“TERROR Y ESTADO”

 

Cómo puede explicarse la actual situación de inseguridad global y los principales responsables del llamado “Terrorismo Internacional”.

Por Charles H. Slim

Durante décadas se vino asociando al “Terrorismo” como una forma de expresión política, utilizada por sujetos y grupos anónimos, ajenos a las fuerzas regulares de un estado determinado y circunspectas a la lucha irregular contra un poder establecido. La realidad demuestra que algunos estados se han servido y siguen sirviéndose de dicha herramienta. Para peor, esta táctica, fue recurrente y maliciosamente endilgada a una sola parte de los actores políticos dentro del esquema internacional tratando de asimilar una idea sucia y contaminada de prejuicios que terminara asociando esta forma de manifestación con una etnia o nacionalidad determinada.

A partir de este breve prefacio, queda claro que el “Terrorismo” no es una ideología o la base sobre la que se sustenta una religión –como han osado presentar algunos recalcitrantes racistas de esta época-  o el ejercicio desaforado de la violencia a manos de unos cuantos locos. Hay toda una estructura muy bien pensada y que con el paso de las décadas se ha ido mejorando y complejizando en grado extremo.

Los actuales acontecimientos que sacuden al mundo, corroboran esto dejando en evidencia a sus verdaderos orquestadores. Son éstos, quienes mediante una nociva combinación de desinformación desde los medios corporativos y operaciones de agencias de inteligencia,  quienes manipulan a la opinión pública  generando actos como los vistos últimamente en París y Londres (Globalresearch. “Video..http://www.globalresearch.ca/video-information-is-a-weapon-in-the-war-on-terror/5596068 )

Las pasadas acciones de grupos marxistas, maoístas y de nacionalistas árabes como la OLP solo fueron el reflejo de una trama más intrincada y siniestra que se fue mejorando con el pasar del tiempo y que incluso fue absorbida por la actual red que maneja esto. 

Incluso el operar de las células guerrilleras castristas y sandinistas en las décadas de los sesentas y setentas que operaron en el Caribe, los fracasados movimientos intentados en el Cono sur en Uruguay, Argentina y Bolivia, fueron una parte de lo que hoy se pretende englobar con el espectacular rótulo de “Terrorismo Internacional”.

Sacando el idealismo que encubría estos movimientos, había detrás una compleja planificación y financiación que se enmarcaba en la bipolaridad de la guerra fría en la cual, tanto el llamado “mundo libre” liderado por EEUU y la URSS encabezado por Rusia, buscaban extender sus dominios territoriales usando a estos agentes tercerizados. Ambas partes a cargo de sus agencias de inteligencia y militares, usaron y abusaron de estos recursos hasta llegar a conformar verdaderos ejércitos clandestinos con los cuales, tratarían de sobreponerse a su adversario.

Para tener una idea desde cuándo se viene usando esta herramienta sucia, veremos que desde la guerra entre EEUU y España por el control de las últimas colonias (tras el incidente del USS-Maine en Cuba),  hasta las actividades de la CIA en vísperas de la tramada crisis en el Golfo de TonKin en 1964, los entes estatales se vieron involucrados en el desarrollo de actos siniestros que ayudarían a desencadenar efectos políticos a la medida de sus conveniencias.

El paso del tiempo y los cambios geopolíticos que se fueron dando, especialmente para finales de los setentas,  llevaron a que dichos  programas de “subversión” pasaran a ocupar otros objetivos, que incluso no habían sido previstos en las planificaciones originales. El caso de “Gladio”, como programa secreto de la OTAN paso a degenerarse hasta perder sus objetivos originales y termino sirviendo para siniestras operaciones en suelo europeo. En este sentido los escenarios urbanos en Europa pasarían a ser reemplazados por los exóticos parajes del Medio Oriente y Asia, ya no disfrazados como células “marxistas” como fueron “Baader Meinhof” en Alemania o las “Brigadas Rojas” en Italia sino, tercerizando actividades más brutales usando un nuevo componente: la religión.

Cuando los británicos ocupaban Palestina como un protectorado, fueron blanco de acciones terroristas de los grupos sionistas quienes no solo no dudaron en asesinar a los lugareños árabes que ya vivían antes de que migraran colonias judías desde Europa, sino que no tuvieron problemas en matar ingleses para concretar sus objetivos (voladura del Hotel  Rey David).

Una vez instalado ese estado en medio de territorio árabe-palestino, fue un problema continuo el tratar de doblegar al cerco de enemigos que los rodeaba. Soluciones militares como “alternativa nuclear” de la que hablaba el general Moshe Dayan no era tácticamente viable para usar contra los palestinos.

Las políticas policiales y de ocupación militar no alcanzaban para Tel Aviv y pronto a comienzos de la década de los sesentas, los cerebros del Mossad que dedicaron años al estudio de la psicología árabe y de las instituciones del Islam (en especial la Jihad) elucubraron un plan para tratar de erradicar la militancia nacionalista en la población palestina, fomentando las actividades religiosas en las Mezquitas  con la intensión de que absorbieran a la juventud combativa. Y no solo eso. Mientras más extrema fuera la prédica, mejor y de ese modo nació la “Jihad Islámica”, una creación que sin dudas los israelíes apoyaron entusiastamente desde las sombras hasta que, por efecto de sus propias tramas, se les volvió en su contra.

Una de las operaciones terroristas más conocidas ejecutadas por el estado de Israel fue la campaña de asesinatos ejecutada por el Mossad (Operación Cólera de Dios) contra los supuestos responsables de la masacre en las olimpiadas de Münich, en la cual extendieron la muerte con ejecuciones con pistola y bombas lapa matando en casos comprobados, a gente inocente.

Por la misma época, sus colegas de la CIA llevaban adelante sus propios programas de terrorismo con la intensión de ensuciar políticamente las acciones del Vietcong. Con la cooperación de los servicios de inteligencia sur vietnamitas, los estadounidenses montaron una red de asesinos y saboteadores con la intensión de eliminar a 1800 vietnamitas políticamente molestos al mes.  De esta manera, bombas en los cafés, restaurantes repletos de público y algunos ataques contra militares estadounidenses  (para despistar) en plena vía pública de Saigón, daban los argumentos a Washington para incrementar su presencia en el sudeste asiático.

Estos actos además justificaban los arrestos contra sospechosos de ser comunistas y por ende responsables de esos ataques, creando un círculo vicioso de arbitrariedades, detenciones, torturas, desapariciones y muerte. El juego implementado por la CIA que se denominó “Operación Phoenix” no solo causo una sangría sin precedentes para ese entonces sino que además, fue el corolario previo a lo que luego se trasladaría a Latinoamérica con la llamada “Operación Cóndor” que de investigarse, revelaría datos inéditos. Incluso fuentes confiables, revelaron por 1982 que muchos militares estadounidenses, considerados por los evaluadores de inteligencia como potenciales riesgos de filtrar información, fueron asesinados sin contemplación (Covert Action Information Bulletin).

El truco era crear una sensación más amplia y distorcionada, del peligro del comunismo militante que además, conto con el apoyo inestimable de los grandes medios de información de la época. Como se puede observar, el terror en sus diferentes modalidades fue usado por algunos gobiernos para lograr objetivos muy lejanos a los intereses relacionados con la seguridad o la patria.

Para mediados de los ochenta, el mismo programa pero adaptado a las necesidades en 

Afganistán, llevó a que por órdenes del Departamento de Estado y con las puntillosas instrucciones del asesor  Zbigniew Bzezinski la CIA pusiera en marcha sus operaciones de sabotaje y asesinato contra las tropas soviéticas que habían entrado en 1979. Así nació “The Base” (La Base) en árabe “Al Qaeda”. Con el financiamiento de dineros negros provenientes del narcotráfico y petrodólares de gobiernos como Arabia Saudita, la CIA recluto, instruyó y respaldo elementos árabes y no árabes para lanzar las operaciones subversivas  contra el gobierno pro-soviético de Kabul.  Curiosamente, esta estructura volvería súbitamente a la palestra con misteriosos ataques en Kenia y Tanzania en 1998, dando su golpe de gracia en el 2000 contra un buque de la marina estadounidense en Yemen.

Como puede verse, se buscaba involucrar a los EEUU en la región y cuando esos intentos no bastaron, el 11 de septiembre de 2001 vendría el golpe decisivo. A la distancia, se advierte que había una planificación deliberada del uso del terror con fines geoestratégicos, algo que por décadas, se mantuvo estrictamente oculto a la opinión pública.

Tras el 11 de septiembre del 2001 y la aplicación de una política de neurosis y temor colectivo, EEUU se lanzo a la conquista del Medio Oriente y del Asia central pero, en el camino, fue tropezando una y otra vez dejando en evidencia ante la atónita opinión pública internacional, lo que había venido haciendo.  

Iraq con personajes como el general David Petreaus, el embajador John Negroponte, James Style, James Coffman y una lista que llega hasta el presidente George W. Bush, fueron los responsables (operativos y políticos) de ejercer el terror mediante variadas metodologías y actores (como el “Daesh”) contra la población civil.

Fue sin dudas las revelaciones de Iraq en 2004, las que comenzaron a mostrar cómo funcionaba y quienes realmente digitaban y continúan dirigiendo el terrorismo.

Tras más de una década de haberse expuesto el embuste, hoy tratan de maquillar este accionar con supuestos cerrojos legales, que aparentar una preocupación por los derechos humanos, violados sistemáticamente por regímenes encumbrados por Washington, intentando desligarse de lo que ellos mismos habían instalado. Más allá de los esfuerzos intelectuales por argumentar esto, nadie con dos dedos de frente puede llegar a creérselo. (Foreing Affairs.   https://www.foreignaffairs.com/articles/2017-06-29/getting-leahy-law-right?cid=int-lea&pgtype=hpg)

“EL ESTADO QUE NUNCA EXISTIO”

 

Tras haberse confirmado la muerte de Abu Bakr Al Bagdadi se da por concluido el gran espantajo creado por cerebros en Langley y el Pentágono, y mediatizado por los medios occidentales. El Estado Islámico ¿en realidad alguna vez existió?

Por Charles H. Slim y Ali Al Najafi

Han pasado tres largos años desde que el autoproclamado “Califa” de los creyentes declaro la creación y el establecimiento del mal llamado “Estado Islámico” en las tierras de Iraq. El jefe del enigmático grupo “ISIL” más conocido por los iraquíes como el “Daesh”, declaro en aquella gran Mezquita de Mosul que había llegado la hora para que todos los musulmanes se unieran a la lucha contra la apostasía que representaban los gobiernos chiitas representados por el partido “Dawa”  de Nouri Al Maliki en Bagdad y el “Baas” dirigido por un “Alawita” (rama chiita) como Bachar Al Assad en Damasco. Por supuesto, en el discurso de Al Bagdadi, muy poco se mencionaba a EEUU y menos aún a Israel.

Hoy se confirma que Abu Bakr Al Bagdadi fue eliminado junto a una docena de lugartenientes en una reunión que se llevaba a cabo en un bunker en las afueras de la ciudad siria de Raqqa. El golpe fue dado entre la noche del 27 y la madrugada del  28 de mayo pasado, dejando el lugar marcado, completamente destruido. Pero ello no fue mérito de los bombardeos de la Coalición liderada por EEUU; no, fue el mérito de la inteligencia rusa y de un ataque aéreo de sus fuerzas aeroespaciales.

Aviones SU-35 y SU-34 concurrieron al punto señalado por los Drones de inteligencia y con precisión lanzaron su ataque sobre dos locaciones bien delimitadas. Casi trescientos militantes del “ISIS” entre los que se hallaban los  comandantes como Abu Al Hajdi y Suleiman Al Shaukah perecieron en el ataque. Del efecto devastador de éste golpe, se asegura que el principal líder de la organización murió junto con todos los presentes.

Fue el último acto de aquel impostor que se hizo pasar por Califa y que aprovechando la desastrosa circunstancialidad en que se hallaba la región, pudo penetrar en Iraq y a punta de fusil, prometer a los iraquíes que había llegado para liberarles del yugo opresor de un régimen  colaboracionista y apostata.

Su imagen y vestuario, fue confeccionado siguiendo los detalles de la tradición (Sunna) islámica que diera una poderosa impresión sobre los espectadores que le vieran. El color negro en su turbante pretendía mostrar que descendía de la línea de sangre del profeta Mahoma y la barba larga, un símbolo de la paciencia de los hombres creyentes.

Fue la versión bizarra del “Laurence de Arabia” británico, pero al servicio de los planes estadounidenses, un fake siniestro creado por la inteligencia estadounidense, plantado en medio del caos y la desolación que los norteamericanos crearon deliberadamente, haciendo imposible corroborar si ese personaje que el Pentágono trato de hacer creer que había sido un prisionero iraquí, había existido alguna vez.  Precisamente, si algo se preocuparon los invasores angloestadounidenses cuando entraron a Bagdad, fue hacerse con el control del Ministerio de Información y de los bancos de datos de la población iraquí a la cual se la hizo desaparecer para luego argumentar que no existían censos actualizados.

Combatientes iraquies en Ramadi


De allí nació Abu Bakr, presunto médico y ciudadano de Bagdad que había sido arrestado por los norteamericanos durante la ocupación y tras ser llevado al campo de concentración de Abu-Graib, fue torturado haciendo nacer en él, una sed de venganza que materializaría tras salir de ese penal. Esa era la historia de cientos de miles de iraquíes anónimos que se perdieron en ese laberinto siniestro administrado por los estadounidenses y sus “servicios contratados”. Pese a lo dramático de la descripción de este personaje, lo cierto es que nadie pudo precisar su real existencia.
Con esa información además de servirle para marcar, señalar y ubicar a los partidarios del Baas (para ir a buscarlos y asesinarlos), fue el material de trabajo para las agencias de inteligencia con el cual sabrían como (entre otras cosas), fabricar la identidad de sujetos que nunca podrían ser rastreados.

La historia oficial planteada por Washington, se parece más a un libreto de Hoolywood que a la realidad de un hombre que jamás existió.

El “Daesh” fue una implantación artificiosa de la inteligencia militar estadounidense allá por el 2006 que se combino con las operaciones que al mismo tiempo, sus colegas de la CIA (https://pensamientoestraegico.blogspot.com.ar/2016/03/internacional-el-gran-espantajo-como-el.html), los británicos del MI-6 (Red Voltaire.org. “Muerte del califa y fin del Emirato Islámico”.  http://www.voltairenet.org/article196986.html ) e israelíes pusieron a rodar en medio del caos.

Fue con la administración de Barak Obama, que aquella célula del “Estado Islámico de Iraq” que para mediados del 2010 a duras penas subsistía en los desiertos de Al Anbar, fue reactivada y nutrida con hombres, armas y financiamiento suficiente para que pudieran operar casi ilimitadamente. Una de las armas más características que se les entregaba eran las pistolas con silenciador “Beretta” calibre 22, que además de servir para asesinar a plena luz del día a funcionarios iraquíes sin un mínimo de ruido, salían de la fábrica  libres de numero de serie.

Tras aquella cinematográfica fuga de varios supuestos comandantes del “Daesh” en Abu Graib en septiembre de 2013 y que pudieron salir de Bagdad como si fueran invisibles, quedó en claro que aquello fue un embuste, uno más de todos los que rodearían la existencia de esta agrupación.

Solo unos meses después de aquel evento, reaparece el “Daesh” pero con un tamaño y fuerza imposible de creer. Con un despliegue de armas y vehículos modernos, cruzaba con facilidad las porosas fronteras iraquíes mientras Washington impostaba preocupación.

El momento para establecer este “Califato” nunca pudo ser más propicio.  Iraq se hallaba en un levantamiento masivo de las provincias del centro norte con lo cual, la llegada de esta fuerza sunita, se sumaría a los esfuerzos por derrocar al tirano y colaboracionista de Bagdad.  Con una combinación de fuerza y astucia, el “Daesh” con el apoyo de fuerzas iraquíes penetraron hasta los cuarteles más vigilados del ejército y la policía, convirtiéndolos en cementerios. De este modo, con equipos, uniformes y armas que usaban las fuerzas colaboracionistas de Bagdad (de fabricación estadounidense), lograron engañar a cuantos puestos, comisarias y bases se presentaron, terminando los incautos con un disparo en la cabeza.

La venganza fue terrible y los iraquíes se cobraron con sangre por todos los años de opresión que habían sufrido y gracias al “Daesh”, pudieron cobrarse con creces contra funcionarios, jueces, jefes de policía y gobernadores que además de haber colaborado con los invasores estadounidenses, seguían las directivas de Al Maliki.

Los mismos norteamericanos con los que se habían sacado fotos y vendido a sus propios vecinos, les entregaron y abandonaron a su suerte.

Todo estuvo servido en bandeja y de ese modo, bases militares con vehículos blindados “Abrahms” y cuantiosos depósitos de municiones pasaron a ser parte de la fuerza de “Daesh”. Casualmente en Mosul, la ciudad elegida para capital del “Califato” tenía guardados en un depósito unos 500 flamantes vehículos “Humvi” artillados provistos por EEUU unos meses antes que pasaron a ser parte de la fuerza mecanizada del “Estado Islámico”. Todo muy sospechoso.

Los planificadores del “Daesh” y de todas sus troperias tuvieron éxito al engañar a los desesperados iraquíes, en especial a los ciudadanos de Mosul y no fue difícil ganarse su confianza cuando mostraban su descarnada justicia contra los brutales pistoleros y asesinos que representaban y siguen aún representando a un gobierno colocado por los estadounidenses.

Hoy la ciudad de Mosul y el resto de las ciudades del noroeste de Iraq han sido demolidas hasta casi hasta convertirlas en polvo y bajo sus cimientos, han quedado la vida de miles de inocentes de los que jamás nadie hablara. Los que desde occidente pretenden manejar a la opinión pública, se centran en dirigir sus acusaciones sobre esta entelequia para lo cual, se habían vertido un sinfín de embustes que pretendiendo hacerlos pasar por piezas históricas, pretenden explicar el surgimiento del “Daesh”, sin querer aceptar que han quedado develados como mentiras pre elaboradas por las agencias de inteligencia estadounidenses que realmente crearon este adefesio (Globalresearch.  http://www.globalresearch.ca/terrorism-is-made-in-the-usa-the-global-war-on-terrorism-is-a-fabrication-a-big-lie/5435816 )