Las verdades de Cristina y del “chiquito cumplidor”

Por Marcos Novaro.

Lunes 3 de Marzo de 2014 | 07:34

Marcos Novaro
Columnista

El discurso de inauguración de sesiones legislativas de este año será recordado probablemente como la primera ocasión en que Cristina Kirchner ya no pudo fugar de losmuchos déficits de su gestión sacando nuevos conejos de la galera, y no tuvo otra que acusar el golpe. Lo hizo, claro, sin reconocer ningún error ni falla, pero sí una serie de límites a su voluntad, lo que no es poca cosa.

En primer lugar, en relación a la fracasada reforma judicial, cuya suerte atribuyó a la terca pero eficaz resistencia corporativa. Luego, por la imposibilidad de seguir dándole máquina a la rueda de la felicidad de la inflación, concediendo aumentos salariales por arriba de la suba de precios, lo que está obligándola a chocar cada vez más duramente con los gremios,empezando por los de los docentes.

En tercer lugar, por el declive de su control de la calle, y consecuentemente, la declinante capacidad para usar piquetes y escraches contra sus enemigos (pese a los esmeros de Quebracho y la Cámpora) y la urgencia derivada por poner en caja la protesta social, querecién ahora descubre suele recurrir a métodos reñidos con los derechos del prójimo.

A ello se suma el fracaso del acuerdo con Irán. Y por último, y tal vez lo más doloroso para el ethos kirchnerista, el paradójico límite que ha significado la inútil aplicación de la Ley de Medios, el único “éxito” del último año de gobierno, pero que no por nada se mencionó casi al pasar, porque se ha visto ya que el daño que se les puede provocar con ella a los medios independientes, y en particular a Clarín, es insuficiente para asegurarle al oficialismo un mayor control de las audiencias, que en su propia torpeza él mismo ha venido empujando hacia esos “medios enemigos”, dada la incapacidad para crear otros mínimamente confiables, sumada a la destrucción de los que empresarios adictos han ido absorbiendo.

La lista de fracasos es lo suficientemente extensa y variada para explicar por qué la Presidenta casi no se refirió al futuro, ni siquiera al presente. Y cuando volvió sobre los supuestos logros de la década ganada fue, no como dos años atrás cuando inventó esa expresión, para invitarnos a disfrutar otros diez años de kirchnerismo, sino más bien paraexcusarse de hablar de las decisiones impopulares que cada vez más abiertamente se ve obligada a tomar en nuestros días. Y de la falta de perspectivas para un proyecto que parece condenado a disiparse en la nada como un mal sueño.

Tal vez cuando se volvió esto más visible fue al referirse a YPF, escogido como exponente de los “logros oficiales”,  de esos que ella espera todavía le permitan probar que el país que deja es mejor que el que recibió. En lo demás pareció más bien inclinada a tirar la toalla. Pero con YPF sí se quiso mostrar satisfecha y entusiasta.

Así como algunos llevan dentro su enano fascista, ahora sabemos que el gobierno tiene, además de a Luis D´Elía y otros que se esmeran por cumplir ese rol, al “chiquito cumplidor”. Mote que a Axel Kicillof no debe haberle gustado mucho. Y lo debe haber dejado muy preocupado en particular porque lo usó Cristina para atribuirle la plena responsabilidad por el arreglo con Repsol.

En el que no es fácil decir que Kicillof haya cumplido su palabra. Y al excusarlo por ello, la Presidenta al mismo tiempo le carga la plena responsabilidad por un compromiso de pago, que permite al menos convertir la confiscación en expropiación, pero será sin duda objeto de muchas objeciones.

Pagar es lo único que en este terreno, hoy por hoy, Cristina puede llamar un logro de su gobierno. Habrá que ver si reconocerle 5000 millones con casi 9% de interés a los españoles es un buen arreglo.

Para empezar, los pagos equivaldrán a buena parte sino la totalidad de las ganancias de la compañía, hoy de unos 260 millones de dólares anuales, durante los próximos veinte años. Pero bueno, a su favor se podrá decir que había escenarios peores: por caso, que siguiera como hasta hoy cayendo la inversión, y por tanto fuera cada vez más difícil recuperar la producción de gas y petróleo.

Más allá de esto, lo más sorprendente de las palabras de Cristina sobre el tema fue queexaltaron la meta del autoabastecimiento justo cuando los precios de los combustibles y la energía se están incrementando y se anuncia lo harán todavía mucho más. Los primeros vienen siendo sistemáticamente “descuidados”, con autorizaciones para que suban todos los meses incluso más que el porcentaje de inflación reportado por las consultoras privadas, con lo que en un año acumulan un alza de 60%. En cuanto a los de la electricidad se prepara un salto considerable para los hogares, que el cumplidor Kicillof ha advertido ya no tolerará genere queja alguna.

El punto no es si los subsidios son irrazonables o insostenibles. Sino si es razonable esperar que no haya quejas, cuando se decide recortarlos justo cuando la economía entró en recesión y los salarios están ya siendo comprimidos para que se retrasen respecto a la inflación.  Tal vez si el recorte se hubiera hecho dos años atrás, cuando la economía aun crecía y muchos salarios venían de ganarle a los precios, las protestas habrían sido acotadas. Pero hoy, independientemente de que tal vez el gobierno ya no pueda evitarlo, ningún argumento alcanzará para disuadir a los consumidores de protestar por lo que se les presentará como un manotazo más a sus ya alicaídos bolsillos.

Kicillof protagonizó en estos días otro sinceramiento sorprendente: “Si insisten lo reconozco, pagaremos bastante más” que los 5000 millones declarados oficialmente. Igual que con la inflación, decir la verdad, o por lo menos no camelear tanto como en el pasado, parece ser una buena idea. Descomprime la tensión que se ha generado en torno a un gobierno que o se salía con la suya, o se enojaba, convocaba a la guerra y pateaba el tablero.

El problema es que justo se les ocurrió hacerlo cuando las verdades que se ventilan son más y más impopulares y la presidente parece tan atenta a salvar su herencia y el prestigio que le queda por glorias pasadas, que difícilmente acepte invertir en serio ese capital para lograr una transición no caótica. Hacerlo no requerirá de ella ni de sus colaboradores que digan toda la verdad, pero sí que se acomoden en la mayor medida posible a ella en la práctica. Por ejemplo, aceptando que el malhumor social va a incrementarse y la soberbia oficial puede ser el peor modo de encararlo.

Anuncios

Diez curiosidades del discurso de Cristina ante el Congreso

LOOK. La Presidenta lució un vestido blanco, al cuerpo, de tela entramada, con un motivo geométrico. (Foto: Prensa Senado)

¿Quién es más grande?

Al recordar el último discurso del presidente de los Estados Unidos ante del Capitolio para hablar de la importancia de la “soberanía energética”, Cristina mencionó a Barack Obama y reconoció: “Es un poquito más importante que yo”.

¡Qué memoria!

Uno de los temas que más ofuscó a los maestros durante las discusiones paritarias es el intento del Gobierno de incluir el rubro “presentismo” en su sueldo. Al defender dicho planteo, la mandataria aseguró que es importante “que al niño le enseñe el mismo maestro todo el año, porque el docente sabe los conocimientos que tiene el alumno y los que le falta”. En ese marco, se preguntó: “¿Es lo mismo el que se pela el que te dije, que el que va cada muerte de obispo?”.

Y concluyó: “Yo me acuerdo a los nombres de mis maestros de primaria: la señorita Celia en primera grado, Clelia en segundo, Coca en tercero. Solamente en cuarto tuve una suplencia por una chica que no me acuerdo si quedó embarazada o se enfermó en serio. Y luego la señorita Luisa y por último en sexto, fantástico, una entrerriana, Miriam”.

Nuevas costumbres

Cuando Cristina brindaba cifras sobre la Asignación Universal por Hijos y el estado civil de los que las percibían, advirtió: “Los chicos no se casan. Mi hijo no está casado. Uy, me va a matar. Vos solo te vas a casar, Wado…”. La cámara de la transmisión fue entonces hacia un sonrojado diputado Eduardo “Wado” De Pedro, que respondió con una risa los dichos de la mandataria.

 

A chistar a la vereda

La comparación con los Estados Unidos fue una constante en el discurso presidencial. Entre otras cosas, al criticar los piquetes, contó cómo se realizan las protestas en el país norteamericano. “Una vez en Nueva York fui a ver una manifestación. Allá les ponen vayas en la vereda y dejan un espacio para que se pueda ingresar a los locales, pero nadie corta la calle. Yo no pretendo tanto, porque ya seríamos el colmo de la civilización y los argentinos somos un poco desordenados”, admitió.

Digna de Hollywood

Lejos de la cadena oficial de antaño con una sola cámara y un plano que aburría hasta el cansancio, la televisación oficial mostró a todos los presentes, se encargó de filmar a los responsables de cada dependencia del gobierno cuando la mandataria mencionaba un tema de su área y hasta enfocó una bandera con la cara de Néstor Kirchner que estaba en la fachada del Congreso mientras la presidente lo recordaba.

Directora de cámaras

El camarógrafo oficial fue protagonista del discurso. Primero, Cristina le pidió: “Si se puede correr el camarógrafo que quiero ver las caras de los opositores, me gusta ver todo”. Luego se quejó: “El camarógrafo siempre me tapa”. Y le pidió que muestre el cuaderno y el CD que le presentó a los legisladores sobre el estado de la nación.

Poderoso el chiquitín

Uno de los momentos más aplaudidos del discurso fue cuando la presidente abordó el reciente acuerdo de compensación con Repsol por la expropiación de YPF. Y cuando estaba buscando entre el público al ministro de Economía, Axel Kicillof, para felicitarlo, lanzó un comentario que despertó la risa del público. “¿Dónde estás que no te veo? Ah, ahí estás, chiquitito, pero cumplidor, peleaste como un león por YPF”, disparó.

¿Demasiado largo?

“Ya termino. ¿Cuánto voy, Julián?”, le preguntó a Domínguez, el presidente provisional de la Cámara de Diputados, que estaba a su lado. “Dos horas”, le contestó. “Bueno, es menos que el año pasado”, aclaró Cristina.

En efecto, el discurso de 2013 duró más de cinco horas. Y fue bastante más largo que las veces anteriores: poco más de una hora en 2008 y 2009, y cerca de 1.40 horas en 2010 y 2011. El salto lo dio en 2012, cuando habló casi 5 horas.

Esta vez, cuando aclaró que estaba por terminar no estaba en lo correcto: le faltaba casi una hora más. Duró, en total, 2.50 horas. Fue la tercera alocución más larga desde que asumió.

Quizás por eso el diputado Miguel del Sel se quedó dormido en su primera visita al Congreso como legislador.

A lo Francisco

En su regreso del Congreso a la Casa Rosada, Cristina bajó de su camioneta para abrazar y saludar a un hombre en silla de ruedas, que se mostró ostensiblemente emocionado. Un detalle: cuando volvió a la combi se olvidó de ponerse el cinturón de seguridad.

¿Quién habla?

Al comentar de la toma de un predio en Villa Lugano, la presidente contó que mantuvo una conversación con el jefe de Gobierno porteño. “Hablé con (Mauricio) Macri. Lo digo para desmitificar que no hablo con nadie. Yo atiendo a todos. Él me llamó. Parecía raro, coincidíamos en muchos puntos”, recordó.

“Discurso de Cristina no guarda relación con la realidad de Salud”, advierten los médicos


La Federación Sindical de Profesionales de la Salud (FESPROSA) advirtió hoy que lo sostenido por la presidenta Cristina Kirchner en la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso “no guarda relación con la realidad del sistema de Salud” y ratificó el paro convocado para el próximo miércoles.

Los médicos apuntaron que la mandataria “tuvo una llamativa afirmación en su discurso en la apertura de las sesiones legislativas de 2014 que se contrapone con la realidad denunciada a diario por esta entidad: dijo que la Argentina gasta más que Estados Unidos en salud pública”.

“En nuestro país el gasto del Estado nacional, las provincias y los municipios para atender 1.600 hospitales y 6.000 centros de salud, alcanza el 2,45 % del PBI”, aseguró la organización a través de un comunicado de prensa.

Incluso, el gremio de los profesionales de la salud apuntaron que “si se sumara el gasto de las obras sociales, el 90 % destinado al sector privado, alcanzaría solo al 6 %”.

“En Estados Unidos los dos programas estatales que atienden a los pobres y los jubilados -Medicare y Medicaid- consumen el 8,5 % de su PBI”, precisaron.

El presidente de Fesprosa, Jorge Yabkowski, señaló que “ni siquiera comparados con el país con el sistema privatizado más grande del planeta sacamos ventaja”.

“¿Sabe la presidenta que el lunes pasado no hubo cirugías en el hospital Fiorito de Avellaneda por falta de gasa y guantes? ¿Qué ese mismo día no había placas de tórax en el Cetrángolo, hospital especializado en vías respiratorias que queda a diez cuadras de la General Paz?”, se preguntó Yabkowski, entre otros problemas que afectan a los centros de salud.

El dirigente indicó que “Cristina no tiene idea”, de estas falencias de los hospitales, “porque su marido el ex presidente Néstor Kirchner se atendía en la Suizo y ella en el Hospital Austral”.

Finalmente, Yabkowski confirmó el paro convocado para el 5 de enero en todos los hospitales del país en reclamo de “paritarias nacionales sin techo, salario mínimo vital y móvil para la salud”, pero también en apoyo a “los trabajadores sanjuaninos, reclamando el cese de las persecuciones y el respeto al derecho de huelga en esa provincia”. (DyN)