“FINAL DE EPOCA”

La derrota desastrosa del Peronismo dirigido por Cristina Fernández ha marcado un punto de no retorno en su posición como en las expectativas de aquel proyecto para la Argentina ¿Habrá un nuevo comienzo o solo es el comienzo del fin?

Por Javier B. Dal

El 22 de octubre último, la población argentina tomo una determinación crucial para su futuro tras las elecciones parlamentarias. Fue sin dudas un momento culmine en la dirección que iba a tomar el país, en todos los aspectos, sea en lo interno como en lo externo pero especialmente, en el camino que puede llegar a desandar de ahora en más en el ámbito de la geopolítica.

Argentina venía desde 1983 en una continua cuesta abajo y que, más allá de glorificar al entonces presidente Raúl Alfonsín por ser el presunto artífice de las bondades de la incipiente “democracia” como un sistema de gobierno, en realidad la misma –además de haber sido impulsada por Washington tras el cambio de sus intereses- solo ha servido como argumento recurrente para encubrir la ineptitud, los abusos de derecho, el latrocinio y por supuesto, la corrupción político-estructural de la clase política.

En esos momentos el negocio de la “guerra fría” entre Oriente y Occidente estaba tocando fondo y las necesidades de la Casa Blanca ya no pasaban por eliminar a la subversión comunista de Latinoamérica; ya no hacían falta los regímenes militares para mantener a raya esa amenaza. Los objetivos geoestratégicos de EEUU estaban cambiando rápidamente y debía tomar medidas. Como de costumbre y de un plumazo le bajo el pulgar a los gobiernos militares y permitió que las elecciones de gobiernos civiles volvieran al poder obviamente, siguiendo las directivas del Departamento de Estado. En la Argentina, quienes ocuparían ese sitial serían los mismos que entre cuatro paredes aplaudieron a la Junta militar durante los años de plomo y que luego, tras la venida abajo de aquel estado de cosas, se presentaron como los salvadores y los adalides de la “Democracia”.

Pero lo que nos referimos aquí es a la caída de Argentina en lo que hace a su posicionamiento internacional e incluso regional. Como parte de una comunidad de estados, Argentina perdió progresivamente su peso político y con ello, afecto sus relaciones económico-comerciales a niveles impensados. 

Con una clase política abúlica y autista, el país perdió el norte creyendo que todo podía arreglarse dentro de sus propias fronteras abandonando los grandes temas de estado, improvisando en áreas que no aceptan ligerezas (como inteligencia, área de Defensa y política exterior) o a la sumo, realizando algunas alianzas con sus vecinos más allegados pero nada más.

Esto además de ser una demostración de obtusidad política y falta de previsión ante el mundo globalizado y hostil que se aproximaba, evidenció la pasmosa mediocridad del por entonces proyecto social-demócrata de Alfonsín y Cía que solo se centro en purgas internas de tinte político revanchista para el impacto partidista y el desguace sistemático de las Fuerzas Armadas, brazo imprescindible para darle sustancia a la política exterior. Con ello se debilito la estructura orgánica del estado como un actor saludable y confiable en el contexto internacional convirtiéndolo en lo que metafóricamente podríamos ilustrar como  un mero hablador con brazos escuálidos, tratando de esconder bajo la alfombra de discursos baladíes, los enemigos externos que gravitaban y siguen gravitando sobre los intereses nacionales.

Es que como dijo alguien, “es más fácil destruir que reformar o construir algo nuevo”; y solo a eso se dedicaron durante los últimos 34 años los politiquillos advenedizos que se arremolinaron alrededor del estado para convertirlo en la caja registradora de la cual cobrarse para simplemente no hacer nada trascendental por el común dejando de lado los temas macro-políticos de  la agenda geoestratégica que actualmente son de relevancia ineludible para los intereses de todos los habitantes de la nación.

En apariencias eso fue entendido por Menem en la década de los noventa pero, al poco tiempo revelo que la forma de insertar al país dentro del concierto internacional no era ni la mejor ni la más inteligente. Su alineamiento automático pareció ser la fórmula mágica. Si era la más rápida y hasta se podría decir incluso espectacular, pero con consecuencias que nunca pudo prever y menos aún conjurar. Sin una estructura renovada de sus áreas de inteligencia ( SIDE) que venían desmoronándose tras el gobierno de Alfonsín y con unas Fuerzas Armadas desarticuladas, su gobierno quiso jugar en las grandes ligas de la geopolítica internacional sin haber previsto que se estaba prestando a que ese juego siniestro llegara a su país y causara las consecuencias que todos conocen.

Fue demasiado tarde para cuando Carlos Menem y sus ministros reaccionaron y se dieron cuenta que el país en la situación que se hallaba, estaba desprotegido y vulnerable. Esa negligencia además del daño que causó fue la clara demostración –además del amateurismo- del desguarnecimiento en que el estado nacional se hallaba para mínimamente atender o a lo sumo, detectar  la existencia de planes en curso para realizar atentados como los perpetrados entre 1992 y 1994, ni que hablar de perpetrar la muerte de su hijo y la voladura de “Río Tercero”.

Menem dejo pasar la oportunidad de dar el puntapié para reformar la infraestructura global del estado nacional. Y bien decimos, “dar el puntapié” ya que sus dos gobiernos no habrían alcanzado para que hubiera podido disfrutar de los frutos de un proyecto de largo plazo como ese. Quizá fue por ello, que como le sucede a todos los políticos argentinos, poco le intereso comenzar una obra de la cual no podían disfrutar y menos aún usufructuar; Menem hizo como dijo Luis XV, “Después de mi, el diluvio”. Para ellos el poder es la oportunidad para sacar ventajas partidistas y obtener ganancias personales, nada más.

Para 1999 Menem y su gente eran historia y la Argentina caminaba sobre la cornisa  a punto de caer al abismo. Tras la llegada al poder del gobierno de la Alianza-FREPASO liderada por el presidente Fernando de la Rúa el país esperaba mejoras en la economía y un cambio en los manejos de la política doméstica que tenía la resaca de las fiestas neoliberales con “pizza y champagne”. Eso no ocurrió y ello terminaría con la crisis del 2001 con la huida en helicóptero del presidente De La Rúa.

Tras la acefalia y resuelto el problema de la sucesión, Néstor Kirchner, gobernador de Santa Cruz se hace cargo de la presidencia y tímidamente fue escalando en sus ambiciones. Las circunstancias internacionales no podían ser mejores, los mercados internacionales sonreían al mercado exportador y EEUU se hallaba subyugada en guerras lejanas sin darle importancia a la dinámica política que se gestaba en la región y que Hugo César Chávez lideraba en Venezuela. Precisamente y con estas circunstancias, Kirchner comenzó a vislumbrar que podría colgarse del carro de éste populismo “Bolivariano” pero usando a la imagen de Perón para referirse al “proyecto”. 

Pero lejos estuvo de consagrar la “tercera posición” o algo superador, sino que pronto dejo en evidencia que se apoyaría en los sectores de la izquierda “setentista” para sostener su programa mutante e indefinido políticamente que fracturaría a la sociedad.

 

Luego de  su extraña muerte, Cristina Fernández tomo el mando y como sucede en las venalidades, toda la familia tomo algún sitial en la nueva gestión.  Para ella, las reformas además de partidocráticas y sectoriales fueron meramente cosméticas que ahondaron la “grieta”. Sin saberlo fue el comienzo del fin, tanto para ella como para el PJ (sin distinción entre nacional y provincial) que se plegó a sus desopilantes políticas desintegradoras. Mucho más a la izquierda que su pragmático marido, CFK creyó que con algunos discursos altisonantes y emulando posiciones revolucionarias, reinaría por siempre pero el tiempo demostró que lo que construyo, estaba sustentado en pies de barro y para peor, lo hizo sobre un pantano que ya se ha tragado a la mayor parte de eso llamado “La Campora” . El final de ese “proyecto” ha llegado y con él, el de una época. 

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“CONDUCIENDO A LA GUERRA”

Según se viene sabiendo Benjamín Netanyahu y su gabinete vienen presionando con persistencia y firmeza a La Casa Blanca para que Trump ordene una intervención militar contra Irán y para ello Tel Aviv está apoyándose en las organizaciones sionistas estadounidenses y sus lobbies en el Congreso ¿Cederá Trump a los caprichos políticos del sionismo a costa de los intereses de su propio país?

Por Charles H. Slim

El martes pasado sonaba frenéticamente el teléfono en el despacho del presidente en la Casa Blanca y más tarde se sabría que la llamada era de larga distancia. Tan pronto como Trump fue informado de que había alguien estaba al teléfono que urgía por su atención, dejó sus asuntos en el jardín y fue raudo a atenderlo. Del otro lado de la bocina sonó la voz grave y con el acento de un inglés como el que suelen expresar los israelíes, pudo escuchar el saludo de su homologo benjamín Netanyahu quien demostraba ansiedad en hablar con él.

Lo que se hablo en esa llamada solo quedo para Trump y su interlocutor, pero no se hizo necesario interpretes para descubrir lo que en ella se trato y eso era “qué hacer con Irán”. Las últimas medidas que ha tomado la Casa Blanca poco tienen que ver con la política exterior estadounidense y más bien, están orientadas –como ha sido la costumbre desde 1948- a impulsar planes que solo buscan satisfacer los intereses del estado de Israel. La aplicación de sanciones contra Irán y la búsqueda por deshacer el acuerdo nuclear son solo algunos de los hechos de la administración Trump que han despertado la algarabía del sionismo internacional.

La búsqueda por arrinconar a la república Islámica de Irán viene impulsándose desde todos los puntos del globo donde el sionismo opera bajo sus diversas modalidades.  Esta determinación también se viene viendo en Argentina, especialmente desde ciertos funcionarios del gobierno de Mauricio Macri que bajo el pretexto de la supuesta ilegalidad del Memorando de entendimiento firmado durante el gobierno anterior entre Buenos Aires y Teherán y que los medios nacionales califican como un “Pacto de impunidad”, tratan de culpar a funcionarios iraníes de los atentados cometidos en Buenos Aires.  Esto también ha servido como un elemento más para fabricar un Casus Belli contra Irán y claro, contra el odiado “Partido de Dios” (Hesbollah) que argumente una posible operación militar contra el Líbano.

Durante todos estos meses de presidencia, Trump ha estado sometido a una fuerte presión de los poderosos lobbies judío-estadounidenses que lo venían emplazando como principal objetivo, de cortar todos los nexos con Irán y facilitar el camino a un ataque que degrade su capacidad tecnológica y reduzca al país a una situación similar a ala de Iraq. En apariencias Trump no ha mostrado ningún reparo a estos planes y ello ha sido motivo de congratulación de las 52 principales organizaciones pro-israelíes del país.

Según estamos viendo, Tel Aviv y en especial los sectores sionistas recalcitrantes que apoyan una guerra a niveles impensados contra Irán, no escatiman en recursos para crear situaciones controversiales que les dé el pie para argumentar una agresión a la cual “se vieron obligados a responder”. Lo hemos visto en Siria, con sus bombardeos sobre las fuerzas árabes del ejército e incluso asesinando a generales iraníes y algún que otro comandante de Hesbollah que se hallaban combatiendo a los grupos “wahabíes” y mercenarios entrenados por la CIA. Incluso en momentos que Vladimir Putin visitaba Tel Aviv, la aviación israelí lanzaba ataques contra las tropas sirias como pretendiendo decirle a Damasco “Rusia en realidad no les apoya”. También con tretas mucho más discretas y basadas en el engaño con sangrientos atentados y falsificación de informes realizados por sus servicios de inteligencia civiles y militares sobre uso de armas por parte de Al Assad.  

A nivel político y diplomático lo vimos con la salida de EEUU de la UNESCO en claro apoyo al disgusto de Israel por haberse aceptado en esta organización internacional a Palestina como un miembro con carácter de estado. Pero lo que más molesta a Tel Aviv y su círculo de intelectuales es que esta organización ha elaborado un meticuloso informe sobre los crímenes israelíes contra la población palestina que enfureció a todo el arco político y religioso del sionismo tanto en Israel como alrededor del mundo (Globalresearch.ca. “El primer Ministro israelí…”

Para la mayoría de la opinión pública estadounidense, no es una noticia que los intereses israelíes se hallen posicionados por encima de los estadounidenses e incluso que muchos funcionarios de sus carteras más sensibles, han sido escogidos y colocados por sugerencias directas de Tel Aviv y que se retrasmiten por medio de sus organización sionistas estadounidenses. 

El caso de David Friedman un conocido abogado judío estadounidense, especialista en quiebras, es ilustrativo de esto. A pesar de las incompatibilidades que presentaba para tener un cargo público, fue nombrado embajador de EEUU en Tel Aviv.

Pero el hecho más grave que La Casa Blanca que demuestra seguir las directivas de Tel Aviv en lo referente a las ansiadas intensiones de lanza una “guerra preventiva contra Irán” se da por las presiones de Benjamín Netanyahu para que Trump no solo desconozca el acuerdo nuclear firmado por Barak Obama  sino que, además de denunciarlo, siente un precedente bochornoso y peligroso por violar el cumplimiento de un acuerdo internacional. Ello ha desatado un revuelo interno especialmente dentro del Pentágono, donde los generales y asesores estratégicos opinan todo lo contrario a lo que Netanyahu quiere.

Para los generales norteamericanos, lanzar un ataque contra Irán podría tener consecuencias inesperadas. Además no habría motivo para realizarlo ya que el acuerdo funciona.  Otro punto es que, si EEUU violara la firma de dicho acuerdo, estaría arrastrando a los otros seis países que en el marco de Naciones Unidas, firmaron también el acuerdo llevando a Washington a un escándalo político internacional que mellaría aún más la baja imagen que ya tiene. Otra cuestión que plantean los estrategas norteamericanos es que, si se viola el acuerdo, los iraníes restablecerían la producción de modernos sistemas defensivos que dificultaría acciones futuras en la región.  A la par de esto, les daría mayores argumentos a Corea del Norte para seguir con sus programas de misiles nucleares. Otro punto, es la situación geográfica y topográfica de Irán que según varios expertos representaría una pesadilla similar a la de Afganistán y por último, la desconfianza que les ha ganado la interferencia de Israel en las pasadas guerras que tras empujar a sus militares a invasiones impopulares y desastrosas, terminan siendo pagadas con la sangre de soldados estadounidenses.

A la par de todo esto, también esos lobbies han venido presionando para que el gobierno tome medidas contra los “disidentes” internos y cualquier otro ciudadano común que apoye el boicot político y económico contra la economía de Israel que impulsa el llamado BDS y que ha representado una seria molestia para las inversiones en Israel. 

 

Aunque para ellos sería mucho mejor eliminarlos físicamente, ello es imposible por lo que la metodología está orientada a imponer multas y arrestos por  el tan usado argumento del “antisemitismo”. Los funcionarios clave para que esto pueda pasar, son el yerno de Trump Jared Kushner, el empresario de bienes raíces Jason Greenblatt y la empresaria y actual vocera en Naciones Unidas Nikki Haley, elementos centrales para influir en la alocada cabeza de Trump quien tal vez, en algún momento puede llegar a meter a la Unión en una guerra tan o más desastrosa que las heredadas del Clan Bush.

“EL FRACASO DEL NWO”

 

Como EEUU a lo largo de éstos últimos 25 años ha ido perdiendo en forma progresiva su poder hegemónico con el cual pretendía instaurar el llamado “New World Order” que supuestamente beneficiaría al mundo

Por Charles H. Slim

 

Aunque solo algunos de estos bloques actualmente están plenamente operativos, otros  han quedado en el camino y otros parecieran estar zozobrando ante continuos referéndums de separación, un fenómeno que en el caso de la Unión Europea hemos visto con el “Brexit” por el cual, Gran Bretaña tomo la decisión de abandonar el bloque lo que a su vez ha desatado los ánimos independentistas de Escocia e Irlanda que le han quitado el sueño a Londres.En los últimos 25 años a la actualidad, tras el derrumbamiento de la URSS y con ello, el fin de la bipolaridad este-oeste, el mundo ha venido experimentando la implementación de una política globalista que encabezada por EEUU se enmarcaba en la llamada Globalización, una supuesta fuerza espontánea dentro de las relaciones internacionales que achicaba las distancias entre los estados nación y que fomento, entre otras consecuencias,  el nacimiento de grandes bloques regionales como ser el NAFTA, MERCOSUR, UE, GCC, CAN, CEI y el BRIC para nombrar algunos, con objetivos económicos, comerciales, financieros y políticos que en teoría traerían beneficios reciproco para los países adherentes.

Volviendo a lo que significó la proclamación de ese New World Order (NWO), EEUU trazó una agenda y los medios con los cuales lo llevaría adelante pasándose por encima incluso, a la misma ley internacional a la cual pretendió reemplazar con creaciones legislativas de su propia cosecha  (USA, Patrotic Act. https://www.gpo.gov/fdsys/pkg/PLAW-107publ56/pdf/PLAW-107publ56.pdf )

El proyecto estadounidense que fue diseñado en la década de los setentas se enmarcaba en una propuesta basada en la ideología  liberal (detrás de la cual se cubrían sectores sionistas y necon) secundada por una agresiva política exterior que no por casualidad, de ese tiempo hasta hoy, ha llevado a crear muchas más incertidumbres que los supuestos beneficios que ese “New World Order” anunciado el 11 de setiembre de 1991 por el entonces presidente norteamericano George H. Bush supuestamente traería.

Y es que como muchos especialistas señalan, entre ellos estadounidenses, EEUU pretendió ser la voz cantante, el único conductor que  con un garrote en la mano, instauraría un sistema a gusto de sus conveniencias. En este sentido no debemos olvidar desde donde comienza todo esto. Fue necesario que su rival soviético colapsara y de ese modo, sin un adversario político y militar que le contuviera, Washington puso en marcha los primeros capítulos del plan elaborado por el sector necon que se denominó “Proyecto para el Nuevo Siglo Estadounidense” para convertir a los EEUU en una hegemonía política mundial usando –erróneamente- para lograrlo, su poderío militar.

 
No hay que olvidar que el momento puntual que dio comienzo al despliegue intervencionista en el exterior fue en 1990, secundado por  los inagotables recursos de la Alianza Atlántica y una pléyade de gobiernos alrededor del mundo –entre ellos los de Europa del este- que querían engancharse al tren de la única superpotencia que quedaba en pie.

Porque es necesario recordar que el despliegue militar que llevó adelante los EEUU en la guerra del Golfo Pérsico en 1991 y que desde allí continuaría desplegando en su carrera expansionista, no fue en solitario ya que para ello se valió de otra organización trasnacional como es la OTAN, con la cual pretendió establecer un sistema de “integración” que tenía como objetivos principales engullir a China y a Rusia.  Pero para ello debía ir por fases y fue así que el primer objetivo fue hacer pie en el Medio Oriente. Para ello creo el CENTCOM, con base en Arabia Saudita desde donde se coordinarían las operaciones militares y tareas de inteligencia contra Iraq en 1991 que se extendían (ya aún se extienden) a Irán. Dejar mal herido a Iraq durante una larga agonía de trece años de embargo sirvió para preparar el terreno  de la invasión en 2003 que además de arrebatarle el control del petróleo, le daría a EEUU un emplazamiento estratégico  para comenzar a desarrollar y extender sus actividades por medio del Comando Central en las puertas de Asia central con miras a coordinar las operaciones con las fuerzas ISAF que en 2001 entrarían en Afganistán con el objetivo de mapear las actividades de Irán, Rusia y China.

En todo ello solo hemos podido ver un despliegue de fuerza brutal y el establecimiento de relaciones meramente coercitivas y policiales para impulsar doctrinas basadas en el miedo y la desconfianza que nada tienen que ver con el progreso y menos aún el bienestar que supuestamente el nuevo orden debería haber traído. La única propuesta comercial para un mercado común en Latinoamérica lanzado por  George W. Bush en 2004 denominado ALCA, fracaso en forma rutilante ante la inaceptable pretensión de que el mismo fuera manejado por y desde Washington. Ante esto, los norteamericanos sin mayor interés, dictaminaron que la región podía esperar y se concentraron en objetivos fuera del continente. Como ha dicho alguien en algún momento “EEUU ha obrado como un gángster que a mano armada a saqueado las casas ajenas”.

En estos últimos treinta años, EEUU se ha dedicado irrumpir en las soberanías de otros países para desbaratar sistemas de gobierno que a su juicio –y de su aliado Israel- no eran aceptables; y eso no es lo peor. En ese proceso ha causado y sigue causando la muerte de centenares de miles de personas tratando de justificarlas con palabras muy sonantes como son la “democracia”, la “libertad” y los “derechos humanos”, que a la vista de sus acciones, no representan nada. Todo esto no para impulsar el progreso económico-comercial devenido de relaciones bilaterales o multilaterales con otros países sino más bien, para tapar el desarrollo y progreso de sus propios proyectos geoestratégicos y geopolíticos que a su vez, involucran fabulosos negocios relacionados únicamente con el armamentismo, el control de rutas estratégicas para el comercio legal e ilegal, la destrucción y la muerte.

Es por ello que el concepto de “Nuevo Orden” se baso en una política exterior agresiva en la cual EEUU saldría a tomar lo que considerara estratégicamente vital, dirigida a destruir estados nación para volver a edificar en su lugar, gobiernos a medida, calculando que la empresa sería rápida y sin oposición, algo que ha quedado claro nunca fue así. Desde 1991 no hay país invadido por EEUU o sus aliados que haya sido reconstruido y menos aún, que hubieran mejorado en su calidad de vida. Por el contrario, solo han dejado sociedades fragmentadas por la anomia administradas por mafias criminales, miles de familias obligadas a migrar, miles más mutiladas por la pérdida de parientes y la ausencia de la esperanza en un futuro mejor.

Tropas estadounidenses en Iraq

Los únicos que se beneficiaron con todo esto fueron las empresas y las corporaciones privadas estadounidenses que, por ocasión de las invasiones, cerraron contratos millonarios con el gobierno para supuestamente trabajar en la reconstrucción de países como Iraq, Afganistán y Libia.  En el caso de Iraq, el saqueo ha sido tan evidente como escandaloso. La apropiación del Ministerio del Petróleo en momentos que los norteamericanos entraron a Bagdad, fue uno de los objetivos primordiales de la “liberación iraquí” demostrando cual era la verdadera intensión de su presencia. O que decir del supuesto combate al “terrorismo en Siria” con bombardeos no sobre las bandas armadas de “Al Nusra” y el “Daesh” sino, contra la infraestructura petrolera del estado sirio e incluso contra sus fuerzas regulares y de sus aliados chiitas.

También los hechos han demostrado que además de que en Iraq no se reconstruyo nada, se hubieron desfalcado miles de millones de dólares (800 mil millones de dólares) invertidos solamente para costear la invasión de Iraq en 2003 que fueron a los bolsillos de militares estadounidenses y de altos funcionarios colaboracionistas de Bagdad. A todo esto, según el informe presentado al Congreso estadounidense por el inspector para la Reconstrucción de Iraq Stuart Bowen, más de 70 mil millones de dólares destinados a la supuesta reconstrucción de la infraestructura, contratos de personal local (comprar funcionarios) y restablecimiento de los servicios básicos, se habían evaporado.

Otros de los beneficiados con todo esto fue el área de la defensa y de la inteligencia, los cuales además de haber crecido enormemente en sus estructuras,  han expandido sus operaciones alrededor del mundo con nuevos comandos de operaciones que no llevan en lo más mínimo un mensaje de paz. Precisamente en las actuales circunstancias de crisis en torno a Corea del Norte, Washington está invirtiendo grandes flujos de recursos financieros para sustentar las maniobras militares que buscar amilanar a Pyongyang.

Actualmente el comando de operaciones de Asia Pacifico (USPACOM) se halla en una intensa actividad, justificada en parte por las pruebas misilisticas de Corea del Norte pero que en realidad siempre apuntaron a China que más que un rival militar, es un temible cuco económico-comercial ( https://www.globalresearch.ca/the-strategies-of-global-warfare-war-with-china-and-russia-washingtons-military-design-in-the-asia-pacific/5541976  )

En el programa norteamericano para éste NWO no existieron planificaciones de asociación para la inversión y el trabajo común con otros países e incluso con otros bloques regionales; todo lo contrario. El concepto del Nuevo orden mundial solo contemplaba su liderazgo unilateral y al resto de países y regiones del globo, como meros surtidores de servicios y bienes –entre ellos los de carácter estratégico-  a los que la Unión  sin miramientos  podía arrebatar.

Pero el error de estos últimos 25 años ha radicado en que EEUU solo uso las argucias discursivas, los engaños y la fuerza bruta para imponerse en el concierto internacional  y eso ya está cobrando sus consecuencias. Carente de imaginación política y con el vulgar uso del puño, Washington trató de instaurar un Status Quo mundial que subordinara al resto de las naciones a sus agendas políticas unilaterales pero está claro que los que se oponen a estas pretensiones aumentan día con día y cada vez se escucha más alto el clamor de todas partes del mundo que le dicen “No, Así no!, Así no!

“DESPUÉS DE OCTUBRE, QUÈ?”

EN DEBATE

“DESPUÉS DE OCTUBRE, QUÈ?”

 

 

Las últimas evidencias sobre el posicionamiento geopolítico del gobierno argentino parece que llevara al país a una cooptación político-militar que, además de entregarle el control a potencias extranjeras, busca involucrar al país en peligrosas aventuras bélicas ¿Ese es el precio para que lleguen las tan ansiadas inversiones?

Argentina ha venido a lo largo de 34 años en una caída zigzagueante tanto en lo interno como en el espectro internacional. A pesar de que el gobierno de Macri es una garantía para la implementación de las políticas globalistas de los centros de poder mundiales, que ven en la región un punto estratégico invalorable para el desarrollo de su geopolítica, hay mucha incertidumbre por los posibles caminos que puede llegar a tomar el país después de las elecciones del mes de octubre.  De consolidarse el actual modelo neoliberal que no tiene una mácula de nacionalidad hasta  el posible resurgir del Kirchnerismo setentista, no cambiaría nada para los intereses foráneos que vinieron por el control total del Cono sur pero ponen en un escenario de incertidumbre para el futuro del país.

Tras la asunción del gobierno de Mauricio Macri, las fuerzas de una que se podrían encasillar como de centro derecha, el país paso del extremo de un populismo izquierdista con olor a rancio a una derecha que se halla enmarcada no en un nacionalismo nativo sino, en aquel que se vincula con peligrosas doctrinas causticas y ligadas con minorías foráneas como son el sionismo israelí y el neoconservadurismo estadounidense.

Esta tendencia que se ha venido perfilando en la región y en especial en países como Brasil y Perú, puede llegar a ser tóxica para las relaciones internacionales de Buenos Aires con el resto del mundo, reeditando las jornadas de las relaciones carnales de la década de los noventa. A colación de ello, no se puede pasar por alto la visita de Benjamín Netanyahu y su verdadero propósito en la entrevista sostenida con Mauricio Macri. Teniendo como principales argumentos los dos atentados ocurridos contra la embaja de Israel y la AMIA en la década de los noventa y la cercana muerte del fiscal Nisman, Netanyahu brego para que Argentina se comprometa en una lucha frontal contra el terrorismo “islamista” y el cual –desde la retórica de Tel Aviv- es único responsable Irán.  Con ello podemos ver que la postura del mandatario israelí no solo es sesgada y con un gran recorte en el relato de la realidad histórica sino que también es tan falaz como tendenciosa.

Más allá del discurso y de las costosas campañas mediáticas para lavarle la cara a un gobierno impresentable como el de Netanyahu, los hechos de su gobierno y del estado de Israel a lo largo de su historia como fuerza de ocupación contra la población palestina, lejos han estado del respeto a los derechos humanos y de la paz. Incluso cuando expresa su preocupación por el problema del terrorismo, ello es ciertamente no creíble.

Muy por el contrario, las acciones de Tel Aviv –tanto las públicas como las secretas- no han estado ajenas a la violencia de las bandas armadas que se arremolinaron sobre Siria y que con el “Daesh” a la cabeza, han sido los artífices de la muerte de miles de ciudadanos, el desplazamiento intensionado de millones de musulmanes y cristianos a Europa y del apoyo para crear regiones separatistas en el norte sirio atentando contra el derecho internacional y la soberanía de Siria.

Pero en las actuales circunstancias y tras los éxitos de las fuerzas armadas sirias que apoyadas entre otros por Irán, han hecho retroceder a los mercenarios de la CIA y a los milicianos kurdos del “FDS” en la región de Deir Ezzor, ha complicado sensiblemente los planes de Tel Aviv y hoy más que nunca necesita imperiosamente poner un freno a dicho éxito en el cual Teherán como actor político y militar tiene mucho que ver.

La búsqueda de concretar un casus belli que le de argumentos a Tel Aviv para una escalada bélica contra Irán, es el objetivo principal en esta visita no oficial del mandatario israelí. Mantenida bajo el mayor silencio mediático posible –por su impresentable personalidad-   la entrevista de Benjamín Netanyahu  con el presidente Mauiricio Macri tuvo como tema central el acercamiento del país a las políticas de inteligencia y contraterrorismo algo para lo cual la ministra de seguridad Patricia Bullrich es un elemento central para que ello pueda concretarse en el tiempo.

Bullrich es un elemento clave en el gobierno para dirigir las fuerzas de “seguridad” que se están remodelando en la Argentina. No está en ese puesto por su capacidad, idoneidad técnica o alguna experticia en dicha área. Su sitial esta dado por su acercamiento a ideológico a EEUU y Tel Aviv que ha sido materialmente palpable en el pasado.

Y es que como lo señalo en un artículo del diario  “Página 12” Horacio Verbitzky, Bullrich está casada con el empresario judío Guillermo Yanco quien administra el medio digital “Vis A Vis” que se relaciona con el diario “Hayom” de mayor circulación en Israel. Si a eso le agregamos que el principal accionista de dicha agencia de noticias es nada menos que el financista y mafioso judío Sheldon Adelson quien a su vez es un donante de dinero al partido Likud israelí y al partido republicano estadounidense, todo está dicho.

Para cerrar el dedal, la Agencia Federal de Informaciones (AFI), una supuesta mejora de la ex SIDE, no lograr cerrar sus capítulos negros que la vinculan a sujetos oscuros vinculados con el hampa y purgas por asuntos de dinero sucio como pareciera ser el ahorcamiento del ex agente Jorge Enrique Silva, revelando una situación operativa descontrolada. 

En este marco, Netanyahu y sus asesores, vinieron a asegurar que dicho engranaje se mantenga en funcionamiento y para ello, el gobierno argentino debe seguir repitiendo hasta el cansancio la propaganda mediática del “eje del mal” que vincula a Venezuela, Irán y Hesbolla en todo lo que tiene que ver con el terrorismo y su presumible intensión de actuar en la región.   Bajo esta pantalla y argumentos baladí, el gobierno israelí se ha alzado sin la menor oposición del congreso argentino con un sinnúmero de archivos clasificados y secretos del gobierno argentino que, con una AFI omnipotente –que niega cualquier control externo-,  le permitirá interferir, controlar y vigilar los movimientos de cuentas bancarias, procesos judiciales, actividades de inteligencia civil y militar y por supuesto, ejercer una vigilancia de la toda la red de comunicaciones telefónicas, radiofónicas e internet bajo el rótulo de programas de ciberseguridad y ciberdefensa con lo cual, queda claro que todo el espectro poblacional (incluyendo al propio gobierno y las instituciones) del país estará bajo la lupa prejuiciosa de escarnio ideológico de un servicio de inteligencia extranjero.

La influencia de esta visita pudo verse casi de inmediato, cuando las pericias de la Gendarmería nacional arrojaron que el fiscal Alberto Natalio Nisman había sido presumiblemente asesinado por “dos sujetos”, algo que en realidad todos sospechaban pero que callaron no por temor al gobierno de Cristina Fernández o a su “Campora” o la disparatada tesis del “comando venezolano-iraní” que los sionistas argentinos como la diputada Elisa Carrio, los periodistas Eduardo Feiman, Eduardo Van Der Kooy y más timoratamente Mauro Viale plantean  recurrentemente como el autor material de ese hecho.

Son muy pocos quienes han señalado una implicancia israelí y de la CIA en el asunto; y ese tabú que parece haber en este sordo silencio enEstablishment político y mediático puede ser mucho más esclarecedor de lo que Tel Aviv y sus grupos sionistas locales pueden soportar.

 

Con este panorama se puede concluir que si triunfan los candidatos del gobierno, esta política de cooptación y asimilación política a las directivas de Washington y Tel Aviv se afincaran y con seguridad, pudiendo ver en un corto plazo al país involucrarse en peligrosas y devastadoras aventuras bélicas como sucedió en 1991 con la guerra del golfo; pero también hay que señalar, que si resurgiera un personaje político como Cristina Fernández que no tiene ningún proyecto geoestratégico novedoso, la incertidumbre geopolítica del país sería tan nefasta como aquellas otras relaciones y sin dudas convertiría al país en un caótico campo de batalla clandestino que buscara dirimir quien realmente controlara los destinos del país. 

“BIBI VISITA BUENOS AIRES”

Con denuncias penales por estafas y pedidos de captura en varios países por crímenes de guerra y lesa humanidad ¿Qué hay realmente detrás de la visita de Netanyahu a la Argentina?

Por Charles H. Slim

 

Tan solo a unos días después que aviones israelíes bombardearan Siria, que sus fuerzas de ocupación realizaron nuevos operativos de apropiación y desalojos de familias palestinas de sus territorios para realizar grandes negocios inmobiliarios para construir nuevos asentamientos para colonos ultraderechistas, llegará el 12 de septiembre acompañado de una numerosa comitiva el premier Benjamín Netanyahu, algo que ya despertó un intenso movimiento en las bases políticas del país.

Al repudio que ya adelantaron varios sectores políticos que respaldan la causa con Palestina, se han unido sectores del judaísmo local que rechazan no solo a la personalidad del primer ministro sino también a las políticas coloniales del estado de Israel.

El revuelo no es para menos. Se trata de la primera visita que hace un premier israelí al país desde la instauración del estado de Israel en 1948 y en este caso, con una cualidad particular, se trata de un criminal de guerra, el más notorio y cínico de los últimos tiempos responsable de entre otras cuestiones, de la masacre colectiva contra la franja de Gaza en 2014. Su régimen además de violar continuada y sistemáticamente el derecho internacional ha sido un recurrente y brutal agresor no solo contra la población palestina sino también contra sus vecinos, especialmente contra Siria.

Como representante de la entidad sionista, Netanyahu habría sido movilizado por el interés particular de un sector de la comunidad judía argentina y su cercana amistad con el presidente Mauricio Macri con quien estuvo reunido en Davos allá por comienzos del 2016.

La agenda de Netanyahu no se inscribe en una visita protocolar de estado ni para tratar temas de una agenda bilateral (aunque así lo pretendan presentar). Tal como lo señalamos antes, su llegada habría estado propiciada por el interés de una parte de la comunidad judía local que se identifica con los lineamientos políticos de la DAIA y su clara actividad política  a favor de Tel Aviv.

Quienes venden esta visita como el comienzo de un acuerdo muy benéfico para la Argentina se han enfocado en señalar que Netanyahu viene acompañado de “treinta empresarios” –inversiones- entre los que se encuentran los representantes de la proveedora de servicios  e inversiones como la “Israel Export Institute”,  “Mitrelli Group” y otras relacionadas a las áreas de comunicaciones como “Faception” (Nuevas tecnologías), “Verit” (Ciberseguridad) y “Cellcom Israel Ltd” (telecomunicaciones) todas relacionadas con las actividades de “inteligencia” de los servicios secretos propios (Mossad y Shin Bet) y de otros países a donde han llevado sus ingenios, algo que debería despertar una seria preocupación para la intimidad y la libertad de las conversaciones privadas de todos los argentinos.

En ése sentido, la visita de “Bibi” –como lo llaman sus camaradas- no viene por una casualidad ni tampoco por acuerdos comerciales como lo han argumentado las plumas anglófilas y sionistas locales. Entre otros asuntos que se vienen a tratar, está verificar como se están encauzando las pesquisas contra Irán, la venta de armas y equipos, el estrechamiento de relaciones institucionales por temas de “inteligencia” y asesoramiento para las fuerzas de seguridad, algo que debería despertar reales preocupaciones por lo que significara la presencia de criminales militares de las FDI y del “Shin Bet” adoctrinando a los uniformados argentinos.

Sin dudas que detrás de estás interrelaciones oficiales, Tel Aviv busca cooptar al gobierno argentino y alinearlo a su geopolítica internacional –con todo lo que ello supone-, mientras que por otros medios hace tiempo que trata de influir en la opinión pública nacional con tácticas tan variadas como son los artículos de intelectuales pro-israelíes, el fomento de actividades culturales con mucha prensa hasta las discretas incursiones exploratorias de personal israelí en la Patagonia que tras haber sido denunciadas desde hace años, se han enmascarado bajo ingeniosas modalidades como es el caso de la ONG denominada “Mochileros sin fronteras”.

Hay también en esta llegada un interés direccionado a que el gobierno argentino sepa que tendrá respaldo político para que prosiga con la causa AMIA manteniendo como argumento principal aquel que sostiene que la república islámica de Irán fue la responsable de dicho ataque, y si es posible, de la muerte del fiscal Nisman.

En este sentido, Netanyahu vendrá a imponer el mantenimiento de la hoja de ruta (instalada por el informe del Mossad y la CIA) para la cual no hay posibilidades de discutir. Incluso es más; según lo informan fuentes confiables, el gobierno estaría entregando información vital del encubrimiento de la causa a empresas privadas que la CIA usa como cubierta, algo que ya despertó el airado reclamo de los familiares de víctimas “Apremia” (Pájaro rojo. “AMIA. 

El gobierno quiere entregarle a la CIA involucrada en el encubrimiento, los archivos escamoteados a la justicia por la SIDE de Stiusso”.http://pajarorojo.com.ar/?p=35655 )

Desde hace años que la extrema derecha israelí que actualmente encabeza Netanyahu, viene insistiendo en la tesis de la llamada pista iraní la cual más que por argumentos jurídicos tangibles, fue impulsada por una rivalidad geopolítica notoria que se ha ido reafirmado con el paso del tiempo, casualmente por el fortalecimiento y la creciente influencia de Teherán en la región. En este sentido, la guerra desatada en Siria e Iraq con el uso de “proxis” financiados por países del golfo –aliados a Israel-  bajo la agenda de Washington, tuvo como resultado contraproducente el acercamiento y la intervención exitosa de Irán en escenarios tan lejanos como Yemen –donde también participa Israel-, que ha llevado a fortalecer actores como el “Hizb´allah” libanes quien a su vez, desde que EEUU intervino en la región ha inspirado y fortalecido a grupos similares tanto en Siria como en Iraq.    

Para enmascarar estos señalamientos, Netanyahu visitara la embajada de Israel para rendir homenaje a los veintinueve muertos del ataque de 1992 donde y seguramente alegara furiosamente que Irán fue el artífice de esa tragedia y de la que mato a 85 personas en la explosión de la AMIA en 1994 con lo cual seguramente conminara al gobierno de Mauricio Macri a que no dude en avanzar con ésta hipótesis, dejando en claro que será la única que Tel Aviv y los partidarios de la DAIA están dispuestos a aceptar. 

“DE BUENOS AIRES A PYONGYANG”

 

Cuál es la postura de Argentina en la actual crisis en la península coreana ¿Tiene el gobierno actual una visión estratégica sobre ello?

Por Charles H. Slim

 

La crisis en la península coreana parece algo lejana para el común de los habitantes de éste lado del globo y en especial para los habitantes de Argentina, quienes de continuo se ven sumergidos en compulsas internas de bajo nivel que muy poco pueden ayudar al común de su gente. Pero quienes están mucho más –imperdonablemente-desconectados de la realidad internacional en la que la Argentina se mueve, es su clase gobernante que a su notable falta de vocación, se debe agregar su absoluta dependencia de lo que señalan desde el norte anglosajón.

Los únicos coreanos que los ciudadanos porteños actuales conocen (ya que desde allí se manejan los asuntos del país) son los de las tiendas de ropa para mujeres que se caracterizan por sus inagotables jornadas de trabajo y precios tan llamativos. Sobre qué diferencia hay entre Corea del sur y la Corea del norte, nada de nada.

Pero ello no fue siempre así. Aunque muchos desmemoriados no lo recuerden –o quieran barrerlo bajo la alfombra-, la Argentina de los setentas tuvo un activo papel de contacto diplomático con la entonces China Popular y Corea del norte en momentos que el país formaba parte del grupo de los “países no alineados”. Fue así que el 1º de junio de 1973 Argentina y Corea del Norte (RPDC) establecieron relaciones diplomáticas bilaterales comprometiéndose entre otros temas,  a bregar por la liberación de los pueblos del tercer mundo. 

Para cuando llegó el golpe de 1976, la misión diplomática norcoreana se fugo súbitamente del país y ese particular lazo diplomático se corto.

En épocas que el general Douglas Mc Artur, bajo la engañosa bandera de la ONU dirigió la ofensiva contra los coreanos comunistas que habían proclamado la liberación de la península, el gobierno argentino –como era de esperar- se puso del lado de lo que a Washington le agradaba y así continuó hasta ese breve impasse con  el gobierno peronista de Campora entre 1973 a 1977.

Cuando Néstor Kirchner llega a la presidencia, continuó con aquella política conservadora y previa, establecida por Fondizi  en 1962 en la cual Buenos Aires solo mantendría relaciones bilaterales con una sola Corea, la del sur. 

Curiosamente, cuando la presidente Cristina Fernández llega al poder y pese a su pretendido ideario “revolucionario” que reivindicaba la lucha setentista de signo marxista, nunca llevo adelante ninguna gestión por restablecer aquellas relaciones con Pyongyang, otro dato que revela las falacia de sus discursos.

En las actuales circunstancias políticas y sus complejidades, son demasiado afiebradoras para una clase política más cercana a la distendida vida de la farándula mediática que a los sensibles temas de estado.

Desde hace décadas, la clase política argentina se ha ido perfeccionando en su papel de mero observador, una obsecuente repetidora de lo que Washington o la Unión Europea deciden sobre temas que hacen a la seguridad internacional sin atreverse a tomar una posición auténticamente propia que agregue elementos políticos de discusión ante los foros internacionales.  Sin dudas, el síndrome de aquellas “relaciones carnales” prostibularias permanece en el torrente de ésta clase.

Aquellas jornadas en las que el neoliberalismo tomaba por asalto el poder mundial en 1990 y la refrendaba con el uso descarnado de la fuerza contra Iraq se han ido. En esos momentos, EEUU bajo la administración de George H. Bush las políticas eran previsibles y la agenda era clara; como en la mafia, todos se encolumnaban detrás del “padrino” Bush y nadie discutía nada.

De ese modo se ha venido manejando desde la Casa Blanca la agenda internacional, con matices más o menos oscuros, la política de intervención no ha variado en ningún momento. Para los gobiernos argentinos contemporáneos, las pautas estaban más o menos claras.

Pero actualmente hay un serio problema; Donald Trump. Y no es culpa de éste particular mandatario ya que él es el producto de una nación en crisis que se haya en una lucha intestina en lo más profundo de su estado. La sintomatología de una potencia bélica en decadencia en manos de un sujeto tan impredecible como su peinado, no deja lugar a que las cosas puedan ser tomadas a la ligera. Incluso no olvidemos que antes de que Trump fuera ungido como presidente y cuando todo indicaba que Hillary Clinton sería la sucesora en la Casa Blanca, todo el arco mediático nacional y dirigentes políticos como el actual presidente argentino, sonreían jocosamente ante planteo de que llegara a ser el presidente de EEUU.

Cuando Trump ganó, las muecas de sus caras cambiaron y los comedidos medios de información quedaron absortos ante la realidad.

No solo los políticos son responsables de esta parálisis; la clase del llamado “cuarto poder”, hacen mucho más para distraer al vulgo con noticias intoxicadas o el deliberado ocultamiento de lo que realmente ocurre. Ello se debe a que deben sus salarios a empresas que a su vez pertenecen a empresas que forman parte de conglomerados mediáticos que tienen sus oficinas en EEUU o la UE. Casi en una emulación los periodistas “top” de la pantalla nacional, hacen gala de improperios baratos y descalificaciones para explicar la situación de Corea del norte y su gobierno. Su papel es  tan lastimero y rastrero, que de solo verlos sus emulados colegas anglosajones–de la CNN, NBC, FOX- se sonrojarían de vergüenza ajena.

Para empezar, estos sectores poco o nada saben del origen del conflicto y otros no saben ni siquiera dónde está Pyongyang. Hay en el discurso mediático una clara paráfrasis retorcida de la postura estadounidense que del vamos, quita seriedad al abordaje del tema.

El estado argentino no puede hacerse el desentendido y menos aún alegar que como lo exclamaría sus presidente “no tenemos nada que ver”, ya que dentro de su territorio alberga una base de comunicaciones de la República Popular China, la potencia asiática que tiene una influencia innegable en el actual conflicto.

Como se ha estado viendo, las tensiones siguen escalando tras la impulsión de más sanciones comerciales, que tras algunas reformas a su texto, fueron definitivamente aprobadas por Naciones Unidas este último 12 de septiembre.

Por lo pronto Kim Jon Un ha optado por continuar con sus desarrollos misilisticos como una forma de autopreservación ante la amenaza estadounidense que merodea frente a sus costas y del otro lado del territorio en Corea del sur. Las alegaciones de la representante estadounidense ante la ONU Nikki Hallei son tan estrambóticas como falaces ya que en el pasado, el mundo ha sido testigo de las mentiras de sus predecesores que culminaron con situaciones que actualmente deben seguirse lamentando. Por ello, habría que ver si el actual gobierno argentino sabe de que se trata todo esto o simplemente firmará donde el “Tío Sam” le indique.

“IRÁN: ¿PRÓXIMO EN LA LISTA?”

 

Tras la escalada en las amenazas entre Washington y Pyong Yiang por el asunto del programa nuclear y su desarrollo de misiles, sectores influyentes estadounidenses a tono con Tel Aviv apuran políticas similares para aplicar contra Irán.

Por Charles H. Slim

 

La crisis en la Península coreana ha venido siendo el escenario de una pulseada de titanes entre EEUU y China por el asunto del programa nuclear de Pyong Yiang, que hace mucho ha dejado de ser un proyecto de realización y que actualmente se encuentra en pleno desarrollo a la par del programa de misiles de mediano y largo alcance que llevó a desencadenar un cataratas de bravatas por parte de Trump amenazando con literalmente pulverizar a la pequeña nación asiática.

Por su parte el líder norcoreano Kim Jon Um, lejos de amilanarse, dejó en claro de que si EEUU se atreve a lanzar algún tipo de agresión no dudaría borrar a su base naval en Guam. Para demostrar que sus palabras están apoyadas con hechos, el ejército y la marina norcoreanos realizaron ejercicios de defensa mediante el disparo de misiles de largo alcance. Ante esto entonces se puede hablar de un empate técnico ya que y pese al declarado estado de ALERTA DEFCON por parte de EEUU ¿Por qué las poderosas fuerzas estadounidenses no se han atrevido a realizar algún tipo de ataque preventivo como lo supieron hacer en el pasado contra Iraq? La respuesta es clara y ella es que, Corea del norte tiene el poder de responder de un modo decisivo y letal, demostrando que un país bien defendido no es presa fácil para las presiones vengan de donde vengan.

Esto ha desatado la preocupación de los cerebros en Tel Aviv y de los poderosos sectores sionistas internacionales que habían venido insistiendo durante los últimos ocho años,  que había que destruir a Irán; y cuando se dieron cuenta de que sus exabruptos despertaban un amplio rechazo en la opinión pública internacional, comenzaron a moderar sus discursos y se limitaron a decir que lo que había que destruir era el “programa nuclear iraní” lo que obviamente, conllevaría un ataque militar y obviamente, la causación de muchos muertos.

A pesar de los poderosos contactos que Tel Aviv mantiene dentro del Congreso estadounidense y del portentoso aparato financiero sionista en Wall Street que a su vez controla y solventa a los grandes conglomerados de medios estadounidenses, no han podido lograr conmover a la población estadounidense para que sus hijos se sacrifiquen en nuevos campos de batalla para defender los intereses de Israel.

Y es por el “mal ejemplo” de Corea, que los intereses sionistas estadounidenses y de Tel Aviv urgen a destruir cuanto antes  las capacidades tecnológicas de Irán ya que una vez concretados, será muy difícil de aprovecharse de la nación islámica. Y sus intentos mediáticos no pasan por la falacia de que sea “una amenaza para el mundo” o las gastadas acusaciones de ser una “nación que patrocina el terrorismo; la verdad no pasa por ahí.  Si Corea ha logrado perseverar y desarrollar sus capacidades nucleares pese a las amenazas de EEUU y sus aliados europeos, hoy Pyong Yiang puede empardar una amenaza de guerra y mantener a raya a la Casa Blanca. Si Teherán lograra esas capacidades en un futuro próximo, simplemente para Tel Aviv, sería imposible atacar con impunidad, ya que la retaliación sería inmisericorde.

Con esta situación no caben dudas de que los generales israelíes vienen apresuradamente mejorando sus bosquejos para orquestar un ataque al mejor estilo de la “operación Ópera”  realizado en junio de 1981 contra el reactor nuclear de Iraq en Al Tawaita”. En aquel entonces pudieron aprovechar el supuesto despiste de los sauditas para cruzar su espacio aéreo (de ida y de vuelta) y atacar por sorpresa, algo que con las actuales revelaciones sobre la extendida connivencia secreta entre Tel Aviv y Riad parecen echar por tierra aquella supuesta tesis del “despiste” y confirmar la perfidia de la Casa de Saud.

Igualmente, los iraníes no se olvidan de estos ejemplos de la historia ni de cómo actúan sus enemigos. Es más, ya han cruzado espadas en la lucha clandestina orientada a los mismos propósitos de sabotear los programas de desarrollo nuclear que además de ser legítimos, no están orientados para la industria bélica.

Mientras las editoriales sionistas y escritores contratados escriben en todos los medios influyentes de la prensa occidental, las células del Mossad y sus agentes negros contratados para llevar adelante sus trabajos sucios, realizaban cruentos  atentados contra personalidades académicas y del campo científico nuclear con la clara intensión de parar el desarrollo del país. Y si bien estos asesinos causaron daños y mataron a civiles inocentes en sus cometidos, no solo no lograron cumplir los objetivos encomendados sino que incluso, fueron capturados por las autoridades iraníes lo que sin dudas es para Israel, un fracaso con doble sabor amargo.

Desde la asunción de Obama a la presidencia, los poderosos lobbies pro-israelíes que anidan en el Congreso norteamericano junto a sus aliados del neocon (demócratas y republicanos) han impulsado cuanta iniciativa posible  para tratar de embarcar a la Unión en un nuevo episodio bélico de la “War Persian Goulf” , instigadas y apoyadas entusiastamente desde Tel Aviv. Sus esfuerzos han llegado tan lejos que estuvieron por poco, de crear un incidente deliberado con aquella extraña incursión de las dos lanchas de la marina estadounidense allá por enero de 2015  que fueron bochornosamente capturadas por la Guardia Revolucionaria de Irán (Pensamiento Estratégico y Político. 

Similar a la política de Pyong Yiang, Teherán tampoco se dejó amedrentar y mientras se encargaba de procesar a estos asesinos pertenecientes a una red financiada por el Mossad israelí y de denunciar la participación de Tel Aviv en estos planes sucios, su ministerio de defensa no detuvo sus avances en tecnología de misiles los cuales no están orientados a planes ofensivos.

Por lo pronto a Tel Aviv y en especial al régimen de Netanyahu poco les importa que los misiles iraníes sean para la defensa o para atacar; el propósito de aquellos y de los sectores sionistas que se hallan desperdigados por el globo es tratar de convencer a la opinión pública de que es imperioso doblegar la república islámica y arrebatarle sus avances tecnológicos que más que amenazar  la paz mundial, en realidad amenazan la supremacía mesiánica regional israelí