OPOSICIÓN CON EXPERIENCIA SE BUSCA

 

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La crisis de representación popular es una endemia que ciertamente afecta a todas las sociedades  del hemisferio occidental, pero en el caso de Argentina la situación llega a niveles hilarantes. Tal cual el reclutamiento de tropas para el paupérrimo ejército argentino adopto desde 1995 el sistema de profesionalismo en sus aspirantes abandonando el sistema de conscripción,  los políticos argentos se reclutan y alinean sin escrúpulos en el bando que mejor llene sus expectativas personales y de sus bolsillos.

Con este “profesionalismo” del político en la Argentina, se ha causado una crisis en las viejas usanzas de la llamada militancia que en rigor a su significado preciso, solo existe a cambio de alguna dádiva, favor o dinero por los servicios prestados en alguna área determinada de los centros urbanos con importancia electoral.  De ese modo y sin desparpajo, quien ayer había sido adversario hoy es el más conveniente  de los patrones.  De esta manera el dinero y las ventajas que se podrían obtener del “partido” encaramado en el poder, han venido sirviendo como el ley motiv para moverse de un lado a otro, sin hacerse algún cuestionamiento sobre éste proceder tan anti-militante más digno de un mercenario que de un pretendido idealista.

Si hay algo que ha dado muestra la llamada “década ganada”, es del fenómeno de la migración masiva de  supuestos incorruptibles y fieles corredigionarios radicales, que como si estuviesen hipnotizados o bajo un hechizo poderoso, saltaron limpiamente  el rubicón para marchar extasiados a las filas del llamado Frente Para la Victoria (FPV).  ¿Pero qué malvada poción habrían bebido estos incautos y bienhechores representantes del ideario de Yrigoyen y Balbín para realizar semejante desarreglo?

Más allá del sarcasmo y tomando con seriedad este fenómenos, veremos que los incentivos para estas determinaciones, son tan tentadores como muy difíciles de rechazar para cualquier ser humano y argentino.  Con la crisis del 2001 y con el lema “que se vayan todos”, los partidos políticos como tales recibieron un verdadero golpe a sus estructuras porque, pese a que se mantienen hasta el día de hoy, sus estructuras son ciertamente muy endebles.  Fue precisamente tras aquella crisis, que un pueblo harto de las manipulaciones de sus políticos y de los partidos a lo que estos representaban, no fue sino el marco ideal para que entre furia, indignación y una crisis económica endémica que llevaba al país al remate, que se colaron silenciosa y discretamente un matrimonio venido del sur que se las traería.
Con sus predecesores vapuleados por el mal humor de la opinión de la calle y sin estructuras políticas en las cuales refugiarse, se batieron en retirada a sus cuarteles de invierno y disfrutar en sus modestos retiros silentes, con los dineros habidos durante sus estancias en los altos cargos públicos que cada uno de ellos ocupó.  Seguramente con dolor y compungidos por tener que abandonar al pueblo en esas horas tan negras, alguno de ellos a bordo de uno de sus tantos sus automóviles último modelo y blindado  mirando por los espejados vidrios de su ventanilla exclamara entre sollozos ¡ Adiós pueblo, con dolor me retiro a mi mansión en Lomas de Zamora!

Salvando el comentario mordaz y volviendo a la cruda realidad, es necesario abordar el tema de la imperiosa necesidad de que renazca aquellas militancias incondicionales guiados e inspirados por idearios leales a su doctrina y que se reflejen acabadamente en los hechos. Es cierto que la era de las movilizaciones masivas y los liderazgos deslumbrantes han pasado. La globalización con su virulencia consumista a infectado a una parte de los habitantes del globo, en adictos al brillo y la fortuna instantánea que no dan satisfacción más allá de esas metas. Este virus a afectado a la clase política que sin distinciones, causa entre otros síntomas, la incongruencia y la corrupción febril.

Pero la necesidad de subsistir ante una muy y constante dinámica política mundial en constante cambio obliga a que se forme un semillero de futuros líderes en todo su significado. Para ello sería vital, tomar conciencia de dónde se está parado, cómo comenzar a trazar un camino y  hasta dónde pretendemos llegar como nación.  Si el pueblo y la Argentina como nación quiere llegar al desarrollo ideal deberá preparase para un peregrinar constante y paciente de bregar por hacer valer el poder que cada habitante tiene, para mejorar cada área que hoy día, fallan escandalosamente por los arreglos y las incompetencias que sacuden a la convivencia del colectivo nacional.
En el marco de la macro política y de búsqueda de un peso propio a nivel regional y porque no, a nivel mundial, Argentina debería encarar y poner manos a la obra mega proyectos que han venido siendo raleados por intereses espurios o también, por las galopantes acciones de los inescrupulosos que llenan sus bolsillos con los dineros públicos salidos de los impuestos que pagan los ciudadanos comunes.  Y no solo se habla de la Obra Pública para la Capital federal o el Gran Buenos Aires, que muchas veces pareciera ser la representación de un país mucho más extenso.

Pero cualquier lector podría con mucha razón cuestionarse, ¿de qué o cómo cuales proyectos se refiere? Púes, como bien se ha señalado, el país no termina en la General Paz ni menos aún se reduce a la provincia de Buenos Aires. A los políticos cirqueros que se han transformado en vedettes de televisión se les avisa que “hay vida más allá de la Ciudad Autónoma”. La Argentina profunda es un diamante en bruto que espera ser cortado y no cabe lugar a dudas de que debe serlo por nuestras manos.

Como principio de cuentas, lo primero que debería ponerse al corriente y en un control escrupuloso por parte de una administración sana, sería el manejo y la asignación responsable de los recursos para el desarrollo de obras públicas de gran envergadura. Para que esto no quede en una declaración de deseos se hace urgente una reforma  legislativa para tipificar y punir con graves penas el delito de corrupción que a su vez prevea una acción civil de regreso de lo mal habido por un funcionario de cualquier área, poder o jerarquía del gobierno.

Para comenzar, uno de los proyectos que deberían ponerse en marcha sería la de un planeamiento estratégico para el desarrollo y construcción de nuevos puertos con capacidades técnicas propias para prestar servicios multimodales dotados con una marina mercante y asistencia técnica propia. Ante todo, con un exhaustivo estudio topográfico  de todo el litoral costero atlántico y del estrecho de Magallanes como paso adelante en la proyección de una salida marítima comercial competitiva por el pacífico concertado mediante acuerdos con Chile.

Ello requerirá del desarrollo de un programa de planeamiento e industrialización naval basado en las necesidades, características y aspiraciones operativas propias que lleve a estructurar  el diseño y construcción de navíos propios, incentivando a su vez el desarrollo laboral de mano de obra calificada y la captación de profesionales  universitarios calificados  para desplegar sus capacidades  cualitativas, técnicas e imaginativas  que solucione a mediano y largo plazo dos problemas latentes presentes al día de hoy como son, la dependencia tecnológica que resulta una cadena que limita la actividad y la depredación iticola foránea del litoral marítimo y en especial en los mares de sur. No hace falta que se mencione que el desarrollo de este mega proyecto, además de una necesaria millonaria inversión, producirá una bolsa de empleo estimable que se retroalimentara con el avance y consecución de las obras.

Otra área estratégica fundamental que puede dar un puntapié a la movilización y el desarrollo a mediano y largo plazo del país, es la industria aeronáutica y espacial en la cual el país puede aportar una importante plaza para la construcción de aviones civiles, militares y el  desarrollo de vectores inteligentes con capacidad de llegar al espacio que catapulten satélites de propia fabricación.  Evidentemente estos últimos, no serían nada fácil de llevar adelante dado los condicionamientos a los que se sumió al país a lo largo de los gobiernos que vienen desde 1983 en adelante.

Y la lista para el desarrollo con expectativas de un desarrollo económico propio podría seguir. El problema que se presenta es ¿quiénes pueden llevarlo adelante? Dadas las circunstancias y con una clase política camaleónica que no tiene escrúpulos de cambiar de camiseta en los momentos que mejor convenga, hace muy difícil que exista posibilidades de poner en marcha estos proyectos.
Simplemente, la bolsa la maneja el que gobierna y de ella no solo comen ellos, sino también  sus automáticos conversos –como los llamados radicales y socialistas  K- que se arriman para picotear las migas que caen de la mesa de los comensales. Si todos comen de la misma fuente, se hace poco creíble que alguno de esos comensales, pretenda morder la mano que le alimenta.

Con un Frente para la Victoria que cuando conviene se declara “peronista”, o bien “progresista” o “revolucionario” y a veces con impostaciones nacionalistas populistas,  se camufla en la selva política conforme a la ocasión, atrayendo a los más descarados advenedizos de todas las corrientes políticas, no ha hecho más que sembrar la incertidumbre  y concluir en que, se hace necesario, como si de una taberna se tratase, poner en la puerta del Congreso un cartel que rece OPOSICIÓN SE BUSCA.

Editor.

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