“AIRES DE INSURRECCIÓN”

El deterioro de la economía argentina la agitación social en aumento y la subida del dólar señalan que algo puede suceder en el país.

Por Javier B. Dal

Qué es lo que podrías creer de un gobierno, cuando comienza a perder la lealtad de sus cuadros propios y lo peor, de su electorado? Así podríamos leer entre líneas lo que está sucediendo en Argentina tras los barquinazos que viene sufriendo la población ante las medidas de un gobierno liberal como el de Mauricio Macri que además de haber regresado a las recetas del crédito externo ante el FMI, parece no haber calculado la inmanejabilidad de variables como el dólar.

Es una particularidad de los argentinos el gusto, una patología por la moneda estadounidense como un refugio para sus ahorros y un seguro para vivir estilos de vida que en la realidad nunca podrían costear. Ello ha representado una de las contradicciones, una más, de un país que podría ser una potencia económica y financiera pero que se ve de continuado sumida en crisis cíclicas que asemejan a las recaídas de los ebrios o los adictos a las drogas.

Hay algo peculiar en esos genes. Igualmente, los grandes capitales siguen siendo los responsables de estas volatilidades ya que la mayoría de los ciudadanos del común apenas pueden ver billetes nacionales para poder subsistir con dignidad. Y es que aquí parece ser una regla que los que verdaderamente saben de algo no ocupan los lugares dentro de la administración pública y los incompetentes (por conexiones, favores o simple venalidad) son quienes terminan encaramándose en esos lugares gozando de los privilegios de sueldos estables, jubilaciones y honores mal habidos.

Pero quizá sea uno de los defectos en el carácter argentino, su miopía en ver la realidad que lo rodea. Por décadas han creído que el mundo exterior llegaba hasta sus fronteras y mucho peor las clases elitistas y en especial sus políticos pusilánimes la visualizaban hasta la orilla del Rio de la Plata; en síntesis, una estupidez absoluta. Con ello, los ciudadanos a pesar de haberse quemado con leche en varias oportunidades, siguen apostando a beberla hirviendo. Esto también aplicable como una metáfora referente a las relaciones que sus gobiernos –como el de  Macri- establecen tanto con los polos de poder  internacionales como con los organismos de crédito mundiales.

Pero no se engañe. Durante la “era K”, las relaciones de subalternación con los capitales externos se mantenían, enmascarado con discursos y por otras vías, pero se mantenían y una forma de perpetuarlo fue, debilitando la fuerza del estado con improductivas políticas de subsidios, las continuas inquinas y revanchas internas que desbarataron aún más las posibilidades de reestructurar los objetivos geoestratégicos del estado en la región.

Durante cuarenta años solo se ha visto una política de acción y reacción en el campo dialéctico pero nada en la substancia de la realidad. Con vociferaciones e imposturas en apariencias muy revolucionarias en algunos casos y muy ortodoxas en otros, los políticos se gastaron las gargantas en meros discursos electoralistas sin abordar el problema de un país sin horizonte geopolítico propio dentro del ya cambiante contexto internacional.  Solo discursos demagógicos y melancólicos pero nada más, así fue como llego Argentina hasta la actualidad que hoy la encuentra absorta, completamente desorganizada y al borde de un abismo.

Hoy mientras el mundo ya ha empezado a desprenderse del imperialismo monetario del dólar como la moneda de comercio internacional, en Argentina sigue siendo la divisa de culto por los argentinos de la clase media y alta. Esto demostraría que los argentinos no leen las noticias de otras latitudes o, quizás, sean meros ignorantes o tal vez más leales de lo que muchos creen a los intereses norteamericanos y británicos. Y es que es un contrasentido que mientras en el mismo EEUU la moneda norteamericana se deprecia a pasos agigantados en  medio de una deuda pública que en cualquier momento puede estallar, en Argentina sube su cotización.

Es más. Ya es una realidad en el comercio petrolero ver como la república Popular China y Rusia han establecido de común acuerdo el uso del yuan y el rublo como las monedas de cambio para éste importante mercado. Incluso es sabido que China posee 1.2 billones de dólares en valores de deuda estadounidenses y que últimamente Rusia ha vendido la mitad de esos bonos del Tesoro estadounidense por un valor de 47.500 millones de dólares.

Incluso la continua producción de expertos en economía dentro de Argentina, pareciera reflejar la existencia de una vasta clase de eruditos en la materia que debieran saber todo esto pero, pese a ello, nadie parece saber nada de la realidad económica internacional y menos aún de la propia argentina. Esto a su vez pareciera ir de la mano en lo que hace a los políticos y los expertos en política internacional quienes parecieran ciegos al momento de evaluar las conveniencias y las oportunidades estratégicas para el desarrollo propio.

A la par de esta situación y como claro complemento, estamos siendo testigos de la profundización de las “relaciones carnales” de la era Menem con la permisión inaudita para el ingreso de tropas estadounidenses e israelíes que no se limitaran a unos cuantos efectivos.

Todo ello, refleja un gravísimo cuadro de prejuicios y falsas doctrinas que son el resabio de décadas de subalternidad política a los tan nombrados “valores occidentales” a los cuales vale la pena aclarar, no forman parte de la región latinoamericana ya que dicho concepto fue formado y usado como argumento exclusivo aplicable por y para los EEUU y la Europa cristiana. Entonces, con este panorama ¿Qué es lo que puede suceder?

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