expec­ta­tiva kir­ch­ne­rista está puesto en ese dis­trito, habida cuenta que las encues­tas en el orden nacio­nal le dan un por­cen­taje muy por debajo de ese número.

Por supuesto, todo depen­de­ría del esce­na­rio elec­to­ral que resulte final­mente y sobre todo si Cris­tina se viera obli­gada a renun­ciar antes de con­cluir con el man­dato frente a la impo­si­bi­li­dad de gober­nar por falta de legis­la­do­res que res­pal­den su ges­tión y por la rebel­día de los gober­na­do­res que no acep­ta­rán el cen­tra­lismo dis­cre­cio­nal en mate­ria de dis­tri­bu­ción de recur­sos. La idea cen­tral del pro­yecto en cues­tión es pre­sen­tar su can­di­da­tura a la gober­na­ción de la pro­vin­cia de Bue­nos Aires para el 2015, aun­que no se desecha la alter­na­tiva de gene­rar una cri­sis con cierta ante­la­ción y mane­jar los tiem­pos y las posi­bi­li­da­des de otra manera. Cris­tina y sus acó­li­tos apre­cian que con ese prin­ci­pal dis­trito en sus manos podrían superar los esco­llos que le pon­dría quien estu­viera a cargo de la pre­si­den­cia de la Nación. En tal sen­tido, entien­den que podrían obte­ner legis­la­do­res nacio­na­les de otras pro­vin­cias y for­mar un blo­que durante un gobierno que debe­ría luchar con la difí­cil recons­truc­ción del Estado saqueado en medio de gran­des difi­cul­ta­des en el plano inter­na­cio­nal, donde habrá que refor­mu­lar la polí­tica exte­rior. Por supuesto, el cris­ti­nismo plan­tea la situa­ción con otras pala­bras y una óptica dife­rente, en espe­cial en lo refe­rente a la cali­fi­ca­ción que merece su famoso modelo, al que con­si­de­ran iné­dito en lo rela­tivo a la afir­ma­ción de prin­ci­pios sobe­ra­nos y acep­ta­ción popu­lar. Por supuesto, no se plan­tean el hecho de que están muy cerca de per­der el poder actual y el que espe­ran recomponer.

El tras­fondo que late en esta com­pleja pla­ni­fi­ca­ción es la nece­si­dad de fre­nar los inevi­ta­bles emba­tes que debe­rán sopor­tar por parte de la Jus­ti­cia, que ya inició un pro­ceso de acu­mu­la­ción de ante­ce­den­tes que no son úni­ca­mente los que corres­pon­den a Ricardo Jaime, Lázaro Báez o Cris­tó­bal López, por sólo men­cio­nar algu­nos casos casi ele­gi­dos al azar, pues como no lo igno­ran nues­tros lec­to­res, no hay acti­vi­dad eco­nó­mica donde la mano del kir­ch­ne­rismo no esté sucia con nego­cia­dos o con la orga­ni­za­ción de ano­ma­lías más gra­ves y con reper­cu­sión inter­na­cio­nal: el nar­co­trá­fico, por ejem­plo. Si hace­mos men­ción de esta temá­tica, se debe a que la nece­si­dad de pre­ser­varse hace que Cris­tina y quie­nes la rodean tran­si­ten por la vida polí­tica e ins­ti­tu­cio­nal mar­gi­nán­dose de la reali­dad pese a los temo­res que poseen.

Para con­cluir, debe­mos seña­lar que quie­nes saben que hoy por hoy es impo­si­ble ela­bo­rar pro­yec­tos pro­duc­ti­vos, cua­les­quiera sean éstos, tam­bién forma parte del pro­ceso que se viene encima, pues Cris­tina advierte que nada mejor para pre­pa­rar el terreno a sus ambi­cio­nes que apro­ve­char el plazo pos­te­rior a los comi­cios y cual­quiera sea su resul­tado, para poner el acento en Bue­nos Aires, dis­tri­buir fon­dos, sub­si­dios y pla­nes pre­pa­ra­to­rios de su can­di­da­tura y de paso, per­ju­di­cia­les para cual­quier gobierno nacio­nal que se pre­cie y se sienta capaz de enca­rar la recu­pe­ra­ción inte­gral de la Repú­blica. Y ya que esta­mos, ¿se ima­gi­nan a Cris­tina sen­tada en La Plata, a cargo de la gobernación?

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