Qué podrá suceder después de la derrota electoral

 

En reali­dad, Cris­tina tiene mala suerte y todas las cosas le salen mal. Nos refe­ri­mos a los meca­nis­mos de defensa que ensaya cada vez que quiere arre­glar uno de sus des­a­gui­sa­dos, cual­quiera sea su natu­ra­leza. Sea para corre­gir algún acto de gobierno, como acaba de suce­der con el blan­queo de capi­ta­les que, pese a su fra­caso, se insiste en su imple­men­ta­ción pro­lon­gán­dolo por tres meses adicionales.

Las con­tra­dic­cio­nes abun­dan y así, el pri­mer can­di­dato a dipu­tado nacio­nal por la pro­vin­cia de Bue­nos Aires, Insau­rralde, reco­noce que la eco­no­mía no mar­cha tan bien, que el INDEC debe vol­ver a ser lo que fue antes pese a Gui­llermo Moreno que, cuando se cree que cayó en des­gra­cia, resurge con más fuerza que antes y dis­cre­cio­nal­mente auto­riza o prohíbe la impor­ta­ción de con­te­ne­do­res con pro­duc­tos indis­pen­sa­bles para la indus­tria nacio­nal, impe­dida de pla­ni­fi­car su pro­duc­ción, todo un tema que viene a demos­trar que se ha per­dido la mínima coor­di­na­ción indis­pen­sa­ble para lle­var ade­lante cual­quier pro­yecto en la mate­ria. A esta altura de las cir­cuns­tan­cias, lo comen­tado apa­rece como una cues­tión menor, mien­tras los gran­des pro­ble­mas pare­cen haberse aquie­tado a la espera de los comi­cios de fin de octu­bre que con­voca el des­plie­gue de can­di­da­tos y pre­can­di­da­tos, donde las ope­ra­cio­nes de pases, sumas y res­tas parece ser lo único que les interesa a nues­tros polí­ti­cos. Si nos dete­ne­mos unos segun­dos en este com­po­nente del esce­na­rio, debe­mos coin­ci­dir en que es muy poco –o casi nada– lo que sabe­mos del pen­sa­miento de quien ya sabe­mos que resul­tará ele­gido en medio de los aplau­sos de quie­nes se ase­gu­ra­ron un amigo o un buen con­tacto en las altas esferas.

Todo se repite con un cierto abu­rri­miento, excepto por algu­nos datos que nos dicen que ha comen­zado un pro­ceso de dis­per­sión en el pero­nismo, que ya no es el par­tido mono­lí­tico del pasado. Dis­tin­tos gru­pos de cen­tro dere­cha se dispu­tan una heren­cia que ya ha sido gas­tada y se asiste a fal­sas opo­si­cio­nes como acaba de suce­der con la vota­ción del dibu­jado pre­su­puesto, que logró apo­yos ines­pe­ra­dos por parte de cier­tos sec­to­res, como el que res­ponde a los pun­ta­nos Rodrí­guez Saá, que con­tri­bu­ye­ron con la pre­sen­cia de sus dipu­tados en el recinto a lograr el quó­rum que per­mi­tió la vota­ción de los núme­ros dis­pa­ra­ta­dos y las fal­si­fi­ca­cio­nes que pro­fun­di­za­rán la cri­sis. Lo sos­te­ne­mos hoy y lo repe­ti­re­mos mañana, que este pre­su­puesto difi­cul­tará los ajus­tes que suce­de­rán con la inevi­ta­ble com­pli­ca­ción social que augura el enne­gre­ci­miento de la tor­menta que ya se vive. Con los radi­ca­les, las cosas son rela­ti­va­mente dis­tin­tas. Es cierto que hay un leve resur­gi­miento del viejo par­tido que llenó de espe­ran­zas a can­sa­dos diri­gen­tes, sobre todo en Bue­nos Aires y Santa Fe, año­ran­zas en los vir­tual­mente jubi­la­dos en la Capi­tal Fede­ral y fes­te­jos anti­ci­pa­dos en otros dis­tri­tos como Men­doza, por ejem­plo, donde la figura de Cobos, empu­jada por el papel cum­plido durante la cri­sis del campo, se extiende más allá de los lími­tes pro­vin­cia­les. Como mal ejem­plo de un viejo pecado, pode­mos citar el sen­tido prag­má­tico de algún otro radi­cal como Leo­poldo Moreau, cuyo agudo olfato cre­ma­tís­tico lo acercó al kir­ch­ne­rismo, que no sabe qué hacer con él.

Hay nom­bres nue­vos que se han lan­zado a las pis­tas para res­pon­der a la con­vo­ca­to­ria de los inten­den­tes que defien­den sus feu­dos con dien­tes y uñas y con­for­man la base de un anda­miaje que viene a deter­mi­nar el gran juego de la polí­tica que ha des­cen­dido varios pel­da­ños en su con­for­ma­ción. Ya no son las ideas o los gran­des pro­yec­tos, ni la inter­pre­ta­ción de cuál debe ser el rol de la Argen­tina en el mundo o cómo deben ser las pau­tas for­ma­ti­vas de las nue­vas gene­ra­cio­nes o qué debe hacerse para ase­gu­rar el apro­vi­sio­na­miento y pro­duc­ción de ener­gía para el cre­ci­miento, sino las nece­si­da­des de los pun­te­ros que en muchos casos des­atien­den la admi­nis­tra­ción de los lupa­na­res –los pro­pios o los de un juez cono­cido e ideo­lo­gi­zado– que hoy día son deter­mi­nan­tes en la for­ma­ción de agru­pa­cio­nes y líneas inter­nas, mediante un pro­ceso que des­ca­li­fica la polí­tica argen­tina sig­nada por la ausen­cia deses­pe­rante de líde­res genui­nos y des­ta­ca­dos. Como tras­fondo de este pano­rama, impo­si­ble de ago­tar con lo que deja­mos dicho por­que merece un tra­ta­miento más pro­fundo que sepa con­te­ner el vér­tigo de los cam­bian­tes y escan­da­lo­sos acon­te­ci­mien­tos, apa­rece la vio­len­cia que viene a que­rer defi­nir las disi­den­cias par­ti­da­rias –inter­nas y exter­nas– carac­te­ri­zán­do­las como ocu­rre en socie­da­des menos avan­za­das o caren­tes de un pasado como el nues­tro que es deni­grado sis­te­má­ti­ca­mente pero que en el fondo –tal vez no tanto– todos añoramos.

Hace unos días, casi unas horas, esa varia­ble que inte­gra el drama de la inse­gu­ri­dad pública se mani­festó con el pie­drazo que reci­bió Ser­gio Massa durante su agi­tada e inte­rrum­pida gira por La Matanza. El perio­dista Mora­les Solá relató que lo suce­dido fue un intento que apuntó a ampliar la agre­sión a la cara­vana del can­di­dato opo­si­tor y con­cre­tar un ata­que más vio­lento de bus­ca­das y más gra­ves con­se­cuen­cias, por lo que cabe espe­rar que en estas cua­tro sema­nas que fal­tan para las elec­cio­nes se pro­duz­can hechos gra­ves des­ti­na­dos a alte­rar el pro­ceso. Con este comen­ta­rio lle­ga­mos a una de las eta­pas posi­bles en el derro­tero ins­ti­tu­cio­nal y que se resume en la even­tua­li­dad de la apa­ri­ción de una emer­gen­cia que para­lice las accio­nes. Massa es un ver­da­dero ariete para derro­tar al kir­ch­ne­rismo, cris­ti­nismo o como quiera lla­már­sele y su triunfo está ase­gu­rado con votos pro­pios y votos pres­ta­dos, com­ple­ji­dad que deberá aten­derse con suma aten­ción para la etapa posterior.

La cro­no­lo­gía nos dice que, des­pués de la vic­to­ria opo­si­tora que derro­tará a Cris­tina con un por­cen­taje mayor al espe­rado, deri­vará en su inca­pa­ci­dad para lle­var ade­lante su ideo­lo­gi­zado relato. Es cuando la pre­gunta se hace inevi­ta­ble: ¿insis­tirá en su pro­yecto pese a la invia­bi­li­dad eco­nó­mica o dará un giro de 180 gra­dos, abrirá la eco­no­mía, se des­pren­derá de Moreno y bus­cará fun­cio­na­rios fuera de su entorno para afian­zar un nuevo pro­yecto que le per­mita lle­gar al lejano 2015? Ano­che, algu­nos ana­lis­tas de nota deba­tían sobre las pers­pec­ti­vas que se abrían para estos dos cami­nos que apa­re­cen en el hori­zonte. Pese a que esta­ban bien dibu­ja­dos, quie­nes sos­te­nían cada una de las dos varia­bles acep­ta­ron posi­cio­nes inter­me­dias pero no encon­tra­ron cómo se las podría lle­var ade­lante sin que la izquierda se rebele o sin que el pero­nismo quiera impo­nerse con o sin alia­dos. Como deta­lle sig­ni­fi­ca­tivo del tenor peli­groso que podrán tener los días por venir, se sacó a cola­ción el hecho de que la hija del dipu­tado Car­los Kun­kel –mon­to­nero activo que se des­tacó durante la gue­rra de los años setenta– fue una de las orga­ni­za­do­ras de las ocu­pa­cio­nes de cole­gios secun­da­rios, que pro­ta­go­ni­za­ron suce­sos que cul­mi­na­ron con el intento de incen­dio de la Igle­sia de San Anto­nio de Loyola. De todos modos, la cues­tión quedó pen­diente, la figura de Cris­tina comenzó a dejarse de lado, se eva­luó el poder de su entorno como fac­tor con poder de eje­cu­ción y curio­sa­mente se con­cluyó con la pala­bra anar­quía flo­tando en el aire.

Fuente: Informador Público

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