“FINAL DE EPOCA”

La derrota desastrosa del Peronismo dirigido por Cristina Fernández ha marcado un punto de no retorno en su posición como en las expectativas de aquel proyecto para la Argentina ¿Habrá un nuevo comienzo o solo es el comienzo del fin?

Por Javier B. Dal

El 22 de octubre último, la población argentina tomo una determinación crucial para su futuro tras las elecciones parlamentarias. Fue sin dudas un momento culmine en la dirección que iba a tomar el país, en todos los aspectos, sea en lo interno como en lo externo pero especialmente, en el camino que puede llegar a desandar de ahora en más en el ámbito de la geopolítica.

Argentina venía desde 1983 en una continua cuesta abajo y que, más allá de glorificar al entonces presidente Raúl Alfonsín por ser el presunto artífice de las bondades de la incipiente “democracia” como un sistema de gobierno, en realidad la misma –además de haber sido impulsada por Washington tras el cambio de sus intereses- solo ha servido como argumento recurrente para encubrir la ineptitud, los abusos de derecho, el latrocinio y por supuesto, la corrupción político-estructural de la clase política.

En esos momentos el negocio de la “guerra fría” entre Oriente y Occidente estaba tocando fondo y las necesidades de la Casa Blanca ya no pasaban por eliminar a la subversión comunista de Latinoamérica; ya no hacían falta los regímenes militares para mantener a raya esa amenaza. Los objetivos geoestratégicos de EEUU estaban cambiando rápidamente y debía tomar medidas. Como de costumbre y de un plumazo le bajo el pulgar a los gobiernos militares y permitió que las elecciones de gobiernos civiles volvieran al poder obviamente, siguiendo las directivas del Departamento de Estado. En la Argentina, quienes ocuparían ese sitial serían los mismos que entre cuatro paredes aplaudieron a la Junta militar durante los años de plomo y que luego, tras la venida abajo de aquel estado de cosas, se presentaron como los salvadores y los adalides de la “Democracia”.

Pero lo que nos referimos aquí es a la caída de Argentina en lo que hace a su posicionamiento internacional e incluso regional. Como parte de una comunidad de estados, Argentina perdió progresivamente su peso político y con ello, afecto sus relaciones económico-comerciales a niveles impensados. 

Con una clase política abúlica y autista, el país perdió el norte creyendo que todo podía arreglarse dentro de sus propias fronteras abandonando los grandes temas de estado, improvisando en áreas que no aceptan ligerezas (como inteligencia, área de Defensa y política exterior) o a la sumo, realizando algunas alianzas con sus vecinos más allegados pero nada más.

Esto además de ser una demostración de obtusidad política y falta de previsión ante el mundo globalizado y hostil que se aproximaba, evidenció la pasmosa mediocridad del por entonces proyecto social-demócrata de Alfonsín y Cía que solo se centro en purgas internas de tinte político revanchista para el impacto partidista y el desguace sistemático de las Fuerzas Armadas, brazo imprescindible para darle sustancia a la política exterior. Con ello se debilito la estructura orgánica del estado como un actor saludable y confiable en el contexto internacional convirtiéndolo en lo que metafóricamente podríamos ilustrar como  un mero hablador con brazos escuálidos, tratando de esconder bajo la alfombra de discursos baladíes, los enemigos externos que gravitaban y siguen gravitando sobre los intereses nacionales.

Es que como dijo alguien, “es más fácil destruir que reformar o construir algo nuevo”; y solo a eso se dedicaron durante los últimos 34 años los politiquillos advenedizos que se arremolinaron alrededor del estado para convertirlo en la caja registradora de la cual cobrarse para simplemente no hacer nada trascendental por el común dejando de lado los temas macro-políticos de  la agenda geoestratégica que actualmente son de relevancia ineludible para los intereses de todos los habitantes de la nación.

En apariencias eso fue entendido por Menem en la década de los noventa pero, al poco tiempo revelo que la forma de insertar al país dentro del concierto internacional no era ni la mejor ni la más inteligente. Su alineamiento automático pareció ser la fórmula mágica. Si era la más rápida y hasta se podría decir incluso espectacular, pero con consecuencias que nunca pudo prever y menos aún conjurar. Sin una estructura renovada de sus áreas de inteligencia ( SIDE) que venían desmoronándose tras el gobierno de Alfonsín y con unas Fuerzas Armadas desarticuladas, su gobierno quiso jugar en las grandes ligas de la geopolítica internacional sin haber previsto que se estaba prestando a que ese juego siniestro llegara a su país y causara las consecuencias que todos conocen.

Fue demasiado tarde para cuando Carlos Menem y sus ministros reaccionaron y se dieron cuenta que el país en la situación que se hallaba, estaba desprotegido y vulnerable. Esa negligencia además del daño que causó fue la clara demostración –además del amateurismo- del desguarnecimiento en que el estado nacional se hallaba para mínimamente atender o a lo sumo, detectar  la existencia de planes en curso para realizar atentados como los perpetrados entre 1992 y 1994, ni que hablar de perpetrar la muerte de su hijo y la voladura de “Río Tercero”.

Menem dejo pasar la oportunidad de dar el puntapié para reformar la infraestructura global del estado nacional. Y bien decimos, “dar el puntapié” ya que sus dos gobiernos no habrían alcanzado para que hubiera podido disfrutar de los frutos de un proyecto de largo plazo como ese. Quizá fue por ello, que como le sucede a todos los políticos argentinos, poco le intereso comenzar una obra de la cual no podían disfrutar y menos aún usufructuar; Menem hizo como dijo Luis XV, “Después de mi, el diluvio”. Para ellos el poder es la oportunidad para sacar ventajas partidistas y obtener ganancias personales, nada más.

Para 1999 Menem y su gente eran historia y la Argentina caminaba sobre la cornisa  a punto de caer al abismo. Tras la llegada al poder del gobierno de la Alianza-FREPASO liderada por el presidente Fernando de la Rúa el país esperaba mejoras en la economía y un cambio en los manejos de la política doméstica que tenía la resaca de las fiestas neoliberales con “pizza y champagne”. Eso no ocurrió y ello terminaría con la crisis del 2001 con la huida en helicóptero del presidente De La Rúa.

Tras la acefalia y resuelto el problema de la sucesión, Néstor Kirchner, gobernador de Santa Cruz se hace cargo de la presidencia y tímidamente fue escalando en sus ambiciones. Las circunstancias internacionales no podían ser mejores, los mercados internacionales sonreían al mercado exportador y EEUU se hallaba subyugada en guerras lejanas sin darle importancia a la dinámica política que se gestaba en la región y que Hugo César Chávez lideraba en Venezuela. Precisamente y con estas circunstancias, Kirchner comenzó a vislumbrar que podría colgarse del carro de éste populismo “Bolivariano” pero usando a la imagen de Perón para referirse al “proyecto”. 

Pero lejos estuvo de consagrar la “tercera posición” o algo superador, sino que pronto dejo en evidencia que se apoyaría en los sectores de la izquierda “setentista” para sostener su programa mutante e indefinido políticamente que fracturaría a la sociedad.

 

Luego de  su extraña muerte, Cristina Fernández tomo el mando y como sucede en las venalidades, toda la familia tomo algún sitial en la nueva gestión.  Para ella, las reformas además de partidocráticas y sectoriales fueron meramente cosméticas que ahondaron la “grieta”. Sin saberlo fue el comienzo del fin, tanto para ella como para el PJ (sin distinción entre nacional y provincial) que se plegó a sus desopilantes políticas desintegradoras. Mucho más a la izquierda que su pragmático marido, CFK creyó que con algunos discursos altisonantes y emulando posiciones revolucionarias, reinaría por siempre pero el tiempo demostró que lo que construyo, estaba sustentado en pies de barro y para peor, lo hizo sobre un pantano que ya se ha tragado a la mayor parte de eso llamado “La Campora” . El final de ese “proyecto” ha llegado y con él, el de una época. 

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“CONDUCIENDO A LA GUERRA”

Según se viene sabiendo Benjamín Netanyahu y su gabinete vienen presionando con persistencia y firmeza a La Casa Blanca para que Trump ordene una intervención militar contra Irán y para ello Tel Aviv está apoyándose en las organizaciones sionistas estadounidenses y sus lobbies en el Congreso ¿Cederá Trump a los caprichos políticos del sionismo a costa de los intereses de su propio país?

Por Charles H. Slim

El martes pasado sonaba frenéticamente el teléfono en el despacho del presidente en la Casa Blanca y más tarde se sabría que la llamada era de larga distancia. Tan pronto como Trump fue informado de que había alguien estaba al teléfono que urgía por su atención, dejó sus asuntos en el jardín y fue raudo a atenderlo. Del otro lado de la bocina sonó la voz grave y con el acento de un inglés como el que suelen expresar los israelíes, pudo escuchar el saludo de su homologo benjamín Netanyahu quien demostraba ansiedad en hablar con él.

Lo que se hablo en esa llamada solo quedo para Trump y su interlocutor, pero no se hizo necesario interpretes para descubrir lo que en ella se trato y eso era “qué hacer con Irán”. Las últimas medidas que ha tomado la Casa Blanca poco tienen que ver con la política exterior estadounidense y más bien, están orientadas –como ha sido la costumbre desde 1948- a impulsar planes que solo buscan satisfacer los intereses del estado de Israel. La aplicación de sanciones contra Irán y la búsqueda por deshacer el acuerdo nuclear son solo algunos de los hechos de la administración Trump que han despertado la algarabía del sionismo internacional.

La búsqueda por arrinconar a la república Islámica de Irán viene impulsándose desde todos los puntos del globo donde el sionismo opera bajo sus diversas modalidades.  Esta determinación también se viene viendo en Argentina, especialmente desde ciertos funcionarios del gobierno de Mauricio Macri que bajo el pretexto de la supuesta ilegalidad del Memorando de entendimiento firmado durante el gobierno anterior entre Buenos Aires y Teherán y que los medios nacionales califican como un “Pacto de impunidad”, tratan de culpar a funcionarios iraníes de los atentados cometidos en Buenos Aires.  Esto también ha servido como un elemento más para fabricar un Casus Belli contra Irán y claro, contra el odiado “Partido de Dios” (Hesbollah) que argumente una posible operación militar contra el Líbano.

Durante todos estos meses de presidencia, Trump ha estado sometido a una fuerte presión de los poderosos lobbies judío-estadounidenses que lo venían emplazando como principal objetivo, de cortar todos los nexos con Irán y facilitar el camino a un ataque que degrade su capacidad tecnológica y reduzca al país a una situación similar a ala de Iraq. En apariencias Trump no ha mostrado ningún reparo a estos planes y ello ha sido motivo de congratulación de las 52 principales organizaciones pro-israelíes del país.

Según estamos viendo, Tel Aviv y en especial los sectores sionistas recalcitrantes que apoyan una guerra a niveles impensados contra Irán, no escatiman en recursos para crear situaciones controversiales que les dé el pie para argumentar una agresión a la cual “se vieron obligados a responder”. Lo hemos visto en Siria, con sus bombardeos sobre las fuerzas árabes del ejército e incluso asesinando a generales iraníes y algún que otro comandante de Hesbollah que se hallaban combatiendo a los grupos “wahabíes” y mercenarios entrenados por la CIA. Incluso en momentos que Vladimir Putin visitaba Tel Aviv, la aviación israelí lanzaba ataques contra las tropas sirias como pretendiendo decirle a Damasco “Rusia en realidad no les apoya”. También con tretas mucho más discretas y basadas en el engaño con sangrientos atentados y falsificación de informes realizados por sus servicios de inteligencia civiles y militares sobre uso de armas por parte de Al Assad.  

A nivel político y diplomático lo vimos con la salida de EEUU de la UNESCO en claro apoyo al disgusto de Israel por haberse aceptado en esta organización internacional a Palestina como un miembro con carácter de estado. Pero lo que más molesta a Tel Aviv y su círculo de intelectuales es que esta organización ha elaborado un meticuloso informe sobre los crímenes israelíes contra la población palestina que enfureció a todo el arco político y religioso del sionismo tanto en Israel como alrededor del mundo (Globalresearch.ca. “El primer Ministro israelí…”

Para la mayoría de la opinión pública estadounidense, no es una noticia que los intereses israelíes se hallen posicionados por encima de los estadounidenses e incluso que muchos funcionarios de sus carteras más sensibles, han sido escogidos y colocados por sugerencias directas de Tel Aviv y que se retrasmiten por medio de sus organización sionistas estadounidenses. 

El caso de David Friedman un conocido abogado judío estadounidense, especialista en quiebras, es ilustrativo de esto. A pesar de las incompatibilidades que presentaba para tener un cargo público, fue nombrado embajador de EEUU en Tel Aviv.

Pero el hecho más grave que La Casa Blanca que demuestra seguir las directivas de Tel Aviv en lo referente a las ansiadas intensiones de lanza una “guerra preventiva contra Irán” se da por las presiones de Benjamín Netanyahu para que Trump no solo desconozca el acuerdo nuclear firmado por Barak Obama  sino que, además de denunciarlo, siente un precedente bochornoso y peligroso por violar el cumplimiento de un acuerdo internacional. Ello ha desatado un revuelo interno especialmente dentro del Pentágono, donde los generales y asesores estratégicos opinan todo lo contrario a lo que Netanyahu quiere.

Para los generales norteamericanos, lanzar un ataque contra Irán podría tener consecuencias inesperadas. Además no habría motivo para realizarlo ya que el acuerdo funciona.  Otro punto es que, si EEUU violara la firma de dicho acuerdo, estaría arrastrando a los otros seis países que en el marco de Naciones Unidas, firmaron también el acuerdo llevando a Washington a un escándalo político internacional que mellaría aún más la baja imagen que ya tiene. Otra cuestión que plantean los estrategas norteamericanos es que, si se viola el acuerdo, los iraníes restablecerían la producción de modernos sistemas defensivos que dificultaría acciones futuras en la región.  A la par de esto, les daría mayores argumentos a Corea del Norte para seguir con sus programas de misiles nucleares. Otro punto, es la situación geográfica y topográfica de Irán que según varios expertos representaría una pesadilla similar a la de Afganistán y por último, la desconfianza que les ha ganado la interferencia de Israel en las pasadas guerras que tras empujar a sus militares a invasiones impopulares y desastrosas, terminan siendo pagadas con la sangre de soldados estadounidenses.

A la par de todo esto, también esos lobbies han venido presionando para que el gobierno tome medidas contra los “disidentes” internos y cualquier otro ciudadano común que apoye el boicot político y económico contra la economía de Israel que impulsa el llamado BDS y que ha representado una seria molestia para las inversiones en Israel. 

 

Aunque para ellos sería mucho mejor eliminarlos físicamente, ello es imposible por lo que la metodología está orientada a imponer multas y arrestos por  el tan usado argumento del “antisemitismo”. Los funcionarios clave para que esto pueda pasar, son el yerno de Trump Jared Kushner, el empresario de bienes raíces Jason Greenblatt y la empresaria y actual vocera en Naciones Unidas Nikki Haley, elementos centrales para influir en la alocada cabeza de Trump quien tal vez, en algún momento puede llegar a meter a la Unión en una guerra tan o más desastrosa que las heredadas del Clan Bush.

“EL FRACASO DEL NWO”

 

Como EEUU a lo largo de éstos últimos 25 años ha ido perdiendo en forma progresiva su poder hegemónico con el cual pretendía instaurar el llamado “New World Order” que supuestamente beneficiaría al mundo

Por Charles H. Slim

 

Aunque solo algunos de estos bloques actualmente están plenamente operativos, otros  han quedado en el camino y otros parecieran estar zozobrando ante continuos referéndums de separación, un fenómeno que en el caso de la Unión Europea hemos visto con el “Brexit” por el cual, Gran Bretaña tomo la decisión de abandonar el bloque lo que a su vez ha desatado los ánimos independentistas de Escocia e Irlanda que le han quitado el sueño a Londres.En los últimos 25 años a la actualidad, tras el derrumbamiento de la URSS y con ello, el fin de la bipolaridad este-oeste, el mundo ha venido experimentando la implementación de una política globalista que encabezada por EEUU se enmarcaba en la llamada Globalización, una supuesta fuerza espontánea dentro de las relaciones internacionales que achicaba las distancias entre los estados nación y que fomento, entre otras consecuencias,  el nacimiento de grandes bloques regionales como ser el NAFTA, MERCOSUR, UE, GCC, CAN, CEI y el BRIC para nombrar algunos, con objetivos económicos, comerciales, financieros y políticos que en teoría traerían beneficios reciproco para los países adherentes.

Volviendo a lo que significó la proclamación de ese New World Order (NWO), EEUU trazó una agenda y los medios con los cuales lo llevaría adelante pasándose por encima incluso, a la misma ley internacional a la cual pretendió reemplazar con creaciones legislativas de su propia cosecha  (USA, Patrotic Act. https://www.gpo.gov/fdsys/pkg/PLAW-107publ56/pdf/PLAW-107publ56.pdf )

El proyecto estadounidense que fue diseñado en la década de los setentas se enmarcaba en una propuesta basada en la ideología  liberal (detrás de la cual se cubrían sectores sionistas y necon) secundada por una agresiva política exterior que no por casualidad, de ese tiempo hasta hoy, ha llevado a crear muchas más incertidumbres que los supuestos beneficios que ese “New World Order” anunciado el 11 de setiembre de 1991 por el entonces presidente norteamericano George H. Bush supuestamente traería.

Y es que como muchos especialistas señalan, entre ellos estadounidenses, EEUU pretendió ser la voz cantante, el único conductor que  con un garrote en la mano, instauraría un sistema a gusto de sus conveniencias. En este sentido no debemos olvidar desde donde comienza todo esto. Fue necesario que su rival soviético colapsara y de ese modo, sin un adversario político y militar que le contuviera, Washington puso en marcha los primeros capítulos del plan elaborado por el sector necon que se denominó “Proyecto para el Nuevo Siglo Estadounidense” para convertir a los EEUU en una hegemonía política mundial usando –erróneamente- para lograrlo, su poderío militar.

 
No hay que olvidar que el momento puntual que dio comienzo al despliegue intervencionista en el exterior fue en 1990, secundado por  los inagotables recursos de la Alianza Atlántica y una pléyade de gobiernos alrededor del mundo –entre ellos los de Europa del este- que querían engancharse al tren de la única superpotencia que quedaba en pie.

Porque es necesario recordar que el despliegue militar que llevó adelante los EEUU en la guerra del Golfo Pérsico en 1991 y que desde allí continuaría desplegando en su carrera expansionista, no fue en solitario ya que para ello se valió de otra organización trasnacional como es la OTAN, con la cual pretendió establecer un sistema de “integración” que tenía como objetivos principales engullir a China y a Rusia.  Pero para ello debía ir por fases y fue así que el primer objetivo fue hacer pie en el Medio Oriente. Para ello creo el CENTCOM, con base en Arabia Saudita desde donde se coordinarían las operaciones militares y tareas de inteligencia contra Iraq en 1991 que se extendían (ya aún se extienden) a Irán. Dejar mal herido a Iraq durante una larga agonía de trece años de embargo sirvió para preparar el terreno  de la invasión en 2003 que además de arrebatarle el control del petróleo, le daría a EEUU un emplazamiento estratégico  para comenzar a desarrollar y extender sus actividades por medio del Comando Central en las puertas de Asia central con miras a coordinar las operaciones con las fuerzas ISAF que en 2001 entrarían en Afganistán con el objetivo de mapear las actividades de Irán, Rusia y China.

En todo ello solo hemos podido ver un despliegue de fuerza brutal y el establecimiento de relaciones meramente coercitivas y policiales para impulsar doctrinas basadas en el miedo y la desconfianza que nada tienen que ver con el progreso y menos aún el bienestar que supuestamente el nuevo orden debería haber traído. La única propuesta comercial para un mercado común en Latinoamérica lanzado por  George W. Bush en 2004 denominado ALCA, fracaso en forma rutilante ante la inaceptable pretensión de que el mismo fuera manejado por y desde Washington. Ante esto, los norteamericanos sin mayor interés, dictaminaron que la región podía esperar y se concentraron en objetivos fuera del continente. Como ha dicho alguien en algún momento “EEUU ha obrado como un gángster que a mano armada a saqueado las casas ajenas”.

En estos últimos treinta años, EEUU se ha dedicado irrumpir en las soberanías de otros países para desbaratar sistemas de gobierno que a su juicio –y de su aliado Israel- no eran aceptables; y eso no es lo peor. En ese proceso ha causado y sigue causando la muerte de centenares de miles de personas tratando de justificarlas con palabras muy sonantes como son la “democracia”, la “libertad” y los “derechos humanos”, que a la vista de sus acciones, no representan nada. Todo esto no para impulsar el progreso económico-comercial devenido de relaciones bilaterales o multilaterales con otros países sino más bien, para tapar el desarrollo y progreso de sus propios proyectos geoestratégicos y geopolíticos que a su vez, involucran fabulosos negocios relacionados únicamente con el armamentismo, el control de rutas estratégicas para el comercio legal e ilegal, la destrucción y la muerte.

Es por ello que el concepto de “Nuevo Orden” se baso en una política exterior agresiva en la cual EEUU saldría a tomar lo que considerara estratégicamente vital, dirigida a destruir estados nación para volver a edificar en su lugar, gobiernos a medida, calculando que la empresa sería rápida y sin oposición, algo que ha quedado claro nunca fue así. Desde 1991 no hay país invadido por EEUU o sus aliados que haya sido reconstruido y menos aún, que hubieran mejorado en su calidad de vida. Por el contrario, solo han dejado sociedades fragmentadas por la anomia administradas por mafias criminales, miles de familias obligadas a migrar, miles más mutiladas por la pérdida de parientes y la ausencia de la esperanza en un futuro mejor.

Tropas estadounidenses en Iraq

Los únicos que se beneficiaron con todo esto fueron las empresas y las corporaciones privadas estadounidenses que, por ocasión de las invasiones, cerraron contratos millonarios con el gobierno para supuestamente trabajar en la reconstrucción de países como Iraq, Afganistán y Libia.  En el caso de Iraq, el saqueo ha sido tan evidente como escandaloso. La apropiación del Ministerio del Petróleo en momentos que los norteamericanos entraron a Bagdad, fue uno de los objetivos primordiales de la “liberación iraquí” demostrando cual era la verdadera intensión de su presencia. O que decir del supuesto combate al “terrorismo en Siria” con bombardeos no sobre las bandas armadas de “Al Nusra” y el “Daesh” sino, contra la infraestructura petrolera del estado sirio e incluso contra sus fuerzas regulares y de sus aliados chiitas.

También los hechos han demostrado que además de que en Iraq no se reconstruyo nada, se hubieron desfalcado miles de millones de dólares (800 mil millones de dólares) invertidos solamente para costear la invasión de Iraq en 2003 que fueron a los bolsillos de militares estadounidenses y de altos funcionarios colaboracionistas de Bagdad. A todo esto, según el informe presentado al Congreso estadounidense por el inspector para la Reconstrucción de Iraq Stuart Bowen, más de 70 mil millones de dólares destinados a la supuesta reconstrucción de la infraestructura, contratos de personal local (comprar funcionarios) y restablecimiento de los servicios básicos, se habían evaporado.

Otros de los beneficiados con todo esto fue el área de la defensa y de la inteligencia, los cuales además de haber crecido enormemente en sus estructuras,  han expandido sus operaciones alrededor del mundo con nuevos comandos de operaciones que no llevan en lo más mínimo un mensaje de paz. Precisamente en las actuales circunstancias de crisis en torno a Corea del Norte, Washington está invirtiendo grandes flujos de recursos financieros para sustentar las maniobras militares que buscar amilanar a Pyongyang.

Actualmente el comando de operaciones de Asia Pacifico (USPACOM) se halla en una intensa actividad, justificada en parte por las pruebas misilisticas de Corea del Norte pero que en realidad siempre apuntaron a China que más que un rival militar, es un temible cuco económico-comercial ( https://www.globalresearch.ca/the-strategies-of-global-warfare-war-with-china-and-russia-washingtons-military-design-in-the-asia-pacific/5541976  )

En el programa norteamericano para éste NWO no existieron planificaciones de asociación para la inversión y el trabajo común con otros países e incluso con otros bloques regionales; todo lo contrario. El concepto del Nuevo orden mundial solo contemplaba su liderazgo unilateral y al resto de países y regiones del globo, como meros surtidores de servicios y bienes –entre ellos los de carácter estratégico-  a los que la Unión  sin miramientos  podía arrebatar.

Pero el error de estos últimos 25 años ha radicado en que EEUU solo uso las argucias discursivas, los engaños y la fuerza bruta para imponerse en el concierto internacional  y eso ya está cobrando sus consecuencias. Carente de imaginación política y con el vulgar uso del puño, Washington trató de instaurar un Status Quo mundial que subordinara al resto de las naciones a sus agendas políticas unilaterales pero está claro que los que se oponen a estas pretensiones aumentan día con día y cada vez se escucha más alto el clamor de todas partes del mundo que le dicen “No, Así no!, Así no!