El esquivo título de Cristina. DENUNCIA EN LA JUSTICIA Y SILENCIO OFICIAL

Esta semana hubo importantes avances en la investigación por la supuesta falta de título por parte de la primera dama, Cristina Fernández de Kirchner, no sólo a nivel periodístico sino a nivel judicial. Gracias al aporte de no pocos lectores de Tribuna y a la búsqueda frenética por parte de los trabajadores de este medio, se han encontrado nuevos indicios que ponen en duda la posibilidad de que la esposa del primer mandatario sea realmente letrada.

Este avance ha provocado no sólo gran preocupación en Casa de Gobierno, sino una gran molestia en el seno de la Universidad de La Plata. Como ha comentado nuestro colega Juan Cruz Sanz en su blog:

“En estas horas los analíticos de Cristina Fernández y de Néstor Carlos Kirchner, son un ‘fierro caliente’ para el decano de la Facultad de Derecho de la UNLP, Hernán Gomez. Sucede que desde que empezaron a rodar las sospechas de usurpación, el teléfono del decanato no paró de sonar. Periodistas y dirigentes de la oposición llamaron insistentemente en busca de la eventual bomba.

Gomez, ni lento ni perezoso, quiso achicar riesgos y sacó los documentos de la oficina de legajos y se los guardó en su despacho. Pero de todos modos, como no pudo dormir tranquilo, tomó una decisión drástica:los originales que acreditan la historia académica del matrimonio presidencial habrían ido a parar a la caja de seguridad de un banco de la ciudad de las diagonales. Sólo él y otra alta autoridad de la facultad saben el paradero de los analíticos”.

El dato mencionado por Juan Cruz ha sido confirmado a quien escribe estas líneas por otro periodista de Santa Cruz, Rubén Lasagno: “Hace poco estuvo en Gallegos el presidente de la Federación Argentina de Colegios de Abogados, (Carlos) Andreucci y aseguró que todo lo que es documentación referida a Kirchner y Cristina hay órdenes de guardarla bajo 7 llaves tanto en la Universidad de La Plata como en los registros de las personas“.

Todo un dato, que se suma a una docena de indicios que muestran a las claras que nada es lo que parece en lo referido a la titulación de la primera dama.

Tienes un E-mail

Luego de haber publicado la segunda parte de la investigación sobre Cristina Kirchner, este periódico recibió una catarata de correos electrónicos y llamados telefónicos por parte de personas que intentaron aportar claridad al tema. La mayoría de esos mensajes fueron descartados por la falta de precisión en sus comentarios, pero subsistieron una docena de ellos.

Uno de los mensajes más interesantes lo aportó el abogado Tomás Jiménez, ex integrante de la Asociación de Abogados de Río Gallegos. Asegura el letrado en su misiva:

“No recuerdo haber visto nunca la firma de CFK en un escrito judicial. Pero como se trataba de una insignificancia, puede haber ocurrido un desliz, ya que las firmas de Néstor Kirchner y (Domingo) ‘Chacho’ Ortiz de Zárate, eran las que abundaban de ese estudio.

Lo que estoy en condiciones de asegurar es que (Cristina) nunca se asoció a nuestra ‘Asociación de Abogados’, en la que ocupé los más variados cargos (vocal, tesorero, secretario, vice presidente, etc.) junto a los que no estábamos enrolados en el equipo de los negociadores con el Gobierno y Poder Judicial de la dictadura. (…) En esa época en Gallegos, todos estábamos doblemente matriculados, en la provincia y en el Juzgado Federal”. Cristina, valga la suspicacia, no lo estaba.

En sentido similar, ha opinado Graciela Brunetti, quien ha compartido anécdotas de infancia con Cristina de Kirchner y las ha reflejado en un foro de Internet:

“Miente con su título de abogada, nunca se recibió. Ni siquiera nació en La Plata. Nació en Tolosa, en casa de una partera cerca de la casa de mis abuelos. Hubiera sido una chica común y corriente si no hubiera sido por su madre, que quería que ascendiera socialmente. Ahí nacen todas sus inseguridades y, por ende, sus mentiras. Aprendió de su madre a despreciar a su padre, un chofer de colectivo, trabajador, radical y simpatizante de San Lorenzo. Llena de presunciones y complejos, no encajó en ningún grupo platense. Terminó haciendo carrera en los centros de estudiantes del interior, a los que era fácil conquistar y donde no había competencia, porque las chicas eran más tímidas.

(…) El golpe militar la ayudó, cuando tuvieron que huir despavoridos, y no por ser más que militantes rasos, porque los militares y la policía comenzaron a llevarse a todo el mundo. Se refugiaron en una casa en City Bell hasta que Néstor se recibió, se casaron, apenas cinco meses después de conocerse, y se fueron al sur. Ella nunca volvió a rendir materias ni nada que se le pareciera. A menos que se haya recibido por ósmosis o Internet, no es abogada”.

Los comentarios de Brunetti fueron confirmados y ampliados hace pocas horas a este periodista por la propia “forista“. “No se trata sólo de mis palabras, hay muchas personas que recuerdan la rápida huida de Cristina a mediados de los 70. Ella se fue de La Plata y no volvió nunca más (…) Ojo, ella no era cabecilla ni líder de nada en esa época como gusta decir, solamente militaba“, aseguró Brunetti telefónicamente a quien escribe estas líneas.

El teléfono descompuesto

El intento de obtener corroboración del título de Cristina por diversos medios ha sido una constante desde que este periódico comenzó a investigar a la primera dama. Los llamados a la Universidad Nacional de La Plata han sido cuantiosos y los intentos de verificación a través de la Secretaría de Políticas Universitarias dependiente del Ministerio de Educación de la Nación han sido infructuosos. Como puede verse en el siguiente documento, el titular de esa oficina, Alberto Dibbens, ha negado a este periodista tener copia alguna de la constancia de titulación de la esposa del Presidente de la Nación:

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Dicho documento fue enviado sólo después de la molesta insistencia de Tribuna en obtener una respuesta oficial y en estos momentos se investiga judicialmente si es real que la Secretaría de Políticas Universitarias puede no tener registro de aquellos que se han graduado en alguna de las universidades de nuestro país. Si así fuera, sería insólito ¿Para qué sirve entonces dicha Secretaría?

Anteriormente, se intentó obtener una respuesta concluyente por parte de la Universidad Nacional de La Plata, pero sólo se ha obtenido más confusión, debido a las contradictorias declaraciones efectuadas por los diferentes empleados de esa casa de estudios. Tampoco fue posible, a pesar de los insistentes pedidos de este periodista, entrevistar a su rector, el arquitecto Gustavo Azpiazu.

Por caso, el jueves 4 de octubre próximo pasado se llamó a la “privada” del rector y su secretaria sólo atinó a responder con gran nerviosismo que “el arquitecto no va a estar hasta el miércoles o jueves de la semana que viene“. Cuando este periodista indagó por qué no estaría presente, la empleada aseguró extrañamente: “Eh… él está de viaje, en reuniones. Te recomiendo hablar con la parte de Prensa“. Horas más tarde, un periodista de este medio logró comprobar que el dato no era real. La pregunta entonces fue inevitable ¿Por qué Azpiazu se oculta de los medios?

Ante lo sucedido, Tribuna se contactó con Prensa de la Universidad de La Plata. El primer llamado fue atendido por una empleada que jamás se identificó y que al comenzar el diálogo aseguró desconocer las “enmiendas” de la ficha de entrega de título de Cristina. Acto seguido, indagó con gran nerviosismo: “Eh.. eh… decime qué necesitas saber“. Fue reiterado entonces el pedido de entrevistar a algún funcionario o empleado que pudiera aclarar el tema de la eventual titulación de la primera dama, lo cual fue respondido con evasivas y la derivación de la charla con un tal Fabián.

Luego de esperar unos minutos, el empleado atendió y aseguró, respecto a la enmienda, que “en la época en que las fichas (de entrega de título) se hacían a mano, con una Olivetti, solía suceder que se equivocara el que hacía ese trabajo y hubiera que enmendar ‘a mano’“. Este periodista no se quedó atrás: “Pero ¿Cómo es posible que justo suceda este error en dos lugares tan sensibles como la fecha de nacimiento de Cristina y su número de documento?“.

No tengo idea, pero la foto que aparece en el documento es la de ella, ¡ojo!“, finalizó Fabián, como justificando la validez de la ficha simplemente por la imagen aparecida en ella.

Días antes, un tal Martín Errecart -colaborador de Azpiazu en la misma casa de estudios- había hecho públicas sus dudas al asegurar que “estaría bueno que se mostrara el analítico de Cristina… claro, si fuera cierto, je, je“. La irónica risa del final de la charla era todo gesto de elocuencia.

Justicia perseguirás

Cansado de las burlescas respuestas y la falta de precisiones por parte de los diversos organismos consultados por la existencia o no del título de abogada de la primera dama, esta semana quien escribe estas líneas presentó una denuncia judicial por supuesta “Usurpación de títulos y honores“, bajo el patrocinio del Dr. Fabián Bergenfeld, titular de la Asociación Civil para la Defensa Ciudadana.

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Allí se denunció:

“Que venimos a formular denuncia penal, a fin de que se investigue la posible comisión por parte de la Senadora Cristina Fernández de Kirchner de los delitos de Usurpación de Títulos y Honores, previsto por el art. 247 del Código Penal, y de Falsificación de Instrumento Público, tipificado por los arts. 292 y subs. del Código Penal, del cual podrían resultar partícipes necesarios miembros del Rectorado o demás directivos de la Universidad Nacional de la Plata.

Nuestra legitimación para obrar deriva de la circunstancia de que el suscripto, Christian Sanz, además de ser un ciudadano argentino es de profesión periodista, y ha desarrollado una profunda investigación sobre los hechos que constituyen materia de la presente denuncia.

(…) Los hechos que se describirán han sido materializados fundamentalmente en ocasión de asumir la Sra. Fernández de Kirchner su banca en el Senado Nacional, momento a partir del cual difundió a través del currículum allí presentado y de sus propias expresiones su supuesto título de abogada, lo cual le facilitó la aprobación de sus proyectos de ley, destinados a introducir modificaciones en el funcionamiento de la Justicia desde la presidencia de la ‘Comisión de Asuntos Constitucionales’ de la Cámara Alta, cargo desde el cual dirigió también la instancia condenatoria de los Juicios Políticos promovidos contra Ministros de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

(…) No menos sugestivo, es que Cristina de Kirchner comienza su carrera en 1972 y supuestamente la culmina el 1/10/79, surgiendo incorporado su título al Acta 710 folio 237; mientras que Néstor Kirchner, quien comienza antes su carrera, en 1969, y la culmina también antes, el 3/7/76, tiene incorporado su título al Acta 758 folio 253, es decir un número correlativo posterior al de su cónyuge.

(…) Por lo expuesto, a V.S. solicitamos:

a) Se nos tenga por presentados, en el carácter invocado, y por constituido el domicilio.

b) Se tenga por formulada la presente denuncia, y se nos cite a ratificarla en forma urgente, oportunidad en la que se ofrecerá la totalidad de la prueba documental, informativa, testimonial y pericial que corresponde.

c) Se confiera vista al Ministerio Público, a los fines de que efectúe el requerimiento pertinente.

d) Oportunamente, se cite a los eventuales responsables de la comisión de los delitos denunciados a prestar declaración indagatoria.

Provéase de conformidad que SERÁ JUSTICIA”.

Dudo, luego existo

Las dudas respecto de la falta de titulación de Cristina no son antojadizas. En primer lugar existe la ya mencionada “enmienda” en su ficha de entrega de título. No en cualquier lugar, sino justamente en su fecha de nacimiento y el número de documento.

A esto se suma que en su propio currículum solía afirmar: “cursó estudios de derecho“, pero jamás aseguraba haberlos finalizado, menos aún en qué año. Eso fue luego rectificado, pero apareció una nueva suspicacia: en la página oficial de la primera dama http://www.cristina.com.ar (Misteriosamente ya no se encuentra disponible el sitio ), en la sección “Biografía“, hay una serie de diapositivas que muestran su cronología vivencial y profesional. Allí, puede verse el siguiente fotograma, con la leyenda que describe que Cristina “cursó estudios de abogacía en la Universidad Nacional de La Plata“:

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Acto seguido, la biografía de la primera dama salta al año 1985, donde dice: “obtuvo su primer cargo partidario“, pero nunca habla de su graduación universitaria:

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Nada se dice acerca de su ida de la ciudad de La Plata a mediados de los años 70 y menos aún que se haya recibido de abogada en algún momento.

Para acrecentar las sospechas -como se ha comentado en artículos anteriores-, jamás se ha podido acceder a un solo escrito que estuviera firmado por Cristina como abogada y, menos aún, que figure algún número de tomo y folio. Algunas fuentes aseguran que a principios de los 80, viviendo en Santa Cruz, la primera dama habría utilizado alguna vez la matrícula de su marido, Néstor Kirchner, pero es un dato que no pudo ser comprobado por este medio.

Lo único que se sabe fehacientemente es que jamás se registró en ningún Colegio Público de Abogados del país ni facturó jamás como letrada. Al mismo tiempo, cuando se consulta la “Actividad principal” declarada ante la AFIP, se puede observar que la primera dama presta “servicios inmobiliarios realizados por cuenta propia, con bienes propios o arrendados“. En el ítem “Actividad secundaria” no se declara nada.

Vale aclarar que las inscripciones en AFIP por parte de Cristina se remontan a noviembre de 1994 pero las actividades fueron declaradas oficialmente en enero de 1999 y no han sido cambiadas hasta la fecha.

Frente a semejante panorama, este medio envió un pedido a la secretaría privada de la primera dama para intentar aclarar de una buena vez el tema:

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El fax jamás fue respondido, ni por Cristina ni por nadie de su séquito. Ni siquiera hubo un llamado telefónico para decir que no se daría respuesta oficial al tema, tal cual suele hacer el kirchnerismo en muchos otros escándalos en los que aparece rozado.

Concluyendo

Es sumamente extraño el silencio prodigado desde Casa de Gobierno frente a este tema, sobre todo cuando el escándalo llegó a ocupar las páginas de los diarios más importantes del país y del exterior (1), poniendo en ridículo la situación de la candidata con más chances a ocupar la primera magistratura de la Nación.

Ha sido raro también el mal trato que medios como los diarios Clarín y La Nación han prodigado a este tema, haciendo “flaco favor” al kirchnerismo. El primero de ellos se ha referido al tema recién cuando la Universidad Nacional de La Plata salió a confirmar la supuesta titulación de Cristina y mostró la ficha de entrega de título en un tamaño tan pequeño que no puede verse la enmienda denunciada por este medio. ¿Casualidad? Imposible, conociendo al grupo Clarín.

Mientras se espera el avance de la causa judicial iniciada esta semana, es dable finalizar este artículo con un elocuente comentario del colega de Tribuna Carlos Machado:

“Por algo toda la información personal y laboral referida a los Kirchner, tanto Néstor como Cristina, ha pasado en las últimas semanas a ser guardada bajo siete llaves, mientras sus responsables se han cosido la boca. Es que las imputaciones acerca de la inexistencia del título de abogada de Cristina han comenzado a correr como reguero de pólvora, y proliferan los intentos por averiguar una verdad tan incómoda para los ocupantes de la residencia de Olivos”.

No es poco.

Piden el juicio político de Cristina por “usurpación de título” de abogada. LO HIZO UN EMPRESARIO PLATENSE SOBRE LA BASE DE CARLOS FORTE.

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¿Abogada trucha? CRISTINA DE KIRCHNER Y LAS DUDAS SOBRE SU TÍTULO UNIVERSITARIO

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Los Kirchner apoyaron al proceso mediante una solicitada.

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Los negocios de Kirchner durante la dictadura: Comó compró 21 propiedades en 5 años.

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Nombres y negocios detrás de la fortuna de los Kirchner

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Descargá gratis el primer libro que se escribió sobre Cristina Kirchner.

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Cristina le pidió a Zannini que intervenga en la estrategia

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En medio de las turbulencias, la presidenta Cristina Kirchner dispuso que el secretario legal y técnico, Carlos Zannini, interviniera en la estrategia de defensa del vicepresidente Amado Boudou . Los dos mantuvieron una reunión secreta para procurar que el escándalo no salpique al Gobierno y a la jefa del Estado.

Pese a que estaban enfrentados entre sí, Cristina les ordenó que cerraran filas. “Ahora el objetivo prioritario es salvar a la Presidenta de una crisis institucional”, señalaron a LA NACION altas fuentes oficiales.

Dentro del Gobierno aseguran que al intervenir Zannini es la propia Presidenta la que tomó la conducción en los hechos de la estrategia judicial cuando el juez federal Ariel Lijo precipitó los tiempos y anticipó la indagatoria para mañana.

Pese a que Boudou lo niegue, Zannini y Cristina buscan la manera de diluir el ritmo de la causa. La irrupción de Zannini coincidió con versiones de un conflicto no saldado entre el vicepresidente y sus abogados, Diego Pirota y Eduardo Durañona, enfrentados con el ala zanninista.

El propósito del Gobierno es ganar tiempo hasta 2015, recusar y sacar de la causa al juez Lijo, acusarlo de obedecer órdenes “de las corporaciones del poder económico y judicial”, de los diarios LA NACION y Clarín, y apelar todas sus decisiones ante las cámaras Federal y de Casación Penal.

La gran apuesta es que la causa llegue a la Cámara Federal, y después a la Corte Suprema, con lo cual se garantizarían que no haya definiciones en el tiempo de las elecciones presidenciales de 2015.

Incluso algunos deslizaron que Cristina le aconsejó a Boudou que declare por escrito para no contestar las preguntas de Lijo, ya que considera nula la citación. Pero el vicepresidente, por ahora, dice en público que las responderá.

“La estrategia es dar pelea, pelea y pelea en cada centímetro de baldosa. Y el Gobierno apoyará a Boudou”, aseguró a LA NACION un ministro bien informado. Cristina dio así una señal interna inequívoca: todo el Gobierno debe estar alineado con Boudou. “Considera que si entrega la cabeza del vicepresidente, la próxima víctima sería ella misma”, dijeron a su lado.

Los tiempos se anticiparon contra la voluntad de Cristina. La semana última, Lijo citó a Boudou para el 15 de julio, pero a pedido de Boudou adelantó la citación para mañana, a las 11. Ahora, en el Gobierno descuentan que Lijo dictará el procesamiento de Boudou en pleno Mundial de fútbol.

También creen que Lijo no pedirá su prisión preventiva y destitución porque el delito que se le imputa, negociaciones incompatibles con la función pública, tiene una pena de 1 a 6 años de prisión y es excarcelable. “El peor escenario es el procesamiento, no la detención. Pero igual tendrá en la gente un impacto negativo”, aseguraron a LA NACION en Balcarce 50.

Cristina le garantizó a Boudou que no deberá renunciar ni pedir licencia. Otros operadores oficiales temen que haya demasiada presión política y judicial y que el vicepresidente deba tomarse licencia.

Quienes descartan esto último aseguran: “Cristina no puede soltarle la mano. Boudou tiene una conducta imprevisible, puede decir cualquier irresponsabilidad si se siente acorralado y salpicar a Cristina o a Néstor Kirchner”.

Todos recuerdan que en 2012 el vicepresidente denunció a dos amigos del kirchnerismo y de Zannini: Esteban Righi, que debió renunciar a la Procuración General de la Nación, y el juez federal Daniel Rafecas, que fue desplazado de la causa.

Ahora, en nombre del proyecto nacional, Cristina les ordenó a Zannini y a Boudou a superar antiguos enconos. Los abogados de Boudou, Pirota y Durañona, del estudio del ex número dos de la SIDE Darío Richarte, inciden en la Justicia a favor del kirchnerismo, pero están enfrentados al ala de Zannini, que influye por medio de la procuradora general, Alejandra Gils Carbó.

Antes Zannini se escudaba en Righi, pero Boudou lo tumbó y se enfrentó a Zannini. Así las cosas, ahora Cristina quiere desplazar a Pirota y a Richarte de al lado de Boudou y poner al frente a Zannini, que se mostró junto a Boudou sonriente la semana última para negar viejos rencores.

¿Logrará Cristina desplazar a los abogados de Boudou? Ni Pirota ni Zannini pueden influir sobre Lijo. Pero Zannini apuesta a incidir sobre la Sala I de la Cámara Federal, clave en futuras apelaciones del eventual rechazo de Lijo a la nulidad de la indagatoria y del probable procesamiento de Boudou.

“Cristina interviene porque existe la idea de que Boudou hizo las cosas muy mal con Ciccone. Pero no se cortó solo: fue parte de una disputa política en la que Néstor Kirchner le ordenó en 2010 sacar del medio a la imprenta Boldt para la fabricación de billetes y colocar a Ciccone. Él tuvo un rol asignado y cumplió, aunque lo hizo mal”, dicen en el primer piso de la Casa Rosada.

Vida y secretos de Cristina Kirchner, la mujer que, en la cima del poder, sigue hablando desde Tolosa

Vida y secretos de Cristina Kirchner, la mujer que, en la cima del poder, sigue hablando desde Tolosa

Cristina Fernández (Sudamericana), de Laura Di Marco, reconstruye los lazos que unen la historia personal, familiar y política de la Presidenta. Aquí, un fragmento que incursiona en la infancia, la etapa menos conocida de su vida

El certificado de nacimiento asegura que Cristina Elisabet Fernández llegó al mundo el 19 de febrero de 1953, al mediodía. Pero no nació en un sanatorio ni en un hospital, sino en la casa de una partera. La comadre vivía a unas pocas cuadras de la precaria vivienda alquilada de la calle 4 y 32 en la que habitaba la familia de Ofelia Wilhelm, su mamá, quien por entonces era una joven de apenas veinticuatro años y estaba soltera.

El embarazo y la maternidad sin casamiento, a principio de los años cincuenta, fue un cimbronazo: un ramalazo de vergüenza para los Wilhelm, que lo vivieron como un escándalo y, al principio, hasta como una tragedia. La propia Presidenta le confesaría, muchos años más tarde, a Sandra Russo, su biógrafa oficial, que nadie en su familia se había tomado el trabajo de informarle sobre su condición de hija natural. Ella sola lo descubrió, comparando fechas, cuando ya era una mujer adulta y tenía sus propios hijos. […]

Los Wilhelm siempre habían sido pobres. Una carencia de la que sólo saldrían seis años más tarde gracias a Eduardo Fernández, que ya era propietario de un colectivo: todo un capital para la época. Los padres de Fernández, además, tenían vacas y algunas tierras en City Bell, un patrimonio que para la familia de Cristina era casi un sinónimo de riqueza. Fue él quien compró un terreno y luego construyó una casita americana para su nueva familia política en la 523 bis entre 7 y 8, un barrio para la clase media. Lo apodaban “el Colorado” por su color de piel, o “el Tarta” por sus problemas para expresarse.

Sin embargo, para aquel ascenso social todavía faltaba mucho en febrero de 1953. Eso recién se produciría hacia fines de 1958 junto con el casamiento del colectivero con Ofelia Wilhelm. La madre de Cristina se casó con Fernández embarazada de Gisele, su segunda hija, quien llegó al mundo el primer día de 1959.

Entonces, la Presidenta tenía casi seis años, y en marzo de aquel mismo año comenzaría la primaria en la humilde escuela 102 Dardo Rocha, de 7 y 32, junto con veintinueve chicos más. La escuelita, que empezó con apenas cinco aulas, estaba a tres cuadras de la casa materna. […]

La ciudad donde nació Cristina era, y de algún modo sigue siendo, mucho más conservadora que la Capital, con divisiones fijas y compartimentos estancos, tanto en la política como en el fútbol. Se trata de una sociedad binaria: se es de Gimnasia o de Estudiantes, peronista o radical, y no existen muchas más posibilidades. Un panorama sin grises que se contrapone con la diversidad de la Capital, donde las identidades están mucho más diluidas. […]

Ofelia Wilhelm tenía alrededor de veinte años cuando ingresó a la oficina de la Dirección General de Rentas del Ministerio de Economía de la provincia de Buenos Aires -actualmente, ARBA- y más tarde se haría sindicalista y secretaria general de su gremio, la Asociación de Empleados de Rentas e Inmobiliario (AERI). Dentro de la oficina del Registro de la Propiedad Inmueble estaba empleada en el área de Catastro. A los pocos años de entrar a esa oficina quedó embarazada.

Los años de la primera infancia de Cristina -y, en general, toda la época pre-Kirchner, en Tolosa- constituyen un período que la Presidenta, por razones que sólo ella conoce, ha guardado bajo siete llaves.

El primer misterio es si el padre oficial de la Presidenta, Eduardo Fernández, es efectivamente su padre biológico o si el colectivero fue quien años más tarde asumió esa paternidad.

En Tolosa y en ciertos círculos platenses -los que la Presidenta frecuentó durante su adolescencia y su juventud- está muy instalado el hecho de que el colectivero fue quien terminó reconociendo a la nena que Ofelia habría tenido con otro hombre, que no pudo o no quiso hacerse cargo. Eso podría explicar, en parte, que Fernández haya entrado oficialmente tan tarde a la historia de los Wilhelm: cuando se casó con Ofelia, Cristina estaba por cumplir los seis años.

“El drama de Cristina es ése, que el verdadero padre no la reconoció. Eso es lo que siempre ha circulado aquí”, admite la contadora Graciela Natoli, que fue su compañera del secundario en el colegio de Nuestra Señora de la Misericordia. La abogada Teresita Pérez Galimberti, una ex secretaria de la Justicia Electoral platense que integró el círculo de amigos de la Presidenta en la adolescencia, también confirma que la versión está fuertemente instalada en La Plata. Lo mismo sugirieron algunos hijos de los socios de Fernández, en la línea 273, en la que el marido de Ofelia llegó a tener tres unidades. […]

Lo primero que llama la atención en la infancia de la Presidenta -plagada de hermetismo, misterios y secretos- es que haya nacido en la casa de una partera. ¿Sería ésta una costumbre de la época?

Tal es la explicación que Ofelia Wilhelm da en el libro Reina Cristina, la primera biografía autorizada de Cristina Fernández, ante la pregunta de su autora, que se muestra sorprendida por el dato. “Qué disparate, por supuesto que no era la costumbre de la época. Mi hijo nació en el mismo año que Cristina; fue al mismo colegio primario y nació en el Hospital Italiano, aquí en La Plata. Todos los chicos nacían en un sanatorio, si tenías mucha plata, o en un hospital público, si no la tenías. A la partera iban los que estaban de trampa: los abortos y las madres solteras”, asegura un hombre de la generación de Ofelia cuyos hijos fueron a la escuela primaria con Cristina. El hombre, que en 2014 tiene ochenta y cinco años, compartió toda la primera infancia de la Presidenta, entre fines de los años cincuenta -cuando los hijos entraron a primer grado- y mediados de los sesenta, cuando egresaron.

Otro dato llama la atención: todas las biografías, autorizadas o no, registran que la segunda hija de Ofelia nació dos años después que Cristina y no seis, como realmente sucedió. El dato -que parece irrelevante- es replicado erróneamente en diversos artículos periodísticos de la prensa nacional y extranjera, como si hubiera existido un esfuerzo deliberado por parte de la Presidenta, y la información que ella misma proporcionó, en atenuar aquellos cincos años en los que, de niña, vivió como hija natural con la sola compañía de su mamá, su tía y su abuelo.

Está claro que si la diferencia fuera de apenas dos años en lugar de seis, el margen para instalar la duda sobre la paternidad de Fernández también resulta menor.

En el círculo más íntimo de la Presidenta en La Plata, aquel donde ella pasó su infancia, su adolescencia y su primera juventud, e incluso entre los hijos de los socios de Fernández de la línea 273, circulan dos hipótesis. La primera, que es la que sostienen los Wilhelm-Fernández, es que el colectivero efectivamente es el padre biológico pero que, al no estar convencido de la relación con Ofelia, tardó cinco años en reconocer a su hija y formalizar la familia. Quienes abonan esta teoría señalan que, en principio, la relación entre Ofelia y Fernández se planteó como fugaz, algo común entre los colectiveros de la época, como reconstruirán más adelante los hijos de sus socios en la compañía de colectivos que unía La Plata con City Bell.

Ésta es la versión oficial y la que sostiene también el primer novio de la Presidenta, Raúl “el Lagarto” Cafferata, un ex rugbier del club San Luis, cuya familia pertenecía a la burguesía platense. Una pequeña burguesía de empresarios y profesionales con aspiraciones aristocráticas que sólo estaban en la fantasía de aquellas familias que se creían más de lo que eran. La presidenta y Cafferata tuvieron un noviazgo de cinco años, que empezó cuando Cristina tenía dieciséis, una relación que significó para aquella chica de Tolosa un enorme ascenso social, tal como Eduardo Fernández había significado para su madre. Para tener una primera aproximación, digamos que el mejor amigo de Cafferata era y sigue siendo el embajador en España, Carlos Bettini, cuya abuela María Mercedes Hourquebie de Francese era viuda de un constructor y dueña de una de las grandes fortunas platenses. Bettini y Cafferata eran compañeros en el exclusivo colegio San Luis y también jugaban juntos al rugby en el club del mismo nombre.

“La gran duda es si Eduardo es el verdadero padre -desliza el ex jugador de rugby, en reuniones con sus amigos platenses, cuando le preguntan por esta enigmática historia-, y ante esto lo que yo realmente creo es que sí lo es. Terminé convenciéndome de que embarazó a Ofelia dentro de una relación que no le convencía y después termina casándose por mandato social. Eduardo era tartamudo, y era muy tartamudo cuando se sentía bajo presión. Se manifestaba mucho cuando estaba en su casa, pero no cuando estaba afuera.” […]

Entrevistada para este libro, una de las hermanas de Eduardo Fernández, Sara, da algunas pistas que sirven para completar el rompecabezas. Confirma, en principio, que Ofelia y Fernández se conocieron arriba de un colectivo que manejaba su hermano y, además, que la Presidenta canceló todo contacto con la familia Fernández cuando el colectivero falleció, en 1982.

Sigue Sara Fernández: “En la casa de Ofelia no se podía hablar ni de fútbol ni de política porque volaban los platos por todos lados. Cristina dejó de tener contacto con la familia paterna desde que murió Eduardo. La Presidenta es muy solitaria y ésa es la razón, creo yo, por la cual dejó de tener contacto con nosotros. Tampoco habla nunca acerca de nosotros, y eso que habla…”

En la casa de Ofelia “volaban los platos”, como dice la tía Sara, porque los bandos estaban enfrentados: Eduardo era radical y de Estudiantes, mientras que Ofelia era de Gimnasia y peronista. Lo que se llama una explosiva sociedad de crianza. La propia Cristina, con su historia editada y con cuentagotas, también dio pistas, a su estilo, de que la relación entre ella y su padre siempre había sido conflictiva, al revés de lo que sucedía con su hermana Gisele. A Sandra Russo le dijo: “Papá la adoraba [a mi hermana], y ella lo adoraba a él. Fue un padre muy distinto con Gisele”. Luego, su biógrafa completaría con una percepción propia: “Su padre era distante. Y cuando Cristina habla de él, esa distancia vuelve”. Más adelante asegura que Fernández no era físicamente cariñoso y que, según Cristina, era mujeriego. Descripción que respaldan, e incluso amplían, los hijos de los socios del colectivero ubicándola entre las “costumbres de la época” y los “gajes del oficio” de manejar micros en un suburbio en los años cincuenta y sesenta.

“Los colectiveros eran todos mujeriegos porque arriba del colectivo era habitual conocer a muchas chicas de la zona que viajaban todos los días. Ninguno tenía una sola mujer. Mi padre, por ejemplo, tuvo cinco esposas. Yo soy hijo de una y mis hermanas de otras dos. El problema es que era una época con códigos de silencio. Y el silencio que hicieron los viejos provocó que la verdadera historia no fuera transmitida a los hijos. Los viejos se llevaron todos los secretos a la tumba, ésa es la verdad”, interpreta Santiago Alico, hijo de Carmelo Antonello Alico, uno de los socios de Fernández. Alico hijo nació en 1937 y es el hijo mayor de Carmelo. “En La Plata siempre hubo historias con respecto a la verdadera paternidad de Cristina -dice-. Ofelia era muy agraciada cuando era joven y llegó a tener un cargo alto en Rentas. Llegó a jefa. Una de las historias dice que tuvo un romance con un señor de allí y fruto de ese romance nació Cristina. Esas cosas sucedían en aquella época, como en cualquier otra: la diferencia era que nadie hablaba de «eso»”, completa Alico. […]

La segunda hipótesis es que efectivamente Cristina es fruto de una relación casual de Ofelia Wilhelm, y que el colectivero se habría hecho cargo unos años más tarde, como suele suceder en estos casos.

Hay teorías descabelladas sobre quién podría ser el verdadero padre de la Presidenta -incluso, algunas han circulado en libros o notas por Internet- que de tan disparatadas ni vale la pena mencionar.

Sin embargo, hay una en particular que cobra verosimilitud por varias razones. La más importante es que las piezas del rompecabezas encajan y que la propia hija del hombre que podría ser el padre biológico de la Presidenta creció convencida de ser su media hermana cuando Cristina estaba muy lejos de algún poder o riqueza sino que, por el contrario, era una chica desconocida, de un suburbio. […]

Las fuentes platenses adjudican la paternidad biológica a un compañero de trabajo que Ofelia Wilhelm tenía en Rentas, a principios de los años cincuenta. Su nombre es Florencio Lattaro y falleció hace más de cuarenta años, en 1972, mientras Cristina estudiaba Psicología en la UNLP. Lattaro era buen mozo, soltero y “picaflor”. Así lo describieron para este libro algunos platenses de esa generación, que fueron empleados de aquella oficina y que conocieron detalles de la trama. Una trama que, en la ciudad de origen de Cristina está muy instalada. […]

Lo curioso es que Lattaro era radical y de Estudiantes, como el colectivero. Y también, como él, falleció de una enfermedad cardíaca causada por lo mucho que fumaba. La única diferencia entre ambos es que Lattaro falleció del corazón y Fernández de cáncer de pulmón. Siguiendo el hilo de la versión platense, el hombre no habría querido reconocer a la beba de Ofelia y, años más tarde, se casó con otra mujer, con quien tuvo una única hija, Emilce. […]

La gran pregunta es: ¿por qué Lattaro no reconoció a Cristina? Y la respuesta que dan en los círculos platenses es coincidente: “Porque no estaba seguro de que fuera hija suya”.

El hombre empezó a salir, al tiempo, con la madre de Emilce, que también quedó embarazada durante el noviazgo. La diferencia, en este caso, fue que se terminó casando con ella en el octavo mes de gestación. Tener que casarse embarazada fue para la mujer de Lattaro una herida que nunca terminó de superar, aseguran en el entorno de esa familia, en La Plata, que sigue siendo un pueblo grande.

Finalmente, Fernández y Lattaro eran dos hombres con mucho en común: ambos eran radicales, ambos eran de Estudiantes y ambos disfrutaban de coleccionar amores fugaces con las mujeres que la vida les ponía por delante. Los dos fumaban mucho, los dos murieron por el cigarrillo y, tal vez lo más importante, en distintos momentos de la vida los dos quisieron a una misma mujer.