Crece la tensión en el Gobierno por los problemas de Boudou

LA SITUACIÓN JUDICIAL DEL VICEPRESIDENTE

La posibilidad de que el vicepresidente sea llamado a prestar declaración indagatoria preocupa a la Casa Rosada. Dirigentes muy cercanos a Cristina Kirchner dicen que Boudou debería pedir licencia.

Muy complicado. Amado Boudou quedó al borde de la indagatoria esta semana cuando la Cámara de Casación rechazó un pedido de sobreseimiento que había presentado. /DYN

Muy complicado. Amado Boudou quedó al borde de la indagatoria esta semana cuando la Cámara de Casación rechazó un pedido de sobreseimiento que había presentado. /DYN

Por Nicolás Wiñazki

La larga serie de infortunios judiciales que sufrió Amado Boudou en los últimos meses no solo podrían afectar su situación procesal: también empiezan a perjudicarlo en el plano político. Un fallo de la Cámara de Casación Penal acaba de dejar al vice al borde de la declaración indagatoria en la causa Ciccone. La posibilidad concreta de que Boudou deba dar explicaciones ante la Justicia por delitos corrupción, en calidad de imputado, hizo crecer un consenso crítico dentro del oficialismo. Cada vez más ministros, secretarios de Estado y legisladores K creen que Boudou debería tomar licencia de su cargo para minimizar los costos que la Casa Rosada pagaría por defenderlo.

Por el momento, las nuevas intrigas contra el vice se suceden en la intimidad del poder. Pero repercuten, a su modo, frente a la opinión pública.

Al cierre de esta edición, es decir, a 48 horas de que la Cámara de Casación rechazara el pedido de Boudou para ser sobreseído en el expediente Ciccone, ningún vocero K le había explicitado su apoyo. Sólo lo defendió en público Víctor Santa María, jefe del PJ porteño. “Es un buen político”, dijo.

El nuevo escenario interno que debe afrontar Boudou fue reconstruido por Clarín en base a fuentes oficiales, entre las que se encuentran dirigentes con los que el hijo presidencial, Máximo Kirchner, intercambia opiniones.

Un legislador oficialista, con el que Boudou tiene buena relación, admitió ante este diario que la situación es límite: “Si lo llaman a indagatoria no vamos a poder sostenerlo: ya nos involucramos demasiado con este tema y mirá donde estamos. Amado va a tener que pedir licencia ”. El dirigente que habló con Clarín solía ser uno de sus más firmes defensores.

Entre los enemigos que tiene Boudou están los líderes de La Cámpora, como el diputado nacional Eduardo “Wado” De Pedro y el secretario de Justicia, Julián Álvarez. Según reconstruyó este diario gracias a fuentes judiciales, a fines del pasado, estos dos dirigentes “camporistas” dejaron trascender en tribunales que Boudou había perdido su apoyo. La causa Ciccone es instruida por el juez Ariel Lijo y por el fiscal Jorge Di Lello.

El vice está imputado por los delitos de negociaciones incompatibles con la función pública y enriquecimiento ilícito. La Justicia quiere saber si Boudou aumentó su patrimonio de forma ilegal. Y también analiza si desde el Estado benefició a la sociedad The Old Fund cuando ésta controlaba la imprenta de billetes Ciccone Calcográfica.

Los abogados del vice presentaron un pedido para que sea sobreseído del delito que lo vincula con Ciccone. La Cámara de Casación Penal lo rechazó el viernes: Boudou quedó al borde de la declaración indagatoria. El desarrollo de ese proceso destapó las internas que Boudou tenía con algunos de los más influyentes funcionarios.

En la causa también está imputado el titular de la AFIP, Ricardo Echegaray, por ejemplo. En 2012, Echegaray confirmó la existencia de una de las pruebas que hoy más comprometen a Boudou. Se trata de una carta firmada por el vice en 2010, cuando era ministro de Economía, con la que impulsó ante la AFIP una moratoria inusual para que Ciccone pueda pagar una deuda multimillonaria con el fisco.

Otro funcionario con los que Boudou terminó enfrentado es el ministro de Interior, Florencio Randazzo: lo acusa de ser “fuente” de la prensa que lo investiga.

El presidente del Senado también tiene problemas con legisladores “propios”: su relación con el jefe de los senadores K, Miguel Pichetto, es pésima. Lo admitió otro senador oficialista, que también le confesó aClarín que ya no se imagina en el Congreso defendiendo a Boudou: “Levantamos la mano para estatizar Ciccone. Fue durísimo. Ya está. Tiene que dar un paso al costado si lo llama la Justicia ”.

Más allá de todo, quien tiene la última palabra sobre el futuro político de Boudou es la Presidenta. Hasta ahora lo defendió, aunque con distancia. Por ejemplo, Cristina jamás dijo en público la palabra “Ciccone”. Nunca

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“Quiero caras nuevas”: el pedido de Cristina que casi hizo estallar al PJ

LOS CONFLICTOS POR LA REORGANIZACIÓN DEL PERONISMO OFICIALEl Congreso partidario mostró disputas internas en La Cámpora.

 Consejo. Jorge Capitanich, Eduardo Fellner, José Ottavis y Eduardo De Pedro, el 9 de mayo. /DAVID FERNANDEZ

Consejo. Jorge Capitanich, Eduardo Fellner, José Ottavis y Eduardo De Pedro, el 9 de mayo. /DAVID FERNANDEZ

 Por Leonardo Míndez

“¡Basta de los viejos de siempre! ¡Pongamos caras nuevas!” La noche del martes 6, tras reunirse con los intendentes K del grupo Oktubres, la Presidenta bajó una directiva fulminante que estuvo a punto de hacer capotar el Congreso del PJ. La apacible foto de familia del viernes 9 en Parque Norte sólo fue posible después de 60 horas de febriles negociaciones que todavía eran la comidilla entre funcionarios y gobernadores esta semana según pudo reconstruir Clarín de boca de cuatro protagonistas de esas horas cruciales.

Es que el pedido de Cristina hacía estallar el acuerdo previo para armar el nuevo consejo combinando un listado que fue armando el operador senior del PJ, Juan Carlos Mazzón, en base a los nombres que le enviaron los caciques provinciales y el que confeccionaron Andrés Larroque, Eduardo “Wado” De Pedro y José Ottavis por vía paralela, con camporistas y aliados ultracristinistas de todo el país. A último momento, la Presidenta pedía priorizar la papeleta juvenil y desechar casi por completo la de la ortodoxia peronista.

“Cristina no quería a la mayoría de los jefes distritales del PJ en la mesa de conducción.

El Congreso se caía. Era imposible conseguir que los congresales votaran un consejo en el que no estuvieran su jefes”, explicó uno de los mandatarios provinciales que participó de los tiras y aflojes.

Mazzón fue el encargado de ir acercando posiciones, reconocieron de uno y otro lado de la cinchada. Debió convencer a Cristina de que era imposible que se aprobara lo que pretendía y que convenía avanzar con un mix, sin dejar a nadie afuera. “Así lo hacía Néstor”, le explicó a una Presidenta que siempre miró el PJ a la distancia. A los gobernadores les aseguró que era mejor ceder algunos espacios a cambio de reactivar el partido. “Me pasé dos noches sin dormir, escribiendo y tachando nombres”, confesó entre los suyos cuando había pasado todo.

El único consenso firme era que Eduardo Fellner sería presidente. Cristina reclamó que Jorge Capitanich fuera ungido en el siguiente cargo ejecutivo como vice 1°. Debajo suyo concedió el retorno a las tradicionales ramas peronistas: una vice sindical para Antonio Caló, una femenina para Beatriz Rojkés y otra juvenil. Pero cuando La Cámporatambién se agenció la secretaría general, comenzó un tironeo impensado, esta vez al interior del movimiento juvenil K.

Una versión indica que Larroque y Ottavis pujaron por la secretaría general y que Máximo Kirchner terminó laudando por el segundo. Cerca de la Presidenta aseguran, sin embargo, que Larroque se corrió y la disputa fue entre De Pedro y Ottavis para ver quién iría de vice y quién de secretario. La indefinición se prolongó tanto que entrada la noche del jueves 8 llegó a circular el nombre de Juliana Di Tullio para la secretaría general.

Al final, el vice 3° De Pedro y el secretario Ottavis sorprendieron en el Congreso con un discurso alineado al de Fellner y eligiendo identificarse como “representantes de la juventud” antes que como camporistas. Larroque ni apareció por Parque Norte. Todos coinciden en que hubiera sido una provocación inaceptable para el pejotismo tener en la conducción a quien intentó desplazarlos al frente de Unidos y Organizados.

JoséLuis Gioja, Daniel Scioli, Juan Manuel Urtubey, José Alperovich y Gildo Insfrán terminaron de armar una lista de consejeros en la Casa de San Juan junto a Mazzón. La giraron a Carlos Zannini, que la devolvió el viernes, minutos antes del Congreso, con algunos retoques finales. Bajó de una vocalía a la diputada salteña Evita Isa para subir al camporista Federico Aquino. Aceptó en otra a la senadora formoseña Graciela de la Rosa recién cuando supo que era la viuda de una víctima de la masacre de Margarita Belén, por citar dos ejemplos.

“¡Nos quedamos con más de 40 lugares!”, celebraban al final los camporistas. “Todos los gobernadores tenemos cargos importantes y los pibes siguen siendo una minoría ”, replicaban los caciques históricos. Para que ambos se sintieran vencedores, el operativo de contención llevó las secretarías a un total de 41 y el Consejo completo del PJ será una inédita asamblea de 161 butacas.